Amor y rabia: la lucha de la dignidad rebelde
El próximo miércoles, día 14, se presenta el libro 'El fin de la megamáquina' de Fabian Scheidler en Drac Màgic de Palma

Fabian Scheidler, autor de 'El fin de la megamáquina'. / F.S.
Hay una narrativa general y aceptada de la historia, del desarrollo de las civilizaciones y de los logros occidentales. Los lectores de Noam Chomsky saben que desde su obra Año 501: La conquista continúa, quedó muy claro que los imperios han mutado su apariencia, pero poco más, burdo maquillaje …ya lo que dijo Eduardo Galeano «(…) La gran labor de sometimiento y conquista ha cambiado poco a través de los años.»
Y estos actos de expansión alocada en todas las dimensiones de la existencia han puesto al límite la capacidad de carga ecológica y social de los ecosistemas, pues somos parte indisoluble de la naturaleza. Ignorad a los analfabetos climáticos, a los Donald Trump y caricaturas similares, a largo plazo serán polvo reseco del desierto, igual que los foros de sostenibilidad de bla bla. Todo está conectado y debemos dejarnos de prórrogas absurdas.
Sabemos, que un sistema siempre es más que la suma de sus partes (Edgar Morin lo explica al detalle), es una estructura donde sus piezas dependen mutuamente. Ya no puedes imaginar una economía independiente del contexto o flujos de personas, mercancías y energía. Fabian Scheidler ha escrito una original historia económica y psicológica del capitalismo, pero esta vez sin filtros o pensamientos convencionales (los típicos tópicos repetidos). Fabian abarca milenios, retrocede 5000 años y pone la lupa en los últimos 5 siglos. Es una sonora bofetada de 400 páginas, su palpable compromiso convierte este libro en el necesario manual de resistencia que todos necesitamos -y no «kits de supervivencia» para justificar ejércitos europeos-.
En todas partes la especulación corre libre, y se manifiesta en los alquileres, en la ingente cantidad de basura reciclable que no se recicla, en un exasperante mundo de prisas, urgencias, necesidad de ganancias y exceso de amor propio. Si los sistemas políticos se presentan como poco eficientes, torpes y cortoplacistas la pregunta es clara ¿qué tipo de organización social necesitamos y queremos?
Fabian Scheidler nos ayuda a darle sentido a todo esto. Estudió Historia y Filosofía en Berlín y Dirección Teatral en Fráncfort. Desde hace 25 años trabaja como pluma independiente para medios diversos. Domina la capacidad de explicar y contextualizar el relato (que siempre es mucho más que «el dato»). La información por si sola es insulsa, se necesita contexto y con visión panorámica podemos adquirir cierta comprensión, cierto conocimiento. Scheidler explora los orígenes de la civilización moderna y del sistema capitalista desde una perspectiva original e inteligente, justo el estilo que no se pueden encontrar en las pantallas, ni en las ruedas de prensa de políticos -pendientes del impacto de sus planes y palabras-. Paparruchas, sobran. Actos valientes, faltan. Anhelamos comprender por qué todo no avanza en una dirección justa y sana. Seamos sinceros. Hace tiempo Miguel Bakunin expresó que «la uniformidad es la muerte, la diversidad es la muerte» , y esta idea es tal cual lo que sucede en cultura, naturaleza, pensamiento…
Miles de enfermedades modernas han sido exacerbadas por los niveles de contaminantes que ingerimos, bebemos y respiramos. Ese detritus subproducto de la megamáquina es lo que riega y mata la biodiversidad terrestre (y marina, especialmente en Baleares, como bien documenta cualquier análisis científico). El mal marketing (éticamente) es el que te vende la moto y resulta que es un triciclo. Esto es lo que ha pasado, te han vendido una historia sesgada, enfermizamente mentirosa que esconde actos de guerra, dolor y sufrimiento. Para eso sirven los mitos culturales, para crear un andamio que levante un escenario (falso), pero que tras su apuntalamiento esconde una verdad transparente y homicida. No es hora de minimizar la magnitud de la tragedia. Es hora de ser valientes y romper la hegemonía cultural (un concepto del filósofo Antonio Gramsci). Para los más rockeros la voz demoledora de Zack de la Rocha capitaneando Rage Against the Machine siempre nos ha advertido del cáustico homicidio al que los extremos capitalistas nos subyuga.
Scheidler os acabará de convencer: «Aumentar absurdamente las fortunas de una pequeña y poderosa casta de superricos parece ser el único objetivo de la megamáquina global. Actualmente somos testigos de cómo todo un planeta que tardó cuatro mil millones de años en evolucionar se está destruyendo en una máquina económica global que produce enormes cantidades de bienes y a la vez enormes cantidades de residuos, una riqueza exorbitante para unos pocos y una masiva pauperización, una ociosidad sin sentido y un exceso de trabajo permanente. Si nos visitara un extraterrestre obviamente pensaría que este sistema es una locura. Y, sin embargo, no carece de cierta racionalidad. El núcleo duro de esta racionalidad consiste en la multiplicación interminable de columnas de números en las cuentas de un grupo relativamente pequeño de personas: hoy en día 26 hombres poseen tanto como la mitad más pobre de la población mundial. Aumentar absurdamente las fortunas de una pequeña y poderosa casta de superricos parece ser el único objetivo que le queda a la Megamáquina global. Se está devastando la Tierra por tales cifras de riqueza que crecen sin cesar. En el fondo, todo el mundo sabe del poder destructivo que tiene este sistema, que está enfermo y que nos hace enfermar (…)».
La modernidad, ese cóctel que pinta bien, pero sabe fatal… con tiene ingredientes indigestos: capitalismo sin fronteras, militarismo criminal, tecnología para la estupidez y la pérdida de capacidad mental y empática, y una ideología impuesta basada en la idea (científicamente estúpida) del crecimiento infinito sin límite, aderezado con autoritarismo. Ese pensamiento omnipresente en los últimos 500 años combate y reduce al silencio, al exilio o la muerte a todo movimiento rebelde que plantee la igualdad de facto (no la de las leyes o los decretos), sin contar lo que significa el colapso total de los sistemas vivos...
Eres una persona valiosa por saber hacer bien algo o tener talento o tener gran generosidad o voluntad investigadora, no por el dinero que tengas, de hecho, no significa nada, más bien suele ser un indicador inverso.
¡Deja de ser un espectador pasivo! No, ya no nos creemos el futuro que nos venden. Se necesita un cambio de raíz y vamos a hacerlo realidad. Por amor y rabia, por dignidad y vida, porque tenemos mucho que perder, el futuro.
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