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Relecturas

Prosperidad y criminalidad

Gene Kerrigan, destacado exponente del género negro irlandés

Gene Kerrigan es un veterano periodista irlandés con un importante recorrido en la denuncia de escándalos financieros y políticos, sobre los que ha escrito diversos libros de no ficción. Y es además un destacado escritor de novela negra, lo que no resulta demasiado extraño si tenemos en cuenta que ciertas partes de las finanzas y la política se dieron besos en la boca durante los años dorados de la burbuja inmobiliaria con la más pura, abyecta y simple criminalidad. La furia, novela de Kerrigan, fue publicada en 2015 por Sajalín, editorial que remando hacia atrás sobre la obra de este autor nos entregó Delincuentes de medio pelo, la primera de sus tres incursiones en el género negro, cronológicamente anterior a La furia, pero con la misma ambientación: el mundo criminal y policial irlandés que contextualizó el milagro económico y el posterior estallido de la crisis financiera.

Ese aire de insaciabilidad económica que conduce a la podredumbre es el que se respira en la novela. Es más, lo empapa todo y se apropia de todo, tal como sabe ver uno de los personajes: «Es la nueva Irlanda –decía siempre Nicky Bonner-. Desde que somos prósperos, todo el mundo está más tenso y cree que su jornada no ha terminado hasta que no ha cogido una buena curda. –Nick tenía una teoría–. Antes la Iglesia ponía freno a todo. Pero ya no. Ahora ya no hay límites. Incluso los del IRA llevan traje y discuten el producto interior bruto. Ahora todo tiene que ver con el dinero, con coger tu parte y un poco de la del vecino». He ahí el espíritu de la novela, cada cual trata de coger su parte, su tajada, y para coger esa parte es necesario llevarse entre las uñas algo de la del vecino. Esa realidad la tienen bastante clara delincuentes de medio pelo como Frankie Crowe o Martin Paxton, gente que hace sus cuentas y lo único que les sale es que la parte grande del pastel se la llevan tipos con traje que jamás han estado en un tiroteo ni han puesto un pie en la trena: «Una vez intenté sumar lo que puedes ganar durante un año robando. Más de lo que sacaría reponiendo existencias en Tesco, desde luego. Pero no lo bastante como para compensar el tiempo que pasas vaciando el orinal en la penitenciaría de Mountjoy. Me entiendes, ¿no?».

Frankie Crowe trabajó durante un tiempo para Jo-Jo Mackendrick, el temido mafioso local, y después de cumplir condena por ello, su crueldad y su ambición han crecido en la misma dirección: dar un golpe lo suficientemente cuantioso como para retirarse y no tener que volver a pisar la cárcel, por eso decide secuestrar a Justin Kennedy, un abogado al que Crowe cree banquero. Es el golpe de su vida y por el rescate pide un millón de euros, su pasaporte a la tranquilidad. Pero las cosas no siempre salen como se planean.

«A veces hay gente que merece que la maten. Lo merecen por lo que han hecho, porque lo volverían a hacer y porque las emociones y el dolor causado exigen una venganza sangrienta». Frankie Crowe es uno de esos tipos, pero aquellos a quienes envidia no lo son menos.

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