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Cine

Motherland / Madre Irlanda

Caitriona Balfe y Judy Dench encarnan dos maternidades sede en Belfast

Motherland / Madre Irlanda

La mayoría de las reseñas de Belfast (Kenneth Branagh 2021) se centran en el personaje infantil (trasunto del propio Branagh) y su abrupto acceso a una madurez impuesta por las circunstancias: los «disturbios» en el Belfast de los años sesenta. Por supuesto, el personaje que más y mejor nos encandila es Buddy (Jude Hill), el niño de familia protestante que vive en un barrio católico y obrero cuyos referentes son los mismos de cualquier otro niño de su mismo entorno: familia y vecinos. Nosotros sabemos más que Buddy y, por eso, sentimos la tensión de sus circunstancias desde el principio, aunque él vaya por la vida tan contento. Así es que, cuando le dicen que la familia tiene que dejar Belfast, llora desconsolado y protesta y se niega a que le desarraiguen así como así mientras nosotros somos conscientes de que tiene pocas o ninguna opción.

Branagh nos presenta una versión de un pasado que el mismo vivió desde la perspectiva de un niño y, sin embargo, hay algo más en su manera de contarlo. Es obvio al ver su película que el director y guionista está enamorado del cine y de Van Morrison: sus inclusiones de películas como Solo ante el peligro o El hombre que mató a Liberty Valance, entre otras, en momentos clave de su filme, y la banda sonora nos sitúan en la combinación de principios éticos universales con la identidad irlandesa. Su uso del blanco y negro le da una calidad de documental al argumento a la vez que la propia historia señala la cantidad y calidad de grises que matizan las posturas de los protagonistas.

Por otro lado, la definición del marco familiar es un homenaje a las madres en general y a las que aparecen aquí en particular. Una Judy Dench exenta de todo glamour hace el papel de la abuela, una mujer que ya jugó su papel de madre coraje cuando su marido se fue a trabajar a las minas inglesas y que ahora simplemente está ahí para su familia. La madre de Buddy (Caitriona Balfe) es toda vitalidad, belleza y temperamento dentro de las coordenadas de su barrio y de sus circunstancias. Los maridos se van a Inglaterra a ganar jornales. Las madres son la sede de todo lo familiar y quienes, en definitiva, deciden el destino del grupo. Esta madre concretamente, en parte como el propio Buddy, es totalmente reacia a dejar Belfast, a dejar el nido en el que se crió y el que ella misma ha construido. Sin embargo, cuando la violencia de los «disturbios» se acerca lo suficiente como para afectar a Buddy, la madre cambia de opinión y se resigna a abandonar Belfast. La escena que cierra la película es la de las dos madres que han tomado decisiones opuestas: la abuela se queda como ya lo hiciera anteriormente y la madre se va a Inglaterra. Lo que queda es el dolor de la pérdida para ambas.

Belfast abre con una panorámica de la ciudad para luego concentrarse en el barrio de Bu ddy. A partir de ahí, Branagh nos ofrece un a interpretación de un pasado relativamente reciente formulándolo a la vez como una narrativa casi épica que nos habla de la historia de Irlanda del Norte y como una historia personal. Tanto católicos como protestantes, nos dice en un momento la madre, cantan la canción del irlandés que emigra, Oh Danny Boy, sin ser consciente de que ella misma ocupará el lugar del epónimo Danny y la abuela el del sujeto que se queda. «Madre patria» en este caso es menos la expresión metafórica de un origen teñido de nostalgia que la encarnación de la identidad cultural irlandesa en dos mujeres concretas.

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