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Diario de Mallorca

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Qué es cultura

Aquel verano en el infierno

Holland narra con maestría el asalto aliado de Sicilia en 1943,un episodio decisivo en la guerra

Está considerada por los expertos la mayor operación anfibia de todos los tiempos. Un episodio extraordinario en complejidad y resonancia dentro de un entramado histórico propicio para ello: la II Guerra Mundial. Sicilia 1943 vuelve a demostrar que James Holland es uno de los divulgadores históricos más destacados, y eso en un panorama como el anglosajón, donde hay tantos autores capaces de armonizar ingentes cantidades de documentación con altas dosis narrativas, tiene mucho mérito. Como Max Hastings y Antony Beevor. En esta ocasión se centra en el asalto aliado de Sicilia a partir del 10 de julio de 1943, conocida con el nombre en clave de “Husky”.

Recapitulemos: más de 160.000 tropas británicas, estadounidenses y canadienses aterrizaron o desembarcaron en las costas de la isla italiana para iniciar el asalto a la Fortaleza Europa en las garras nazis. En total, más fuerzas de las que protagonizarían el más conocido (Hollywood le hizo más caso) Día D en Normandía un año después. En primer lugar se desarrolló una devastadora campaña aérea que no solo puso sobre el escenario bélico una forma distinta de acometer la guerra, sino que puso el punto de partida a una situación inédita y definitiva: los cielos dejaron de ser del dominio alemán y Hitler vio cómo los aliados se hacían con el poder aéreo, fundamental para mantener el control de las hostilidades. Nada volvió a ser igual.

El escenario no fue precisamente acogedor. Sicilia aguardaba a los aliados con un sol que quemaba sin piedad, ejércitos de mosquitos y con la amenaza permanente de las enfermedades. En esas circunstancias, los aliados se vieron abocados a una pelea brutal, casi piedra por piedra, en parajes llenos de dificultades con una orografía que favorecía a los defensores alemanes e italianos, con recursos menos abundantes de lo que podría pensarse dada la magnitud de la operación, y peleando además contra un enemigo feroz que no daba un metro de tierra por perdido. Holland es un maestro a la hora de combinar los grandes trazos históricos con los pequeños detalles de grandes escenas de horror. Así se comprende mejor el drama demoledor que vivieron militares y civiles, combatientes sometidos a instantes de adrenalina y sangre (el hedor del infierno, la visión intimidante de los tanques Tiger imponiendo su mortífera ley...) y vecinos de toda las edades que asistían al violento bombardeo de imágenes escalofriantes.

El libro está cargado de vívidas imágenes de muerte y destrucción que ponen los ojos de punta y dibujan un escenario horrendo, con muestras de valor en todos los bandos. La lista de personajes fascinantes es amplísima. Holland es de esos historiadores que patean el campo de batalla para capturar ese cóctel de olores, sonidos y sensaciones que no se encuentra en los libros convencionales, y lo une a miradas sagaces sobre la trastienda de los ejércitos en lucha destacando las grandes diferencias entre alemanes e italianos, sin coordinación alguna entre ellos.

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