Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Cómic

Indígenas, espías, aliens y nazis

Recientemente celebraba el guión de Rodolphe para ‘Chez Adolf’. Ahora vuelve a compincharse con Leo para facturar una nueva entrega de su serie ‘Kenia’

Indígenas, espías, aliens y nazis

En esta ocasión el escenario se desplaza de África a esa zona que da título al Integral y que Leo conoce muy bien, ya que nació en Brasil. A su Amazonia no le falta de nada: junglas exuberantes, misioneros lujuriosos, nativos muy agresivos, nazis ocultos tras la derrota en la IIGM, una espía que solo teme enamorarse de nuevo, embajadores de oscuros intereses, una suerte de Castafiore teutona, un submarino encallado en el río y sobre todo un presunto alien, que esconde sus facciones como si de un nuevo hombre elefante se tratara. Por si todo esto les sabe a poco, Leo y Rodolphe ponen en marcha una trama secundaria en la que dos buenos amigos viajan hasta Transilvania en busca de vampiros. Las pistas los llevan hasta Estados Unidos donde los monstruos parecen más bien formar parte de un complejo Expediente X en una perdida área 51. Un auténtico delirio con todos los componentes de la perfecta serie B.

Otro cambio se da en el grafismo, a cargo no de Leo sino de Marchal, un dibujante de base realista y que cumple con creces. Se ajusta perfectamente a las variadas exigencias y desafíos que plantea un guión complejo y trepidante, con muchos personajes en situaciones extremas y constantes desplazamientos por escenarios diversos. Marchal nos traslada de Europa a América y de una época a otra (hay unos cuantos flash-backs) sin despeinarse.

Pero las grandes alegrías nos las da el guión. La pareja Rodolphe-Leo ya nos tiene acostumbrados a la gran calidad de sus propuestas y aquí no decepcionan. Parten como siempre de un conjunto de personajes bien construidos y llenos de matices. No es solo que sean numerosos es que todos nos interesan y nos resultan creíbles. Los guionistas sitúan a sus héroes en el centro de una elaborada trama de espías a la caza de un extraterrestre. Han sabido de él gracias a una foto que estaba en poder de un hombre que murió antes de poder contar nada más. La imagen pasa a las manos de un misionero que a su vez la traslada al embajador británico. A partir de ese estupendo MacGuffin se dispara una enloquecida carrera en la que diferentes servicios de inteligencia y algunos nazis irredentos intentan contactar con ese ser que tanto podría enseñarles. La selva se emplea como elemento de contraste. Mientras algunos intentan llevar a la humanidad al siguiente paso evolutivo, el escenario nos recuerda lo duro que resulta sobrevivir en entornos tan hostiles y salvajes como ese Amazonas perfectamente trasladado a las viñetas por Marchal.

En ese recorrido, además de la peligrosa aventura que supone la competición por alcanzar al hombre del espacio, se suman otras distracciones. Como es habitual en Leo, deja un espacio para el erotismo y el amor. Representados por la simpática figura del misionero y su relación con la atractiva alemana, o el flirteo de la protagonista con el apuesto policía brasileiro. Son pequeñas notas picantes que ayudan a enriquecer el relato, aportándole variedad y rebajando la gravedad del conjunto.

Compartir el artículo

stats