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Cómic

De Tokio a Córdoba

Corto Maltés estaba viviendo un plácido renacimiento en las manos de Pellejero y Díaz Canales. Pero ahora otros autores han decidido probar suerte con el famoso marinero

De Tokio a Córdoba

Más allá de la fascinación que pueda seguir provocando el personaje creado por Hugo Pratt, existen obvias razones económicas. Corto vende mucho, las tiradas de sus álbumes se mantienen por encima de la media, por no mencionar la atención mediática que todavía suscita. Así que no es extraño que un talento ya-no-tan-joven como es Vivés se haya animado a probar suerte con él. No lo hace solo sino en compañía del guionista con el que ya colaboró en Catorce de Julio, Martin Quenehen.

El producto final es realmente curioso. Evitan la vía ortodoxa del equipo español. No se sitúan en la cronología oficial del héroe sino en un momento alternativo, con un Corto Maltés actual. En una escena vemos cómo por la tele se cuenta el ataque a las torres gemelas. Así que éste no pretende ser el Maltés original sino un sucedáneo, un héroe contemporáneo que encarna el espíritu del Corto que conocimos. Personalmente, no me importa mucho si los autores han permanecidos fieles a su referencia, lo que me preocupa es qué han hecho con ella, cómo es el relato que han construido con su renovado Corto. Recientemente asistíamos a un caso similar en cine. El viejo James Bond era transformado en un respetable hombre casado en la última de Daniel Craig. En lugar de acostarse con Ana de Armas, lo que habría resultado natural en los tiempos de Connery o Moore, se pasea por ahí muy preocupado por no perder el peluche de su niña. Y además se nos presenta una nueva 007, mujer y negra. Todas esas innovaciones afectan a nuestra visión del personaje, un arquetipo al que acudimos esperando de él determinados comportamientos. Con todo, como fan de James Bond puedo tolerar algunas desviaciones de la norma si al final el producto es entretenido.

Abandono a Bond para volver a Corto. Y sí, más allá de su fidelidad al original considero que el resultado es adecuado. ¿Es el mejor Vivés? No. Incluso su cómic en colaboración con Quenehen era mejor, más redondo. Con Corto siempre tenemos esa sensación de excesivo paseo. Ahora estamos en Japón, luego nos cogemos un barco, nos vamos para acá, luego para allá... Por supuesto, eso es la aventura: el trayecto, el camino y los comparsas que aparecen en él. Pero aquí hay páginas de más. Vivés mantiene su rutina de pocas viñetas por plancha lo que, unido al carácter parsimonioso del marinero maltés, imprime una cadencia sosegada al relato, que puede llegar a cansar. Sé que ya estaba en Pratt y que muchos seguidores lo valoran. Ese ritmo contemplativo, esa sensación de que vemos a Corto pensar, meditar sobre el sentido de la existencia. Al menos Vivés se asegura de liquidar el tono monjil habitual, introduciendo algunas notas de su particular erotismo, que creo ayudan a configurar un personaje más atractivo y humano. Conviene subrayar que su versión del Maltés me parece excelente. Lo reconocemos y al tiempo es muy Vivés, juvenil y con el descaro habitual. Ha sabido apropiárselo.

Su recorrido de un lugar a otro de la geografía mundial es prolongado pero también ameno. La aparición de Rasputín, sorprendente y al tiempo un guiño adecuado a la creación de Pratt. Las escenas de acción son más creíbles, aunque se mantiene el toque de distanciamiento original. La hechicera india a la que dibuja como a una modelo del Vogue no resulta muy convincente pero yo pienso que eso a Vivés le da lo mismo. Él siempre ha preferido ser muy cool, en lugar de realista. Corto le brinda la excusa perfecta para continuar con sus rutinas. Este Corto sí que mola.

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