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Suspense

Cuidado con ese maldito hongo

El cotizado guionista David Koepp debuta como novelista con Bajo cero, eficaz thriller de horror helado

David Koepp.

David Koepp.

ADavid Koepp le conocíamos por sus labores como guionista muy bien pagado de títulos como Parque Jurásico, Misión Imposible, Spider-Man o La habitación del pánico, éxitos comerciales en los que pone al servicio de los directores una aseada escritura bien armada y poco peligrosa, empañados por algún fiasco monumental como Mortdecai, Ángeles y demonios o Inferno. También se puso tras las cámaras para realizar la estimable The trigger effect y escribió para Brian de Palma la excepcional Atrapado por su pasado. Y ahora debuta como novelista con doble red de seguridad, lo que a estas alturas no puede extrañarnos dada su trayectoria como escritor para la gran pantalla, más enfocada a resolver papeletas por la vía rápida que garantice generosos beneficios que a ofrecer trabajos personales. En Bajo cero, Koepp no tiene el menor reparo en hacer suyos planteamientos que hicieron rico y famoso a Michael Chrichton con sus thrillers en los que fantasía, intriga y horror se mezclan bajo el paraguas de un despliegue de argumentos tecnológicos con los que hacer creíble el regreso de los dinosaurios y tal. Koepp cuida más su estilo literario y dibuja personajes un poco más complejos. Sin pasarse, claro, pero lo suficiente para que no sean simples marionetas que se mueven al compás que dictan las leyes del suspense prefabricado.

Lo mejor hay que buscarlo en su arranque. Tenso, inesperado, nada complaciente. La presentación de los (supuestos) protagonistas es acertada, el diapasón narrativo crear una atmósfera inquietante e incluso se permite incluir una especie de triángulo amoroso tan fugaz como feroz, porque Koepp no tiene el menor problema en cargarse a un personaje superatractivo al tiempo que va dejando caer pistas sobre el pasado y el presente de los otros. Estamos en 1987 y conocemos a un agente de una organización secreta del Pentágono que viaja con su compañera a investigar un presunto ataque bioquímico en Australia. Lo que descubren es que hay un hongo devastador y con una velocidad de mutación imparable. Parece que pueden controlarlo, pero los restos del dichoso hongo son crionizados y almacenados en una instalación de Estados Unidos aparentemente segura. Aparentemente.

Tras una comedida pero contundente muestra de horror, Koepp cambia de tercio y nos lleva al futuro. Y qué futuro: las instalaciones son vendidas a una empresa y del hongo letal no se acuerda nadie. Hasta que le da por despertar, claro. Treinta años después. En su camino de destrucción masiva solo se interpondrán dos trabajadores de la instalación y el propio agente del Pentágono, ya en retirada. Koepp describe bien a sus protagonistas y sus circunstancias, y mezcla relato costumbrista con humor y horror. El resultado es tan ameno como hábil, aunque al final se busca demasiado el comodín comodón de la comercialidad entendida como búsqueda de soluciones por la vía rápida.

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