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Música vista

Les marveilleux bleuse

Tres miembros de la familia Bleuse nos hicieron un regalo en forma de música

Tres miembros de la familia Bleuse nos hicieron un regalo en forma de música

Los músicos de nuestra sinfónica nos están convirtiendo en unos mimados caprichosos, nos malcrían, y es que no suele pasar velada de concierto en la cual no nos alimenten con alguna golosina envuelta en el celofán de una interpretación admirable; reconozco que no soy objetivo, cómo dijo Bergamín, si fuese objetivo sería un objeto y no un sujeto, y es que soy un forofo de nuestra formación musical y de todos sus integrantes.

Así y todo en ocasiones brota como un manantial, en una de esas tardes-noches llenas de musicalidad, alguna excelencia más que debe ser preciada y apreciada. Y no de otra forma puede y debe calificarse el regalo con el que tres de los miembros de la Familia Bleuse nos deleitaron hace unas pocas fechas.

No es la intención de éste escribidor el hacer un panegírico de la pieza, de su interpretación o de los intérpretes, eso lo dejo para mis maestros, los que conocen con extensión e intensidad del tema, en mi caso se trata tan solo de un mero receptor de sensaciones musicales, y puedo garantizarles que de eso tengo una cierta experiencia. El triunvirato Bleuse me proporcionó, en actuación que se me antojó solo para mí, pues así entiendo deben ser recibidas las interpretaciones musicales, y con tan solo colocarse en sus lugares sobre el escenario, una inmensa alegría mezclada con el orgullo de formar parte de aquella interpretación, porque sin atentos oídos que escuchen no existe la música. Daba gusto observar la seriedad, casi templanza, de Liam al piano, la gestualidad, tan paterna ella, de Raphael, incluso en los momentos de pausa entre frase y frase de su violín, y el observar el inabarcable orgullo del patriarca; nuestro Chelista Emanuel Bleuse, hizo bien en vestir un amplio blusón blanco, porque si hubiese optado por una prenda más ceñida, sin duda alguna, le hubieran saltado los botones; orgullo sumamente entendible, pero que no es más que la consecuencia de la influencia, la labor educacional, de los padres de esos pequeños grandes músicos. Si tuviera que elegir un vocablo definitorio de aquel momento, elegiría con seguridad el muy castizo ¡Ole!, así con signos de admiración, pero luego más reposadamente acudiría a la palabra satisfacción; satisfacción de escuchar, de oír, de disfrutar, de sentirse uno colmado de musicalidad; que más se puede pedir.

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