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música

El adiós a una leyenda

Desaparece Christa Ludwig, una de las últimas integrantes de la generación de oro de la ópera

Christa Ludwig. YOUTUBE

Christa Ludwig. YOUTUBE

La pasada semana se comunicaba el fallecimiento de una de las grandes intérpretes que ha vertebrado la interpretación lírica en la segunda mitad del siglo XX, el de la mezzosoprano berlinesa Christa Ludwig. Estamos ante uno de los nombres categóricos de ese periodo, omnipresente en las temporadas líricas de los mejores teatros y un puntal decisivo en el ámbito germánico.

Ludwig debutó en Fráncfort en 1946, con ¡18 años!, compañía en la que permaneció seis temporadas para, posteriormente, instalarse en los teatros de Darmstadt y Hanóver. Este sistema de repertorio, el habitual en países como Alemania o Austria, entre otros, permite a los jóvenes cantantes tener una verdadera escuela de canto “en vivo”, en el propio escenario, lo cual les confiere una capacidad escénica fuera de serie a edades muy tempranas. En 1955, daría un salto decisivo, a la Ópera de Viena, teatro al que estaría estrechamente vinculada hasta su retiro en 1994.

La carrera internacional de la mezzo germana comenzó a coger brío con el debut un año antes en el Festival de Salzburgo interpretando el Cherubino de “Las bodas de Figaro”, de W. A Mozart, y su consagración wagneriana llegaría de la mano de Karl Böhn en un “Tristán e Isolda” en el que que interpretó el rol de Brangäne en 1966, compartiendo cartel, ni más ni menos, que con la mítica Birgit Nilsson en el Festival de Bayreuth.

Su trayectoria se cimentó en los escenarios más exigentes y con maestros como Karajan, Bernstein, Maazel o Klemperer, entre otros muchos. Además, en su faceta como liederista también fue muy destacada.

Ludwig ha sido una cantante versátil: especialmente en autores como Mozart, Bach, Beethoven, Wagner, Mahler o Strauss. Y dejó su impronta, trabajando, además, muy bien algunos roles verdianos o de la lírica francesa. Pertenece a una generación de oro que supo cimentar su trayectoria desde la seriedad, el conocimiento profundo de la técnica vocal y una capacidad de profundización y estudio de los personajes que se ha ido perdiendo en la actualidad. Cuando se escuchan las grabaciones de la Ludwig se asiste a una capacidad innata para transmitir el espíritu de cada rol, con un mordiente y una intención que dejan ver la intensidad de la preparación de cada compromiso, en el tiempo justo para abordarlo, sin prisas, y con el perfecto balance entre la tradición y la búsqueda de aportaciones que den carácter a cada interpretación, huyendo de esas versiones estandarizadas hoy tan de moda. En ellas hay solvencia, pero no el riesgo luminoso de artistas como Ludwig.

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