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Narrativa

Bajo un oscuro manto de nieve

Ve la luz en español Todo en vano, la obra maestra de Walter Kempowski sobre el éxodo alemán del frente oriental en la Segunda Guerra Mundial

Bajo un oscuro manto de nieve

Bajo un oscuro manto de nieve Luis M. Alonso

Alles Umsonst (Todo en vano) ve por primera vez la luz en español y podría considerarse un acontecimiento literario. Se publicó en Alemania en 2006, un año antes de la muerte de su autor, Walter Kempowski, uno de los grandes escritores alemanes de la segunda mitad del siglo XX. La capacidad de exploración del texto indaga en un período oscuro, el éxodo germano hacia el oeste ante el avance del Ejército Rojo y mientras los soldados del Tercer Reich vagan perdidos rumiando la derrota. Mucho más que una gran novela, la obra maestra tardía de Kempowski es un tratado universal que sugiere que solo la historia puede presentar los hechos y que es exclusivamente su narrativa la que permite comprender la realidad cruel y viciada de la guerra.

El invierno final es frío en el Georgenhoff, Prusia Oriental. El frente bélico empuja hacia el oeste y con él arrastra una inmensa oleada de refugiados. Katharina von Globig, la esposa del barón ausente, dueño de la imponente hacienda, pelo negro, ojos azules, belleza de ensueño, marca distancia con la realidad. Vive refugiada en los libros y en la música: no hace otra cosa. Ha dejado los asuntos cotidianos a la Tiíta, una pariente enérgica, entrada en años, y a los sirvientes orientales Vladímir, Vera y Sonja. El doctor Wagner, por unas patatas y media col, se ocupa de forma desinteresada de la educación de Peter, el hijo de doce años. Ha aprendido a apreciar las horas en compañía del chico, del mismo modo que los bocadillos de salchichas y la presencia de la madre soñadora. Todos los residentes de la casa pueden sentir que hay algo suspendido en el gélido aire que prefieren ignorar. Pasan columnas de tanques, la electricidad falla de vez en cuando, algunos forasteros piden cobijo en su camino de regreso al oeste: descansan del duro viaje al calor de la lumbre y cuentan cosas terroríficas. En el Georgenhof, sin embargo, cierran los ojos ante la catástrofe que se avecina, hasta que Katharina se decide a esconder, por una noche, a una persona perseguida. Es arrestada por ello. La engañosa ilusión de que nada puede pasar se esfuma. La Tiíta toma el mando y el resto de la familia se pone en marcha. Pero la gran huida hacia el oeste se convierte en una pesadilla que lo devora todo.

La literatura es un recuerdo que sirve para contrarrestar la fugaz temporalidad humana. Por este motivo, incluso antes de cualquier clasificación estética, Kempowski fue un escritor del siglo XX, nació el 29 de abril de 1929 en Rostock y se convirtió en su documentalista, cronista y narrador. En cierto modo, su carrera transcurrió a la sombra de Günter Grass, quien vino al mundo dos años antes y lo sobrevivió. Hijo del propietario de una compañía naviera, Kempowski, siendo un adolescente de clase media sintió amor por el jazz y aversión por el deporte, fue reclutado por las juventudes hitlerianas y en febrero de 1945, a los 16 años, ingresó en la rama juvenil de la Luftwaffe. Su padre, inicialmente rechazado por ser masón, sería aceptado más tarde en el ejército y moriría en el frente el 26 de abril de 1945.

Los primeros éxitos literarios de Kempowski se corresponden con una serie de novelas históricas, Deutsche Chronik, muy aclamadas por los lectores de su país. Más tarde, en la década de los ochenta, alumbró un ambicioso proyecto, Das Echolot, con testimonios, documentos y cartas de la Segunda Guerra Mundial que se fue publicando a lo largo de veinte años repartido en diez volúmenes, un trabajo que forma parte de la mejor bibliografía alemana de la pasada centuria. Que se la haya considerado durante mucho tiempo un escritor apolítico jamás ha dejado de ser un malentendido. Su trabajo literario nació precisamente de un proceso eminentemente político –fue detenido por el servicio secreto soviético por un presunto delito de espionaje la mañana del 8 de marzo de 1948 en Rostock– y se mantuvo hasta el final. Menor de edad, lo torturaron y sentenciaron a 25 años en un campo de trabajos forzados y pasó ocho de ellos en Bautzen hasta que quedó libre y empezó a ejercer de maestro. Su madre, acusada de complicidad, sufrió también un largo confinamiento. Kempowski aceptó la prisión como una penitencia sustitutiva que le salvó de otras. No creía en un complejo metafísico de culpa, salvo en la responsabilidad colectiva. De esa manera se convirtió en un poeta y cronista alejado de cualquier ideología. Su escritura es brillante, vívida, poco sentimental, rápida y cinematográfica; cultiva un estilo escrupulosamente bien estructurado. Estilísticamente guarda un punto de conexión con su compatriota Wolfgang Koeppen, otra de las grandes referencias de la posguerra y autor de El invernadero (1952) y Muerte en Roma (1954). Los tensos personajes de sus historias se mueven a través de una narrativa de la que emergen el temor y la incredulidad como fuerzas constantes. Es el caso de Todo en vano, su mejor novela, que ahora publica Libros del Asteroide con traducción de Carlos Fortea. Muchas de las conversaciones de sus páginas resultan similares a los movimientos de una partida de ajedrez; la mayoría de los protagonistas son cuidadosos, aunque haya algunos que se inclinen por asumir cierta temeridad convincente. Casi todos parecen estar flotando en el desconcierto, a excepción de los más astutos, como es el caso de la Tiíta. El propio Kempowski ironiza sobre su obsesión por registrar la historia a través de los intereses particulares de los personajes de Todo en vano, como el maestro que atesora objetos arqueológicos, el falso barón de los escritos históricos, o el pintor que deambula por el país dibujando lo que aún queda en pie. Si están interesados en la gran literatura no deberían dejar de leer esta extraordinaria novela.

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