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Los cuentos del colibrí

Laura Cukierman.

Laura Cukierman.

Esta colección de cuentos, primera obra publicada de la argentina Laura Cukierman, viene avalada por el prólogo de otra autora argentina de reconocido prestigio y Premio Pepe Carvalho 2019, Claudia Piñeiro (Las viudas de los jueves, 2005). De su prólogo tomé el título de esta reseña, con su metáfora del colibrí; dejo a quien lea el libro la satisfacción de descubrirla.

El relato que da título a la colección y siete relatos más hablan de manera directa del arte de sobre/vivir en todos los sentidos: nacer, aprender a luchar con nuestros padres, con la escuela, con el sexo, con la pareja después y, superada esta cuesta arriba vital, bajar ahora con otra perspectiva de nuevo por la maternidad, el desencuentro, la enfermedad y la vejez.

La idea fundamental es que debemos “abandonar el pensamiento mágico. Las cosas no suceden porque uno quiere que sucedan, las cosas son como son”.

Las protagonistas son mujeres que reflexionan en soledad sobre momentos importantes de su vida; lo hacen con un fluir de conciencia centrado en un punto de su biografía que aclara la situación de su presente. Así, quienes leemos tenemos acceso a ese secreto que hay siempre en la vida de una persona y que, de ser conocido, explicaría por qué parece tan complicada: por qué se niega a tener hijos, por qué me desafía, por qué calla, por qué “esa mirada letal de desprecio” y así sucesivamente.

Acompanyem en la seva soledat al musicòleg compromès amb la seva obra entorn de Mendelssohn

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Las variaciones sobre la maternidad en sus distintos estadios, desde el paritorio al tanatorio, como madre y como hija, van todas encaminadas a negar el discurso oficial edulcorado, porque entre una madre y una hija “no se enfrentan armoniosamente las complejidades de la vida”. A pesar de lo cual, nos dice Piñeiro, “no se le quita mérito ni sentimiento a la relación”.

En ¿Quién fui? Cukierman aborda directamente la vejez, subrayada, además, por un diagnóstico de Alzheimer. La narradora sabe que “muy pronto ya no sabré más quién fui” y quiere atesorar sus recuerdos en la memoria de alguien cercano que se los pueda devolver cuando ella los necesite. A lo largo de su relato, clarividente y posibilista, esta mujer nos da toques de atención para que no nos engañemos: “la vejez es pura pérdida y decadencia”, “los viejos no somos más buenos por ser viejos” o “soy vieja, pero no inválida” o tonta.

A pesar del tono de realidad, los relatos no son crudos ni agresivos, sino conmovedores y, porque hablan de cosas comunes a toda la humanidad, podemos afirmar que impresionan.

Después de leer uno cualquiera de ellos y conocer su final, leemos el resto con un punto de intriga y desazón ante lo que nos pueda esperar en las últimas líneas, porque las narraciones de Cukierman reservan “un golpe certero para el final, para que ya no puedas olvidar la historia” (Claudia Piñeiro).

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