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Vuelve la pesadilla

En Persecución, Joyce Carol Oates nada en las aguas turbias del pasado y despierta los sueños de una joven de infancia infeliz

Vuelve la pesadilla

Vuelve la pesadilla

 Thriller  Abby Zengler, a la mañana siguiente de su boda, se para delante de un autobús que la atropella ¿Distracción o autodestrucción? No lo sabemos. Tampoco lo sabe su esposo, Willem, que durante la larga recuperación indaga en sus pesadillas y en el pasado para tratar de entender qué es lo que ha ocurrido con su mujer, si se trata de un accidente o, por el contrario se ha arrojado premeditadamente al vehículo bajando del bordillo de la acera. Mientras Willem busca la verdad, Abby siempre ha estado intentando zafarse de la historia que él pretende descubrir. Considerada como una novela de suspense, Persecución, el thriller de Joyce Carol Oates, que acaba de ver la luz gracias a la editorial Gatopardo, se lee como una corta historia que el lector ve crecer en intensidad. 

Aturdido por cómo la felicidad se ha convertido de repente en un horror, el esposo aguarda junto a la cama rumiando una desgracia que sirve de marco a una intriga oscura e inquietante. El relato se abre rápidamente a otro; la trágica relación entre la madre de Abby y el padre soldado, quien años antes regresa de Irak a Chautauqua Falls, Nueva York, convertido en un ser paranoico e irracionalmente celoso. La pareja desaparece de la vida de la pequeña cuando esta tiene cinco años pero el trauma resulta tan devastador emocionalmente que la víctima solo lo puede manejar por medio de pesadillas. Cuando eso sucedió, en Chautauqua Falls se decía que los padres la habían abandonado, pero no al mismo tiempo. Ella, entonces, se echaba a llorar con facilidad. Más tarde decide huir, adoptar un nuevo nombre y olvidarse de todo aquello, pero sus sueños infantiles de cráneos y huesos humanos le devuelven una historia diferente mucho más trágica. 

Oates es una buena escritora, a veces algo artificiosa, que explora a menudo la violencia y el dominio que ésta ejerce sobre la psique estadounidense. Posee una extraña habilidad para crear personajes ajenos a la visión del mundo de cualquier persona sencilla pero con los que en un momento dado podemos llegar a entendernos o identificarnos. Algo de eso sucedía con Patricia Highsmith, que también se movía en turbias aguas oscuras y pantanosas. Las dos, Oates y Highsmith, pese a tener infancias distintas –feliz en el caso de la primera, desdichada en la segunda– han sabido profundizar en las obsesiones y sacar a la superficie los estados anímicos reprimidos de sus personajes. Se han convertido en escritoras intérpretes de su tiempo y de sus distorsiones, alumbrando obras que sacuden la imaginación colectiva. Tienen bastante en común a pesar de ser tan singulares como para no parecerse a nadie. 

Persecución revela una vez más el talento de Oates para regresar con la mente a la infancia. De hecho, ella era una niña observadora, como cuenta en The Lost Landscape (2015), sus memorias. Por algo la infancia es un período antropológico y alienígena en el que aprendemos las extrañas costumbres del mundo de los adultos. Abby y Willem son inocentes; dos seres virginales castigados, ella debido a su infancia traumática, él por causa de su educación religiosa, tan estricta que desea casarse para poder mantener relaciones sexuales con la autorización de Dios. Esa es la piel de Persecución, pero la carne está en la historia de los adultos, en las pesadillas que cobran vida y fuerzan a los protagonistas a decidir si el fruto de la inconsciencia es lo que realmente sucedió o se trata del sueño febril de un cerebro dañado girando como las manecillas de un reloj para sanar después de una experiencia cercana a la muerte. Al final el desencadenante es el de un hombre con cicatrices de guerra que regresa a casa cambiado y destruye a su familia. Parecería algo manido –la película que hemos visto o el libro ya leído– si no lo contase Joyce Carol Oates de una manera distinta a todas.

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