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Cine

El indiscreto absurdo de las guerras

Otras dos comedias que cumplen medio siglo son M.A.S.H. y Catch-22. Aún con imperfecciones, mantienen su humor y antibelicismo. Y ambas han dado pie a exitosas o interesantes adaptaciones televisivas

El indiscreto absurdo de las guerras

M.A.S.H. (Robert Altman) refrescó la comedia negra y fue rompedora, en varios aspectos. El principal, por ambientarse en el lugar y momento menos correctos para reír: la Guerra de Corea, cuando Estados Unidos estaba más enrocada que nunca en la Guerra de Vietnam. Y en un hospital de campaña.

El guion partió de las memorias de un médico, Richard Hooker, que participó en uno de esos hospitales de campaña. Ring Lardner jr, excelente guionista (sobrevivió a la caza de brujas de Hollywood y fue premiado con un Oscar por este filme, lo pulió, acentuando su humor irreverente. Humor contra la brutalidad de la guerra (remarcando el gore y la aparente despreocupación de los médicos cuando llegan remesas de heridos), la religión (la parodia de la última cena antes del anunciado suicidio, la cruz y el cristo colgando de un helicóptero), las jerarquías castrenses (la irreverencia de Hawkeye y Trapper John en su viaje a Tokio; la ineptitud del comandante del cuartel, la tolerancia al juego y las gamberradas)...

€ y contra las mujeres. El pueril machismo de los protagonistas, el acoso implacable a 'Labios ardientes', etc., no muestran ni un atisbo de crítica a esa marcada misoginia. Parece más bien que era el precio a pagar por la presión que sufrían los doctores por la injusticia y la brutalidad de la guerra. Donald Sutherland y Elliot Gould tampoco se esforzaron por mitigar el pavoneo de sus personajes. Estrenada en el siglo XXI esta película habría recibido dardos y obuses de los colectivos más sensibles.

En 1970 también se estrenó Catch-22 (Mike Nichols). Otra comedia negra que tuvo una recepción más discreta. Probablemente porque la crítica a la guerra del novelista Joseph Heller es con humor absurdo, casi nihilista; y el mínimo armazón argumental tampoco atraen al espectador.

Además de compartir fecha y tema, ambos filmes fueron adaptados a la televisión, separados por un intervalo de cuatro décadas largas. M.A.S.H. (la serie) estuvo en antena entre 1972 y 1983. Mantuvo los personajes, sustituyó los actores (solo Burghoff/Radar estuvo tres temporadas, después desapareció el personaje; Alan Alda sustituyó a Sutherland, Wayne Rogers a Gould, Loretta Swift a Kellerman, Larry Linville a Duval) y suavizó bastante sus gamberradas. Gracias a esas limadas, la serie triunfó. El último episodio fue un acontecimiento en Estados Unidos, seguido por 125 millones de espectadores.

En la miniserie Catch-22 (2019, Hulu, Sky en Europa), George Clooney y Grant Heslov (dirigiendo) y David Michôd y Luke Davies (guionistas) han suavizado también el absurdo pero han mantenido la bipolaridad horror-humor para remarcar la insensatez de las guerras. Está muy bien realizada y mantiene la sustancia de la novela.

Aunque no estén pasadas de fecha todavía, M.A.S.H. y Catch 22 no logran ser comedias atemporales. Una por exceso de nihilismo y otra de machismo, no alcanzan la genialidad de Teléfono rojo, volamos hacia Moscú (Stanley Kubrick, 1966) que sí logró trascender al entorno de la Guerra Fría. Aún así prefiero estas sanas irreverencias a, verbigracia, la pomposa y acrítica 1917.

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