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Diario de Mallorca

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La ciudad son personas y no mitos

Nadal Suau.

Si Bilbao-New York-Bilbao de Kirmen Uribe es una novela, Temporada alta de Nadal Suau también lo es; más que no un ensayo, como se presenta en la edición que ha hecho la editorial palmesana Sloper. Es la novela en busca de una ciudad de Palma, de la ciudad del autor de quien conoceremos familia, matrimonio, relaciones y por supuesto, lecturas e intereses -o fascinaciones-.

Un ensayo que no es, no por la carencia de citas ortodoxas, que es lo de menos, sino porque en realidad propone esas lecturas como enclaves de un recorrido vital. La obsesión por la ciudad -o por una forma de urbanismo- le llevó a escribir una serie inicial de artículos de periódico bajo el genérico "Aceite de Palma" de la que me sorprendió no hallar en el libro apenas referencias; siempre imaginé encontrar una ligazón de esos textos que -por interés académico sobre el mismo tema- había seguido con interés.

Sigue Nadal Suau una estructura muy estudiada y pautada, que va hacia adelante y hacia atrás en estricto orden y que abre y cierra de forma circular, aunque la rellena, a mi entender, de retazos que explican su vida y la de su ciudad de manera un tanto irregular y con altibajos que él denomina "azar meditado": "escribir es aceptar el azar y lograr que el azar se haga en nuestro pensamiento". Tan pronto deleita al lector con construcciones exquisitas que demuestran su ingenio literario como da entrada a fragmentos en cursiva de procedencia inexplicada o se demora en escenas digresivas. Esa mirada que quiere escarbar en agujeros para hallar su "residuo" despliega el capítulo del Conflicto, tal vez el meollo (ya digo, de ida pero también de vuelta).

Pensar Palma como objetivo se ha logrado en cuanto se sitúa en tiempo y espacio la ciudad del narrador; una Palma personalizada en novela de la que el supuesto ensayo nos permite los entresijos de su gestión y escritura. Una forma de novelar como aquella búsqueda de uno mismo en su espacio y en un tiempo que se dilata al familiar. De 1945, año de tantas cosas en la narración, al cercano presente, con hitos como el 1980 natal -casi coincidente con la donación de Miró de la escultura Femme, Monument de tan importante presencia- que mantienen el bucle estructural. "La ciudad son personas y no marcas ni estampas ni mitos" -dirá-, justificando la narración de historias personales.

La ciudad de Palma como muestra del mundo globalizado transita por el turismo conformador hasta el capítulo sexto -Presentes- en que desglosa la ciudad en siete relatos: aeropuerto como el sueño de la tecnología o su promesa de accidente, vía de cintura como la ciudad mutada en autopista, centro comercial como maquinización del ocio, cementerio como playa -objetivo turístico-, piscina colgante como simulacro, fuego y drones como sendas distopías ciertamente histriónicas. De ahí al Amianto como la droga que explica el centro comercial en que se convierte la ciudad desde su periferia como sinónimo de realidad. De nuevo historias personales, algún que otro ajuste de cuentas y una cierta desesperanza frente al conflicto "que confronta la belleza superviviente con su utilización destructiva". Tantos temas que apunta en una narración que también se demora en tantos finales.

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