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Música

Un plan para la zarzuela

La zarzuela requiere un fuerte impulso global por parte de las administraciones públicas

Teatro de la Zarzuela.

Teatro de la Zarzuela.

El teatro de La Zarzuela de Madrid ha estado representando estas semanas pasadas con enorme éxito una nueva producción de El barberillo de Lavapiés de Barbieri con una imaginativa puesta en escena de Alfredo Sanzol, flamante nuevo director del Centro Dramático Nacional. Este esfuerzo interpretativo fuera de Madrid sólo se podrá ver el próximo año en Oviedo y Sevilla y después directamente recorrerá el camino directo al almacén que el coliseo tiene en la afueras de la capital.

Estamos ante una montaje que financiamos, a través de nuestros impuestos, los contribuyentes de todo el Estado y, sin embargo sólo tres ciudades acabarán teniendo acceso al mismo. La Zarzuela es un teatro único en el mundo, un teatro patrimonial encargado de defender la lírica española y, se entiende, que su acción ha de ser intensa más allá del rango de influencia de la circunvalación de la M-30 madrileña. Pero este objetivo no siempre se cumple como debiera porque cada vez hay menos zarzuela y ópera española en los teatros públicos y las giras del único teatro nacional dedicado al género son escasas a lo largo del año.

Se precisa con urgencia de un plan nacional, auspiciado por el Ministerio de Cultura, dedicado a la difusión de la lírica española, que acuda al rescate del repertorio olvidado, a la formación de actores y de cantantes en las especificidades interpretativas de la zarzuela y de otros formatos como el sainete o la revista. Y la herramienta para canalizarlo puede ser una unidad de producción eficaz como la del teatro de La Zarzuela.

Fuera del canon más reiterado apenas se recupera nada y los estrenos y encargos de obras no pasan por su mejor momento, ni mucho menos. No se entiende la desidia ministerial en este ámbito. Los teatros públicos no reciben ayudas del Ministerio cuando deciden centrarse en nuestra lírica y esto no es justo. Deben articularse y ordenarse los recursos, impulsando la coproducción entre centros y poniendo en valor un patrimonio que está corriendo un riesgo muy serio de desaparición. No se entiende que un país con semejante volumen de producción lírica -superior incluso al de Italia como siempre explica el profesor Emilio Casares- haya decidido desentenderse del mismo con semejante ligereza. Por desgracia, cada año que pasa es peor y la situación cada vez es más problemática porque están perdiéndose las estructuras de cooperación entre teatros y esto lleva a que desaparezca al oferta porque todo acaba resultando más caro. Y claro, sin oferta la demanda se esfuma.

Hacer zarzuela en condiciones es caro, muy caro. Y más aún si se realiza con los parámetros de calidad que nadie discute en una temporada de ópera. Además de cantantes, coro, figuración y orquesta y el mismo número de técnicos que en los grandes espectáculos operísticos, en la zarzuela actores y bailarines son también de obligado cumplimiento. Esto eleva, y mucho, el coste final de cada producción. Otro parámetro descompensa la ecuación. Las recaudaciones que se pueden obtener en este ámbito no son las mismas que en el repertorio operístico internacional en las que los precios de las entradas son un auténtico despropósito y limitan enormemente el acceso a las propuestas artísticas, incluso en teatros públicos que sesgan el perfil del asistente en función de sus posibilidades económicas. La zarzuela, afortunadamente, transita por precios más asequibles e igualitarios y esto, lógicamente, hace que el retorno sea menor.

Debería tenerse en cuenta que los presupuestos en cultura son una inversión pero con la actual clase política que nos gobierna, no precisamente un ramillete de ilustrados, dudo mucho de cualquier avance en este sentido. Es muy difícil que alguien se interese por lo que no conoce y los tópicos negativos que se han acumulado en torno a la lírica española son una losa que la ignorancia agiganta. Queda mucho trabajo por hacer y en poco tiempo si no queremos encontrarnos en un punto de no retorno. Nadie duda en defender nuestro patrimonio arquitectónico o pictórico, ¿porqué todo son problemas cuando de música española hablamos?

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