Suscríbete

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Arte

La figura inagotable de un artista universal

Leyendo la biografía, su autor nos descubre cómo el cambio plástico de la obra de Miró se produce en el Molinar, durante un paseo frente al mar con la mirada puesta en las líneas del paisaje con molinos

Joan Miró

Joan Miró

En diciembre de 2007 tuvo lugar la primera exposición institucional de Joan Miró en Argentina, Alfredo Melgar coleccionista, galerista y amigo de Joan Miró, dijo que el pintor "es el primer gran artista del siglo XXI". Tal vez alguien los dijo antes que él; fuera quien fuese, esta afirmación sigue siendo una rotunda verdad, tanto por la trascendencia artística durante su vida, que abarcó casi todo el siglo pasado, tanto más por la importancia de su legado y la influencia que tuvo en el arte y los artistas contemporáneos suyos o sobre aquellos que llegaron al arte atraídos por su obra.

Por lo que se refiere a la influencia que tuvo y tiene en nuestro territorio, no cabe duda, que su legado sigue siendo motivo de orgullo al haber dejado para todos la Fundació que lleva su nombre y el de su mujer, Pilar (Jacques Dupin, la llamó "el Pilar"). Sin ella, la Fundació tal vez no existiría y muchas de sus obras donadas estarían en colecciones privadas o en manos de galeristas y marchantes. De ahí que la efeméride cubra tanto al artista como a su mujer y que merecidamente encabece la denominación pública de la fundación.

Sobre Joan Miró se han escrito múltiples artículos y reflexiones sobre su obra, aunque en este último apartado no existan grandes textos biográficos que apuntalen su figura más allá de la anécdota y algunos detalles biográficos, la mayoría de ellos aparecidos como breves apuntes en numerosas publicaciones y en catálogos de exposiciones.

La llegada del libro "Joan Miró. El niño que hablaba con los árboles" del periodista Josep Massot, una extensa biografía de más de ochocientas páginas, se presenta como la más completa de cuantas hayan podido redactarse hasta la fecha. La biografía de Miró arranca desde su nacimiento en Barcelona en 1893, desde sus primeras páginas abundan los detalles familiares, fruto de la extensa documentación tratada por el autor a través de documentación e impresiones escritas y comentarios extraídos de amigos, estudiosos, galeristas y declaraciones del propio artista.

El relato de esos primeros años resulta imprescindible para el devenir artístico del pintor. Aún así, esos años de infancia, Massot habla profusamente del padre y la madre del niño Joan, de sus abuelos mallorquines y de la liberación que suponía pasar las vacaciones en Ciutat, son fragmentos de una niñez que únicamente ilustran el proceso personal que adquiere Miró en un entorno familiar tranquilo y sin apreturas para la época. Especial relevancia adquiere el interés por el dibujo del joven Miró, descrito ampliamente por el biógrafo, así como su desarrollo ideológico que conformará el futuro pensamiento del artista.

Leyendo la biografía, su autor nos descubre como el cambio plástico de la obra del pintor se produce en el Molinar, durante un paseo frente al mar con la mirada puesta en las líneas del paisaje con molinos. La idea mallorquina la plasma Miró durante su estancia en Mont-Roig, a partir de ahí, inicia una serie de pinturas y dibujos que más tarde expondrá en la galería Dalmau de Barcelona, generando una enorme controversia crítica, corría el año 1918.

Los testimonios recogidos por Massot para documentar la biografía de Miró, en especial de sus primeros años de vida, resultan tan extensos que casi hace imposible su enumeración, aunque demuestra la repercusión de su obra que ha sido valorada desde ópticas muy dispares, confirmando como al artista le satisfizo "el gran regocijo de los burgueses" al comparar su pintura con las escandalosas obras de los vanguardistas franceses. Esa observación le animó aún más a instalarse en París. Sueño que pudo ver cumplido tras numerosos avatares, económicos y familiares, cuando llegó a la capital francesa el 1 de marzo de 1920. A partir de ahí, la historia ya resulta más conocida.

Destaca también su relación con Mallorca, aquí estableció su taller y su residencia y la biografía se extiende sobradamente sobre las vivencias que la isla le proporcionó. Las vacaciones infantiles, su matrimonio con doña Pilar, los dos matrimonios de su hija Dolors y los cuatro nietos de esos dos matrimonios, la adquisición de su vivienda y Son Boter, la construcción de taller Sert, etcétera, están detallados minuciosamente y con rigor. De hecho, antes de instalarse en la isla, llegó a reconocer que si se hubiera exiliado en Estados Unidos su cuenta bancaria sería más sustanciosa, pero necesitaba "la tierra de Mont-Roig y el mar de Mallorca".

El ingente trabajo recopilatorio de la biografía nos describe un hombre de fuertes convicciones ideológicas, catalanista sin cortapisas y creador compulsivo. Dejando aparte los detalles de la vida personal del artista, muchos de ellos inéditos, Massot nos acerca su pensamiento artístico del cual ya existe una amplia y muy completa referencia bibliográfica en los numerosos catálogos publicados.

Picasso, Matisse (padre e hijo), Masson, Artaud, Bretón, Arp, Eluard, Prats, Queneau, Maeght, Loeb, Kahnweiler, entre muchos otros, son nombres que aparecen en la biografía mironiana, cuando éste ya se encuentra asentado en la capital francesa y su reconocimiento internacional le obliga a constantes viajes. Precisamente, en la galería Maegth, conoce al entonces joven poeta Jacques Dupin, el primer y principal historiógrafo de Miró, además de ser autor de su catálogo razonado. En su monumental estudio publicado por Polígrafa en 1993, escribe en su introducción "Per desgràcia del biògraf, Joan Miró sembla haver fet tot el posible per viure al marge de l´anècdota i el pintoresc", para luego resaltar su carácter soñador, metódico y escrupuloso, herencia seguramente de su padre orfebre y su abuelo herrero.

Otro nombre indispensable, Francesc Català-Roca, cuya transmisión de la imagen del artista fue esencial para su reconocimiento internacional, nos dejó notables momentos. Lejos del posado que no fuera indispensable para la prensa, Català-Roca, retrató muchas veces al artista de espaldas, observando alguna de sus obras, como la magnífica imagen del pintor en su estudio de Son Boter frente a dos pinturas del monumental tríptico "La esperanza del condenado a muerte", que acabó siendo un homenaje a Salvador Puig Antich, ejecutado al garrote vil durante la dictadura franquista. Su relación con el fotógrafo, iniciada a principios de los 50, puso en un brete al fotógrafo, según contó al periodista Lluís Permanyer, tuvo que elegir entre Dalí o Miró debido a la enemistad entre ambos, eligió Miró, y no se equivocó.

No cabe duda que Miró es una figura inagotable, inabarcable en su obra artística, un referente entre los genios del siglo XX que sigue vivo e influyente más allá del XXI.

Compartir el artículo

stats