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Autobiografía

El niño que nació siendo ilegal

A pesar de ser hoy una de las estrellas de la televisión americana, Trevor Noah creció en el apartheid y conoció lo desgarrador de la segregación racial, una cruda realidad que ahora cuenta en Prohibido nacer

Trevor Noah.

Trevor Noah.

La historia de Prohibido nacer (editorial Blackie Books) es la de un chico nacido en Sudáfrica en los últimos años del apartheid. Johannesburgo, año 1984. De madre negra (etnia xhosa, como Nelson Mandela) y padre blanco (suizo), Trevor Noah cuenta en esta desgarradora autobiografía su infancia, adolescencia y primeros años de juventud; las calamidades a las que se tuvo que enfrentar por ser mestizo; las agresiones propinadas por parte de su padrastro durante años, tanto a él como a su madre, o las persecuciones policiales derivadas de la venta de discos compactos piratas. Es la historia de un joven de familia fervientemente religiosa y marcada por una larga lista de penurias, la memoria de un niño que creció con el crimen.

Prohibido nacer cuenta la realidad más cruda, esa que cuando la conoces, duele y no te deja indiferente. Con dureza, aunque también con ternura y madurez, Noah revela cuán doloroso fue vivir en propia carne no poder acercarse a su padre con normalidad por ser blanco o no poder pasear a solas con su madre por la calle ya que un niño de piel clara con una mujer negra suscitaba demasiadas preguntas.

El autor -hoy reconocido presentador televisivo del estadounidense The Daily Show y uno de los mayores azotes de Donald Trump- da exhaustivo detalle de cómo, por aquel entonces, los diferentes grupos raciales estaban separados, quedando los negros supeditados a las directrices de los blancos, a los peores trabajos y al ínfimo o, mejor dicho, inexistente reconocimiento. Se aprobaron leyes como la ley de moralidad de 1927, que prohibía que cualquier hombre europeo tuviera relaciones carnales con una mujer nativa en Sudáfrica. La población negra, que representaba al 80% de la población total sudafricana, tenía asignada únicamente el 13% del territorio nacional.

Con atino, nos explica el escritor que "la genialidad del apartheid fue convencer a una población que constituía la mayoría aplastante del país para que se volvieran los unos contra los otros. En inglés apartheid suena como apart y hate, ´separar´ y ´odiar´, y eso mismo es lo que hizo. Separar a la gente en grupos y hacer que se odiaran entre ellos para poder aplastarlos a todos". Aun con todo, Trevor Noah utiliza como hilo conductor de estas memorias el influjo de valores a los que su madre dedicó todos sus esfuerzos. Y es que por muchos anclajes que uno acarree en la vida, por mucho dolor acumulado, su madre insistía en que "siempre debes hacer que ese pasado te ayude a ser mejor persona".

En Prohibido nacer, se nos desvelan con milimétrico detalle las correrías del autor, sus peores pesadillas, aunque también se deslavaza su diálogo interior y su recorrido madurativo, en un marco de pensamiento marcado por su madre, una luchadora nata que le regaló el aprender a pensar. Marcado por el contenido social, el escritor no puede sino regalar aseveraciones como que "vivimos en un mundo en el que no vemos las implicaciones que nuestros actos tienen sobre los demás, porque no vivimos con ellos" o "mi madre ya estaba preparándome para vivir una vida de libertad mucho antes de que supiéramos que la íbamos a tener".

El libro recorre cual caleidoscopio la evolución personal de Noah, desde sus días de gachas, de rabia y racismo, de pena, en definitiva, en los suburbios de Alex o Soweto (un área urbana situada a unos veinte kilómetros de Johannesburgo, donde no hay ni tiendas, ni bares, ni carreteras asfaltadas, ni tendido eléctrico básico, ni sistema de alcantarillado rudimentario), hasta su mejora de estatus a pesar del lastre de su padrastro.

Tras sus andaduras vendiendo discos piratas y pequeños préstamos, Trevor Noah comenzó su carrera artística en la televisión sudafricana. En el año 2011 se mudó a Estados Unidos y su carrera se tradujo en éxito. Fue el primer cómico y sudafricano en realizar un monólogo en The Tonight Show y en aparecer en el Late Show with David Letterman. En diciembre de 2014, Noah se convirtió en colaborador fijo de The Daily Show, pero la sorpresa llegó cuando Joan Stewart, su presentador, lo nombró su sucesor en septiembre de 2015.

Desde entonces, Noah se ha convertido en una de las caras más conocidas de la sátira estadounidense más ácida y, más recientemente, uno de los mejores críticos de Donald Trump. Ahora nos muestra su pasado de sufrimiento, un dolor que

-a pesar de su transcurso- nos ha legado una obra maestra.

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