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Periodismo

La noticia que perdura

La noticia que perdura

La noticia que perdura

David Remnick (1958), director desde 1998 del mítico semanario The New Yorker, tiene un buen estilo periodístico clásico. Nombres concretos, verbos dinámicos, frases ágiles y llenas de contenido, párrafos sólidos que sostienen como si se tratara de vigas bien colocadas la estructura de la pieza, y transiciones ágiles y sutiles. Evita, por el contrario, la cháchara innecesaria, esa jerga sociológica en la que el periodismo incurre con más frecuencia de la deseada, y la tentación profética del reportero que pretende dárselas de adivino.

Remnick demuestra, en una selección de algunos de sus mejores artículos publicados en los últimos veinte años, una ávida curiosidad por entender los enigmas del mundo a través de sus protagonistas principales. Por las páginas de Reportero (Debate) desfilan Kate Graham, Tony Blair, Philip Roth, Al Gore, Don DeLillo, Václav Havel, Bruce Springsteen, Solzhenitsin, Putin, Netanyahu, Amos Oz y Arafat. O lo que es lo mismo un perfil revelador de "la matriarca de la conspiración de los medios liberales"; la campaña del masoquismo de un líder neolaborista en horas bajas; las obsesiones de un escritor fuera de peligro; las noticias como la narrativa de nuestro tiempo a juicio de otro; el adiós al castillo de Praga por parte de un discípulo de Ionesco y Beckett que trece años antes había asumido la presidencia de la República Checa con unos pantalones prestados; la nueva hora de una estrella del rock a los sesenta y dos años; la Rusia profunda; la tristeza imperial de un exKGB al frente del Kremlin; la soledad del forastero Bibi; la espiritualidad del novelista más famoso de Israel, o Palestina tras la muerte de su líder histórico. Todo ello guiado por la observación, trufado de conversaciones que conducen al lector por los laberintos del personaje y su circunstancia y la topografía del entorno en que se mueve. En algunos casos, las fechas de publicación de los perfiles animan al lector a cubrir la línea de puntos y puede que ese sea el único problema. Por ejemplo, Remnick, conocedor de la realidad rusa desde su época de corresponsal del Washington Post tendría ahora, doce años después, mayores elementos de juicio para diseccionar la trayectoria de Putin. Lo mismo sucede seguramente con Benjamin Netanyahu, que ha radicalizado su discurso para imponerse en unas nuevas elecciones.

No sucede así con el retrato redondo de la señora Graham a la que el periodista, entonces su empleado, expuso a las garras de un felino durante una visita al circo en Moscú. O con la campaña electoral de Blair para un tercer mandato cuando ya había perdido parte de su popularidad en el Reino Unido por culpa de las relaciones con Bush y la guerra de Irak. La historia, aquí, resulta de lo más divertido: el premier británico, a merced de sus asesores, se somete al castigo diario de comparecer ante los votantes y responder a las preguntas incómodas de los periodistas más asilvestrados. Como las de un medio sensacionalista durante una rueda de prensa en Downing Street que ante el anuncio por parte del gobierno de incrementar el salario mínimo, dispara: "¿Estaría dispuesto a limpiarle el trasero a alguien por ese salario mínimo ´más alto´?". O la de aquel otro tribulete que se interesa por si el primer ministro es un icono gay, a raíz de que Blair apareciese en la portada de Attitude. O el salto sin red de exponerse a la indignación social, cuando una señora, en medio de una sesión televisada en Coventry, le muestra las encías y le reprocha haber tenido que utilizar los alicates de su marido para arrancarse cuatro dientes podridos por la imposibilidad de disponer de un dentista en la sanidad pública, que Blair, sólo unos segundos antes, presumía de haber mejorado. La campaña arriesgada del masoquismo supone un salto al vacío tan oportunista como desesperada la emprendida sobre la naturaleza por Al Gore, producto de la frustración de no haber cumplido el sueño del despacho oval.

La portada de la reducida edición española -la original cuenta con nueve piezas más- sitúa en su frontispicio una cita del New York Times: "Los artículos de David Remnick son literatura". Ello nos lleva a Ezra Pound: "Literatura es la noticia que permanece". La noticia y todo lo que ayuda a entenderla. De hecho, el autor de Reportero, en su inmersión rusa, parafrasea a Vladimir Nabokov poniéndolo por testigo de que en la ciencia y en arte no hay placer sin detalles.

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