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Cine

Francis no muere

Los aniversarios y los premios son excusas, ¿por qué no?, para refrescar la memoria de los grandes talentos. El Premio Princesa de Asturias a Francis Ford Coppola es merecido porque sus destacadas obras siguen siendo, un cuarto de siglo después, maestras

Sofia Coppola y Andy Garcia en ´El padrino III´.

Sofia Coppola y Andy Garcia en ´El padrino III´. paramount/zoetrope

Hace unas semanas ensalzaba la vigencia de Orson Welles, nacido hace un siglo. Ahora le toca a Francis Coppola.

Comencemos con los ¿fríos?, datos: 51 premios, incluyendo cinco Oscars, 41 nominaciones en festivales o galas académicas. 74 créditos como productor, 34 como director, 27 como escritor...

Pasemos a la genealogía. Francis es hijo del compositor musical Carmine Coppola (tuve el placer de ver, hace décadas, un pase del Napoleón de Abel Gance en Madrid con orquesta real dirigida por ese gran hombre) e Italia Coppola. Padre de Sofia Coppola (guionista, directora y fugaz actriz), Roman Coppola (guionista de varias películas de Wes Anderson). Y tío de Nicolas Cage (nacido Nicholas Coppola) y Jason Schwartzmann (otro fijo en la tribu de Wes).

Rematamos con la chicha. Su obra. Es cierto que su época dorada, los años 70, es insuperable en su currículo y con pocos rivales en el de otros. En 1970 firmó el guión de Patton. En 1972 adaptó la novela y dirigió El padrino. En 1974 parió La conversación y El padrino II. 1979 trajo su consagración creativa y su ruina financiera con Apocalypse now.

La conversación (me centro en filmes dirigidos por el italoamericano) es una soberbia película en una temática difícil, incómoda. La de hombres encargados de espiar a otros por fines espúreos (por mucho que se le llame seguridad nacional). Igual que en La vida de los otros, la película muestra que es una labor que sólo pueden hacerla robots (lo que finalmente se ha implementado, vease Citizenfour).

El padrino (a secas) fue, es, una película redonda, que unió a críticos y público en unánime comunión. Poco se puede decir nuevo de ella. Se puede ver cien veces sin aburrirse, sin dejar de emocionarse. El guión, las actuaciones (Marlon Brando, Al Pacino, Robert Duvall, Diane Keaton, James Caan) o la dirección son casos de estudio.

La segunda parte también, por motivos diferentes. Coppola no vio nada claro la necesidad de hacerla. Los productores le presionaron, él no quería estropear la primera, la veía insuperable (lo era) y por mucho dinero que ganara, se jugaba su reputación creativa. Le convencieron a cambio de libertad absoluta. Se concentró en un tema que pone los pelos de punta (asesinar a tu hermano para mantener el negocio) y la remató con el prólogo en el que Robert de Niro recrea a un joven Vito Corleone. Además del tema, dos largas escenas permanecen en las retinas: el crimen durante la procesión de San Patricio, y el desenlace en el frío chalet junto al lago.

Apocalypse now es otra cima del séptimo arte. Es la mejor, con diferencia, y a la vez más libre adaptación de una novela de Joseph Conrad. El polaco quiso mostrar la tierra quemada, la destrucción física y moral provocada por la codicia de los occidentales en África. Coppola lo traslada al colonialismo más bélico en el sudeste asiático en el siglo XX. El río, africano o asiático, se convierte en una metáfora de descenso al abismo, colectivo y personal. La película -mejor su versión larga, Redux- se aprecia aún más leyendo la obra de Conrad, viendo el documental rodado por la mujer de Coppola (Corazones de tinieblas, también en libro) y, para conocer el entorno histórico, con El americano impasible de Graham Greene.

A partir de los 80 el duende se escurre. Corazonada le arruina, se levanta, cojeando pero vivo, con dos películas de bajo presupuesto, Rebeldes y Rumble Fish. Un trompazo más con Cotton Club y bandazos, no exagerados, con Peggy Sue se casó, Tucker o Jardines de piedra.

Los 90 abren con El padrino III. Otra vez pereza inicial, premura en el tiempo de producción (Coppola reconoce que su mayor defecto es no cuidar los detalles) y un tema potentísimo (obtener la honorabilidad tras décadas regadas de sangre) y escenas magistrales, como el atentado desde un helicóptero o el operístico tercer acto. El genio ha regresado pero se esfuma igual de rápido (Jack, Legítima defensa).

Tetro, su última película estrenada aquí, muestra gotas del maestro, mucha curiosidad y que ya no tiene la cabeza en el cine. Sus negocios gastronómicos o turísticos, o la edad, han mermado su ambición. Aunque no recupere la inspiración de los años 70, sigue siendo un grande. Uno de los mejores directores vivos actuales.

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