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Narrativa

Los enemigos de Willis McDaniel

Vernon E. Smith refleja el mundo de la subcultura de la heroína en el Detroit de los años setenta en ´Los reyes del jaco´

Vern E. Smith.

Vern E. Smith. TWITTER

Vernon Emile Smtih (Natchez, Mississippi, 1946) publicó en 1974 Los reyes del jaco, una novela hardboiled que aborda la subcultura de la heroína en el Detroit de los años setenta. Destacado periodista, con anterioridad le había dedicado su atención profesional al mismo tema, llegando a obtener por su trabajo el premio Detroit Press Club Foundation.

En 1971, desde Boston, George V. Higgins publicaba Los amigos de Eddie Coyle, sin duda una obra maestra del género por la frescura de sus diálogos y la naturalidad de su propuesta: "Me estoy haciendo viejo. He pasado toda la vida sentado en un antro cutre tras otro con una pandilla de pringados como tú, bebiendo café, comiendo carne estofada y viendo a otros volar a Florida mientras yo me devano los sesos preguntándome cómo demonios pagaré al fontanero la semana próxima. He estado en el talego y lo he resistido, pero no puedo correr más riesgos", le comentaba Coyle al joven contacto a quien le compraba las armas en esta novela de antihéroes crepusculares, buscavidas como el propio Eddie Coyle o Dillon, gente maltrecha a la caza de su última oportunidad. De esa pasta, de esa manera de narrar, está impregnada Los reyes del jaco (The Jones Men, en el original), aunque a diferencia de los de Higgins, los personajes de Vern E. Smith transpiran juventud y ganas de comerse el mundo.

En el Detroit de 1972 los traficantes de heroína de la zona oeste de la ciudad se pasean con sus Cadillacs, sus Magnums del 44, sus automáticas del 45, sus abrigos de piel de chinchilla, sus manos ensortijadas y su cucharita de oro prendida de una cadena al cuello para probar la mercancía. Son jóvenes negros que rebosan energía y cabreo. Los han enviado a Vietnam como carne de cañón y cuando vuelven expelen desencanto. Lennie Jack, el traficante de poca monta que da un golpe de mano para intentar desbancar al capo Willis McDaniel, explica ese sentimiento de frustración de manera inmejorable: "Nadie tiene nada que perder. Yo tampoco. Óyeme, yo he regresado de entre los muertos, y cuando pasas por eso comprendes que en la vida no hay nada que perder. Estuve en el puto Vietnam, y fue una locura. Disparé a mujeres y a cualquiera que tuviera delante. Mira esta herida, aquí arriba en el brazo izquierdo. Me alcanzaron con alguna clase de arma automática. Fueron unos francotiradores, un día que estábamos con la mierda al cuello en los arrozales de yo qué sé dónde".

Es un joven de veintiséis años que ha vivido mucho y deprisa, al igual que su socio y amigo Joe Rojo, y tiene claro que "en este mundo todos vivimos de prestado, así que si palmas, pues palmas". Por eso mismo está dispuesto a apostar muy fuerte para convertirse en el nuevo amo, porque como le dice el confidente Marshall al policía Al Lewis, los tiempos están cambiando y nada es como antes: "Hoy en día todo el mundo quiere dedicarse a la droga, pasearse con su bolsita. Ahora un chulo no es nadie, ¿lo sabías? [?] Todavía recuerdo los tiempos en que los chulos eran los reyes. Ahora solo hay reyes del jaco".

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