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Diario de Mallorca

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Australia a pulmón libre

La mallorquina Marta Terrasa plasma en ‘Winter in July’ vivencias, sentimientos, anhelos, algún miedo y los entusiasmos acumulados durante dos años recorriendo Australia en furgoneta

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Australia a pulmón libre M. T.

Un confinamiento también puede ser un buen recurso y una excelente oportunidad, la clave está en saber tomar conciencia de ello y aprovecharlo. Este ha sido el caso de Marta Terrasa (Palma, 1986). De las restricciones impuestas por la covid-19 ha salido su libro Winter in July, un diario personal reconvertido en obra trepidante y entusiasta, en algún punto arrolladora, en la que se reflejan las vivencias plenas de sus dos años de estancia en Australia a bordo de una furgoneta. El vehículo era su casa de referencia móvil a lo largo y ancho del amplio continente-isla, eso aparte de las estancias temporales en Sidney y, por supuesto, en todas las tiendas de campaña posibles. Aire y carretera, parques naturales y animales que aquí deberemos llamar exóticos y hasta desconocidos son los referentes de una experiencia intensa y vital que también tiene por brújula al viento y las tablas de surf, una pasión que al tiempo ayuda a equilibrar y sostener su relación sentimental con Tim, un australiano que Marta había conocido en la isla de Java y que, circunstancias de la vida y de los sentimientos, también se convierte en polo de atracción hacia una Australia destinada, en cualquier caso, a figurar en lugar destacado de las preferencias de la autora para residir durante una época, desde hace tiempo, después de una primera estancia en San Diego, California, gracias a una beca.

Marta Terrasa estudió periodismo en Barcelona y hoy es profesora de inglés en la Escuela Oficial de Idiomas de Palma. Es autora de Repensant Palma: converses amb Antoni Noguera (2020). Compagina su función docente con el trabajo de periodista freelance. Ha trabajado en La Vanguardia y Ara. Ahora colabora en IB3 Ràdio y su firma está presente en publicaciones del ámbito cultural, especialmente el musical, como Mundo Sonoro o s’Altre Música. «Siempre he escrito, es mi forma de relacionarme con el mundo», asegura.

El particular Invierno en julio de Marta Terrasa es un libro singular que se complementa con enlaces audiovisuales y musicales para presentar un panorama más íntegro de la estancia de una mallorquina en Australia. Son soportes enriquecedores pero no eran imprescindibles, porque la autora tiene la habilidad de desplegar unos textos hábiles y sinceros en los que el lector puede sumergirse con facilidad y encontrarse a gusto del mismo modo en que ella lo hace al coger una tabla de surf y adentrarse en el mar para domesticar las olas y congeniar con ellas, sea en Son Serra de Marina o en una playa de culto surfista en Australia.

Winter in July ha sido presentado en Santa Margalida con motivo de las fiestas patronales. Es la consecuencia de los vínculos que siempre ha mantenido la autora con la costa de este municipio. Editado por Tushita edicions dentro de la colección la maleta del viatger, acaba de salir la cuarta edición en catalán, mientras la protagonista de la obra prepara su versión en castellano. Por si acaso, ya en las primeras páginas, advierte que el lector no tiene entre manos «un libro de viajes al uso, este es el relato de 464 días de una vida vivida en Australia». El lector toma conciencia de esta realidad de forma inmediata porque la narración, las descripciones, no albergan dudas en este sentido. Lo experimentado y plasmado por Marta Terrasa Bonnín no alberga dudas en este sentido. Quizás resulta más ajustada una definición que la autora hace de su obra a la hora de conversar sobre ella: «Es una carta de amor a un país (Australia), a una persona (Tim) y también a Mallorca». Es así porque en esa lucha, en esa batalla interior vivida entre 2016 y 2018, permanece una pugna entre razón y sentimiento, entre talantes personales, que hacen ver como, al final, la estación final estará en la isla de origen. De hecho, una estancia intensa y larga en Australia también da para preparar oposiciones para la Escuela Oficial de Idiomas de Balears. Los horizontes son amplios dado que, mientras todo esto ocurre, «California permanece en el corazón». Marca el final de una época y da pie al inicio de otra.

Las historias personales plasmadas en Winter in July confluyen en un mundo lleno de contrastes, no solo personales, sino también culturales y geográficas. En este libro que cabalga entre el diario, la crónica, las impresiones y las vivencias hay páginas para pasmarse al ver como en un parque natural de Australia los campistas se registran por sí solos con un formulario y dejan el dinero del coste de la estancia en un sobre, cosa impensable en una latitud mediterránea, pero también para denunciar los precios abusivos de muchos de ellos o dejar patente la intranquilidad que siempre surge del ruido entre unas ramas de las que acaba apareciendo un animal de comportamientos y reacciones desconocidas.

También se es periodista en tiempo sabático y aventurero. Durante su estancia en Australia Marta Terrasa no puede mirar a otro lado cuando se percata de las problemáticas que confluyen en Sidney, la urbe de distancias infinitas que contrasta con la inmensidad natural del continente. Se fija en los comportamientos de la gente y tiene bien presentes las secuelas de las dificultades étnicas y la aniquilación de culturas aborígenes.

Australia es otro mundo en todos los sentidos. Quizás solo allí puede hallarse una entidad como el Bite Club integrado por unos 300 socios supervivientes de accidentes con tiburones. Una surfista extrajera como la autora de Winter in July se fija particularmente en ello y toma rápida conciencia de la importancia de saber distinguir entre la aleta de un delfín y un tiburón. No hablemos ya de las precauciones que se deben adoptar en tierra de cocodrilos.

En el equipaje mental de este viaje queda siempre un hueco necesario para la presencia del padre desaparecido de forma repentina y prematura, la añoranza momentánea de Mallorca, la acogida a familiares y amistades y el descubrimiento de relaciones singulares entre colectivos que hacen terapia en la playa, como Les Fruitis. Evidentemente, no todo es fiesta y distensión. A Marta Terrasa le queda espacio para hacerse eco de la dramática historia de Alice Springs y la desaparición de su bebé con un dingo, una subespecie de lobo, de por medio.

Una buena conocedora de Australia tampoco puede prescindir de la memoria y la acción de notables viajeros y exploradores anteriores como Beny King o un Steve Irwim, avezado entre cocodrilos, que la protagonista del libro asemeja a Félix Rodríguez de la Fuente e Yves Cousteu, pero que murió por picaduras de una manta enorme. Aún hubo tiempo en la estancia australiana de Marta Terrasa para un paréntesis en Barcelona, con el objetivo de reponer fuerzas y bolsillo, que le permitió volver a ejercer el periodismo con intensidad mientras la ciudad topaba con los atentados de la Ramba o vivía el referéndum el 1 de octubre.

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