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Diario de Mallorca

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Vivir sin plásticos

Tiendas sin manzanas empaquetadas ni pajitas desechables, con venta a granel y cápsulas de café compostables... Este es el futuro que intentan perfilar las nuevas leyes de residuos

Dispensadores de productos a granel en un comercio especializado. | FERRAN NADEU

Imagine la escena. Es un día cualquiera del año 2030. Entra en un supermercado. A primera vista, todo parece exactamente igual que en la década de los 20. Pero, si se fija, algo ha cambiado. En la zona de fruta y verdura, por ejemplo, ya no hay manzanas envueltas en capas de celofán y colocadas en bandejas de polipropileno. Tampoco hay rastro de las pajitas de plástico o de la cubertería de usar y tirar. Hay café, cómo no, pero ya no se vende envuelto en cápsulas de aluminio, sino en envases biodegradables. En los pasillos hay ahora secciones dedicadas a la venta de productos a granel. Todo es igual y, a su vez, todo es distinto. Al menos ese es el objetivo al que aspiran las nuevas propuestas legislativas que despegarán en los próximos años para intentar acabar con la avalancha de residuos plásticos que desde hace décadas inunda el planeta.

A finales de marzo, el Congreso de los Diputados aprobó definitivamente la nueva ley de residuos en España, una normativa que despliega una batería de medidas para reducir el empleo de plásticos de un solo uso: desde la prohibición explícita de vender productos de usar y tirar de este material (como pajitas, bastoncillos, platos y cubiertos) hasta la aplicación de un nuevo impuesto enfocado específicamente a los envases de plástico no reutilizables. Junto a esta normativa, fuentes de la Moncloa anticipan que a lo largo del otoño de este año se aprobará un nuevo real decreto centrado solo en los envases.

Catalunya, por su parte, prepara una norma, llamada ley de prevención y gestión de los residuos y de uso eficiente de los recursos, que incluye medidas similares, desde la persecución del envasado innecesario de alimentos hasta el fin de las bolsas de plástico de un solo uso, pasando por el veto a los productos cosméticos que contengan microplásticos. Baleares dio el paso un poco antes. Su ley de residuos, en vigor desde inicios del año pasado, contempla restricciones a las cápsulas de café: en las islas, en teoría, solo se pueden vender las que sean compostables o fácilmente reciclables.

Un supermercado con productos de charcutería envasados en plástico. | JORDI OTIX

España ha avanzado mucho en este campo durante los últimos años. Su tasa de reciclaje de residuos en general se encuentra todavía rezagada dentro de la media europea, pero no en los plásticos. Según los datos de Eurostat, la oficina de estadística comunitaria, el país reutilizó en 2019 (no hay datos más actualizados) el 51,5% de los residuos de envases de este material, solo por debajo de Lituania (69,6 %), Chequia (61,0 %), Bulgaria (59,3 %), Países Bajos (57,2%), Suecia (53,2%) y Eslovaquia (52,8 %). Pero tan o más relevante es la tendencia: en 2010, la tasa española en este ámbito se situaba en solo un 29,2%.

Sobre el papel, la guerra contra el plástico está clara. Y más después de la aprobación del primer acuerdo internacional contra el plástico acordado el pasado marzo por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el que 175 países, incluida España, se comprometieron a trazar planes para reducir el impacto ecológico de este material en todo su ciclo de vida. Los más optimistas definen esta declaración como «el compromiso global más importante desde el Acuerdo de París». Los más escépticos, en cambio, recuerdan que antes de cantar victoria habrá que ver cómo todas estas promesas se trasladan a la realidad.

Una pareja pionera

«El gran problema del plástico es que, como sociedad, estamos tan acostumbrados a él que hemos convertido en algo normal usar una cucharilla desechable durante 30 segundos y justo después tirarla a la basura, donde tardará cientos o miles de años en degradarse», explican Patricia Reina Toresano y Fernando Gómez Soria, dos activistas que llevan más de siete años viviendo sin plásticos y narrando sus experiencia en Vivirsinplastico.com. «Hay quien piensa que renunciar al plástico supone un retroceso, cuando el verdadero fracaso es llenar bolsas y bolsa de basura con plásticos que solo se han usado una vez. O ver que las estanterías de los supermercados están repletas de productos envueltos, de manera innecesaria, en varias capas de plástico», comentan.

España produce cerca de 1,6 millones de toneladas de plásticos al año. El equivalente a 34 kilos anuales por persona, apunta el análisis The plastic waste makers index, de la fundación Minderoo. La gran mayoría se utiliza para fabricar productos de un solo uso (como es el caso de los envases desechables). Según estima un reciente informe de Greenpeace, al menos el 50% de los desechos plásticos generados en España no se reciclan correctamente y acaban en los vertederos. Una parte de estos, a su vez, acaban arrastrados hasta el Mediterráneo. En este mar, que solo representa el 1% del agua del planeta, se vierten más de 230.000 toneladas de plástico al año, calcula un estudio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).

Cultura de usar y tirar

«Tenemos que deshacernos de la cultura del usar y tirar y apostar por un modelo de consumo más sostenible. No hace falta renunciar a nada, ni cambiar radicalmente nuestro estilo de vida. Solo hay que ser más conscientes de qué y cómo compramos», argumentan Reina y Gómez. En su caso, explican, en 2015 empezaron el reto personal de reducir su consumo de plástico. En un primer momento, dado que encontrar alternativas a este material era complicado, la pareja se dedicaba a fabricar sustitutos caseros para la pasta de dientes y los productos de limpieza. Pero en los últimos años, gracias al boom de los productos ecofriendly, cada vez es más fácil encontrar alternativas sostenibles y libres de plástico.

Vivir sin plástico, explican los activistas zero waste, empieza por gestos tan sencillos como hacer la compra con una bolsa reutilizable. Comprar lo mismo, pero a granel (una opción que por ahora solo se limita a un puñado de tiendas especializadas pero que, en un futuro, también se incorporará a los grandes supermercados). Escoger los productos que generen menos residuos, como las cápsulas de café reutilizables o compostables. Cambiar compresas y tampones por artículos más duraderos, como las copas menstruales. O apostar por artículos de nueva generación como, por ejemplo, los productos de limpieza que se venden en tiras de papel y que se diluyen en agua.

«Necesitamos un cambio real. No cambiar el agua embotellada por agua en tetrabriks. O las pajitas de plástico por pajitas de cartón envueltas en una capa plástico», ilustra Reina. «La crisis del plástico es el elefante en la habitación. Todo lo vemos, sabemos que es un problema y, aun así, durante décadas hemos decidido ignorarlo. Para acabar con este problema necesitamos medidas reales y ambiciosas, no parches», zanja Gómez.

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