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Galerías comerciales: de encarnar la modernidad a luchar por sobrevivir

Bajo la Plaza Mayor solo sigue abierta una barbería. El Colegio de Ingenieros Agrónomos es el único local operativo en las galerías avenidas. En las Velázquez el último negocio que queda de los inicios, viajes fama, prepara su mudanza ¿Es el fin de estos pasajes?

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Galerías comerciales: de encarnar la modernidad a luchar por sobrevivir Mar Ferragut

Un cartel de ‘Se vende’. Otro que informa: «Nos hemos traslado». Un maniquí, solo y desnudo. Una butaca ochentera de falsa piel frente a una mesita metálica en una sala totalmente vacía. En una esquina un local aparece intacto, atrapado en el tiempo como un resto arqueológico de Pompeya, con las estanterías llenas de las baratijas que intentaban colar a los turistas. En Italia fue el Vesubio el que cubrió todo de lava y ceniza; en las galerías de la Plaza Mayor ha sido la falta de planificación la que ha cubierto todo de polvo y abandono.

Otro escenario. También en una zona céntrica de Palma, vibrante de vida y actividad económica. Al atravesar el umbral, aparece un inesperado panorama kitsch: imitaciones de cuadros renacentistas italianos colgando del falso techo; pizarras que llevan años anunciando raciones de callos a 6,50 euros; los restos de lo que fue una tienda de juguetes por control remoto. Y también carteles de Se Vende (o ‘Se intenta vender’). Los palmesanos de más de 40 años recuerdan los tiempos de esplendor de las Galerías Avenidas, que fueron languideciendo poco a poco a pesar del intento que hizo un restaurador en 2013 de convertirlas en un patio de comidas bajo el nombre de Da Vinci (de esa fugaz época quedaron los cuadros italianos colgados del techo).

No muy lejos de allí, quedan las terceras grandes galerías comerciales de Palma. En comparación, las Galerías Velázquez son las que mejor han aguantado el paso del tiempo pero han perdido mucho brío. La entrada de la calle Josep Tous i Ferrer está llena de pintadas y el abandono es palpable para los turistas que entran sin saber dónde van y para los ciudadanos que atajan por allá. Los establecimientos de toda la vida han desaparecido (resistía Viajes Fama, pero tienen previsto mudarse este verano), aunque al menos han abierto algunos nuevos, atraídos por alquileres asumibles, y por allí sigue pasando gente: no es poco, viendo la situación de lo sucedido en la Plaza Mayor y en las Galerías Avenidas.

En su días, estos tres escenarios, entre los años 70 y 90, vistieron Palma de modernidad y futuro. Cada palmesano se acuerda de algún negocio en especial: Casa Codina, Almacenes Tiburón, Discos Aloha... Hoy el pequeño comercio lucha para no ahogarse ante las grandes superficies y la competencia online, y estos espacios viven un delicado momento: o acaban de morir del todo o llega un impulso renovador que las haga renacer. Mientras, unos cuantos náufragos resisten.

El peluquero Vladimir Pérez es conocido como el último superviviente de las Galerías de la Plaza Mayor. En 2019 acabaron los 50 años de concesión municipal del 70% de los negocios y el resto, de propiedad privada, huyeron del abandono del recinto ¿Todos? No, siempre hay una aldea gala que resiste: Barbershop Vladi.

El barbero convive allá abajo con el guardia de seguridad y con la señora de la limpieza. Mientras ellos hacen sus respectivas rondas, Vladimir diseña peinados y apura barbas. Al menos clientela no le falta: «Vienen por redes sociales, conciertan la cita por internet y aprecian la privacidad, muchos son famosos, gente de la ‘tele’ y futbolistas, y esto les resulta muy cómodo, aparcan en el parking , suben directamente aquí y nadie les molesta», asegura.

Aunque se queda con lo positivo, obviamente echa de menos el trajín de gente que iba al supermercado (tan añorado por todos los vecinos de la zona) y cree que después de tantos años de parálisis el Ayuntamiento debería dar alguna solución ya, para evitar que continúe la degradación y que aquello se convierta en un foco de inseguridad: «El otro día ya pillé a uno haciendo un graffiti y lo eché, pero ya no voy a hacerlo más, no es mi trabajo y a ver si acaban haciéndome algo a mí».

Como es lógico, le gustaría que las galerías revivieran: «Creo que tendrían que dejar los locales a precios asequibles para jóvenes emprendedores, si no vendrán los de siempre y volveremos para atrás».

Desde que acabó la concesión, hace tres años, el Ayuntamiento ha hecho una encuesta y un concurso de ideas para decidir el futuro de este espacio, pero no ha puesto nada en marcha. Según Cort, la pandemia y la falta de personal del departamento responsable han ralentizado el proceso, hasta que finalmente desde el área de Modelo de Ciudad que dirige Neus Truyol han decidido paralizarlo y postergarlo todo hasta 2023. Así, el alcalde Hila concluirá su segundo mandato al frente de Palma sin haber alumbrado una nueva vida bajo la Plaza Mayor ni en los locales de la Costa del Teatre, también de propiedad municipal y en estado de abandono desde hace años.

No muy lejos de allí, junto al Mercat de l’Olivar, otro pasaje cubierto añora los tiempos mejores: las Galerías Velázquez. En esta arteria comercial nuevos negocios han tomado el relevo a los de antes, pero la degradación se ve a simple vista (locales medio abandonados, grafittis...). De toda la vida, de la buena época, sólo resiste Viajes Fama, pero tras más de 30 años allí este verano se trasladará al principio de la calle Manacor.

Tenían que reformar el local «de arriba a abajo» o mudarse y tras tanto tiempo a cubierto querían «salir a a la calle», razona Francisco Martínez, al frente de la agencia que antes se llamaba Vinci y que abrió su hermano Felipe.

«Aquí había de todo, esto era como un ‘mini Corte Inglés’», asegura Francisco, «y éramos como una familia, quedábamos para decorar todos juntos en Navidad, las tiendas de ropa organizaban desfiles de moda y desfilaban nuestros hijos...».

Parece que eso fue hace siglos. Muchos locales están vacíos, otros se usan de almacén (una época incluso hubo okupas) y aunque sigue pasando gente el tránsito es mucho menor desde que se peatonalizó la calle Velázquez: «No pasa ni una cuarta parte de la que pasaba antes», lamenta Francisco.

Mientras habla, Mercedes Luzuriaga va asintiendo y sacudiendo la cabeza, expresando su nostalgia por el pasado y su desagrado por el estado actual del recinto. Allí ahora conviven negocios como peluquerías africanas, un centro de manicura, despachos de asesoría jurídica, una oficina de seguros o el bar Las Niñas, que da a calle Velázquez y tiene unas cuantas mesas dentro y una nutrida clientela de habituales que dan vida y alegría a esa parte de las galerías.

Mercedes, que hoy pasa de los 90 años, fue la vecina de Viajes Fama durante muchos años: justo enfrente regentaba la tienda de lanas Pingouin Esmeralda. Muestra con orgullo el pomo de la puerta, con la forma del logotipo de la marca de lana que despachaba. «No quiero vender el local , es muy bueno, ya cuando me muera pues mi hija que haga lo que quiera, yo no lo vendo», se resiste.

Mercedes vive cerca y pasa con frecuencia por estas galerías tan importantes en su biografía. Comenta con Martínez los cotilleos. Al parecer, señalan, hay un inversor que está comprando todos los locales que puede. Desconocen sus intenciones. ¿Tendrá un proyecto para este espacio emblemático? No lo saben.

En el otro centro económico de Palma, el que se creó a raíz de la llegada de El Corte Inglés, otros supervivientes aguantan en solitario en las Galerías Avenidas. El Colegio de Ingenieros Agrónomos de Levante (COIAL) posee y ocupa el único local que sigue abierto en este pasaje de envidiable ubicación.

Felip Gelabert, delegado en las islas de este órgano colegial, explica que adquirieron esta oficina hace más de 20 años, atraídos por su ubicación. Aún había negocios abiertos, la zona estaba «en auge» y se veía que la llegada de los grandes almacenes aún la potenciarían más. Además, estaba bien de precio. Todo pintaba bien. Hasta que el modelo de las galerías empezó a decaer y las tiendas fueron cerrando. La casa de apuestas y el estanco fueron de los últimos en bajar la persiana. Así, se quedaron solos, hasta que en 2013 un inversor trató de revivir el pasaje creando las Galerías Da Vinci, un mercado gastronómico al estilo del ya desaparecido San Juan de S’Escorxador o del Mercat 1930 del Paseo Marítimo. La intentona no salió bien y el COIAL se volvió a quedar solo.

Sandra Hernández es la secretaria de la delegación, que está abierta tres mañanas a la semana. Ella se encarga de abrir la barrera de la entrada de las Avenidas . La que da a la plaza Alexandre Jaume se dejó de abrir por la pandemia, con lo que ya no pasa nadie por ahí.

Cuando acaba su jornada, antes de cerrar la barrera de acceso, da un paseo entre los locales (muchos siguen mostrando las pizarras con el menú del último día que estuvieron abiertos) para asegurarse de que no hay nadie por ahí. Trabaja de día y no le da miedo estar sola, aunque tiene la puerta de la oficina cerrada con llave por lo que pudiera ser. Ella recuerda la época buena de las Galerías Avenidas. Ahora ha tenido que dar aviso de que se están empezando a caer los marcos de los cuadros estilo renacentista que cuelgan del falso techo. «Menos mal que no pesan», bromea.

No es el único problema con el que se encuentran los responsables de esta delegación del COIAL. Aparte de no ser la imagen ideal que les gustaría transmitir como colegio, tienen que asumir en solitario cuestiones como la limpieza y combatir la presencia de cucarachas y ratas, un tema de salud pública en el que Gelabert cree que se deberían involucrar los propietarios del edificio (son un centenar frente a los seis dueños de los locales comerciales). La cuestión está en manos de abogados ahora mismo.

Tanto el órgano colegial como los otros dueños de los locales son conscientes de la dificultad de sacarles algún beneficio con las galerías en estas condiciones y por eso lamentan que, por diferencias de opinión en la comunidad de propietarios, no haya tirado adelante ninguna de las propuestas que han recibido de inversores que querían usar todo el recinto para ubicar allí negocios como un gimnasio o un supermercado.

«Eran buenas oportunidades», lamenta Felip Gelabert, que así las cosas solo ve dos salidas: «O se reactiva o que se cierre ya definitivamente del todo y nos iremos».

El delegado en Balears del Colegio Oficial de Ingenieros Agrónomos de Levante resume así la encrucijada de las galerías comerciales: o llega ya un impulso renovador que les dé una nueva vida aprovechando sus ventajas (espacios ubicados en pleno centro con precios mucho más bajos que en el exterior) o que se den ya por muertos estos recintos y se acabe la agonía.

Los pequeños pasajes que sí se mantienen

Al hablar de galerías, los palmesanos piensan en Velázquez, Plaza Mayor y Avenidas y no tanto en las Galerías Jaime III o en las Miguel Juan Ribas, que son más bien pasajes. Otro espacio comercial cubierto ‘de toda la vida’ está en los bajos del Edificio San Miguel, en Costa de la Pols. Allí lleva desde 1975 un clásico: Novias Leo. Paquita Carrió ha visto desde entonces «mucha rotación» de establecimientos (ahora hay alquiler de bicicletas, interioristas, un negocio de manicura...). En 2019 Charly Ferrer abrió allí su tienda Mönomï, huyendo de alquileres enloquecidos: «Estaba en San Nicolás y me querían subir de 2.400 a 9.000 euros. Aquí no pago ni 500, estoy en el centro y mis clientas nos conocen y vienen por las redes sociales», resume: «Es ideal para el pequeño comercio». 

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