Suscríbete

Diario de Mallorca

Contenido exclusivo para suscriptores digitales

Árbitros de fútbol de Baleares: «Somos una válvula de escape para la frustración»

Miembros del colectivo arbitral de fútbol de balears alzan la voz para denunciar la violencia que sufren cada fin de semana, poniendo el foco en su normalización alrededor de un campo

Los árbitros alzan la voz contra la violencia en el fútbol balear

Los árbitros alzan la voz contra la violencia en el fútbol balear

Para ver este vídeo suscríbete a Diario de Mallorca o inicia sesión si ya eres suscriptor.

Los árbitros alzan la voz contra la violencia en el fútbol balear Miguel Chacártegui

Vejaciones, insultos y agresiones tanto físicas como verbales. Por desgracia, este es el pan de cada día para muchos árbitros de fútbol de Balears, que continuamente sufren la ira y frustración por parte de determinados aficionados, jugadores y entrenadores. El ataque sufrido por Joan Miquel Reus Porra, de tan solo 22 años, por el cual sufrió una perforación de tímpano, fue el detonante de una ola de indignación tanto local como nacional que llevó a los colegiados del archipiélago a parar el fútbol durante un fin de semana.

Un acto de denuncia que, además de servir para demostrar que están juntos en este lamentable problema, no quieren que caiga en saco roto. Diario de Mallorca reúne a varios árbitros, tanto en activo como jubilados, para tratar de esclarecer las causas y las soluciones para acabar, si se puede, con la lacra incesante que azota los campos de fútbol. Un problema mayúsculo que se ha venido repitiendo a lo largo de muchos años, aunque no ha sido hasta ahora cuando se han tomado cartas en el asunto.

A pesar de tener puntos de vista dispares en varias cuestiones, los colegiados convocados por este diario coinciden en uno: «La violencia no va a desaparecer del fútbol, pero puede reducirse». «Siempre va a haber violencia porque es algo inherente a la sociedad», comenta José Estévez, árbitro de Tercera División y uno de los representantes arbitrales de su categoría.

«En el mundo del fútbol, por desgracia, cabe todo. En las categorías profesionales apenas pasa. En el fútbol regional hay menos cámaras, menos seguridad y menos sanciones», apunta Biel Alemany, excolegiado y linier en Primera División durante siete temporadas. Un punto en el que concuerda al cien por ciento Estévez, que defiende que en las máximas categorías sí que han tomado decisiones drásticas. «En Primera se han llevado acciones para erradicar la violencia, tales como el cierre de campos, la expulsión de los ultras, análisis de partidos de riesgo… Si se acometen acciones, la violencia disminuye. Yo lo que veo es que en el fútbol ha habido barra libre para que cada uno hiciese lo que quería. Parece que es gratis. Faltan sanciones desde hace años que ayuden a parar de verdad el problema», destaca.

Según datos de la Comisión Antiviolencia de la Dirección General de la Guardia Civil, el 70% de los partidos suspendidos por los árbitros se originan por tanganas entre jugadores, entrenadores y directivos. Ramón Mulet, árbitro e informante del Comité Técnico de Árbitros de les Illes Balears (CTAIB), defiende la labor que deben realizar los clubes: «Tienen mucho trabajo interno por hacer para erradicar esas conductas violentas. Y después, donde tiene que estar toda la artillería es en las federaciones y en los comités de competición». «Hay un incidente grave con denuncia penal cada 106 partidos. No debe haber laxitud con la violencia en los comités», añade.

Estévez, por su parte, explica que son muchos los clubes mentalizados en la lucha contra la violencia, aunque reclama mayor predisposición por parte de la FFIB. «Hace un par de semanas tuvimos una reunión a petición de los clubes en las que compartían muchas de nuestras peticiones. A ambas partes se nos decía que no se podía hacer porque la otra parte no estaba de acuerdo», expone. «Se ha pedido a la Federación, tanto árbitros como clubes, que tengan una lista de esos jugadores o de esos padres reincidentes para que no puedan participar en otro encuentro, en otro equipo. No han tomado esas determinaciones. Y tener esa concienciación o esa identificación de qué jugadores o qué personas son violentas puede ayudar mucho, porque a lo mejor no se trata de sancionar, se trata de ver qué problema hay en esa persona», insiste.

Además, apunta que este tipo de acciones son sencillas de realizar, pero que por un motivo u otro no se han llevado a cabo. «Nos estamos encontrando muchas veces con la misma barrera: que hay una organización o dos superiores que no tratan de hacer nada», zanja.

La prohibición de venta y consumo de alcohol en los recintos deportivos, algo prohibido según la Ley del Deporte de 2006, pero ignorado a todas luces, es otro de los aspectos en los que coinciden, aunque con matices en su opinión. «No lo prohibiría en los bares, porque quien quiere venir borracho ya viene borracho de fuera», se resigna Alemany. «El alcohol no es malo de por sí, el problema es el abuso. Entonces, lo que está claro es que está prohibido, pero hay una norma que no se cumple. A partir de ahí tenemos que estar por la labor de que se cumpla. Y si no se hace, quítala. La persona que vaya con síntomas claros de embriaguez es una persona que tiene que quedarse fuera del campo, porque eso es una bomba de relojería», añade Mulet.

Tras coincidir en que existe un problema de educación de base en los individuos violentos, la solución parece más complicada de conseguir. Alemany, que las ha visto de todos los colores a lo largo de su trayectoria desde Primera hasta el fútbol regional, cree que es necesaria la creación de una figura con ficha federativa encargada de velar por el orden en los campos de las islas. «Puedes tener otra ficha de una persona única, exclusivamente de seguridad, nombrado por el club y miembro de la directiva responsable para que esté dando vueltas cada cierto tiempo. Y si hay uno que usted le invite a salir y no quiera, llama a la Policía. Se solucionaría», propone.

No prohibiría el alcohol en los bares, el que quiera venir al campo borracho lo hará»

Biel Alemany - 64 años. Excolegiado, arbitró durante 7 temporadas en 2ª B, actuando como linier en Primera y Segunda.

decoration

Para Mulet, además de endurecer sanciones, es fundamental la instalación de cámaras. «Para la prevención es básico que haya cámaras en los campos de fútbol, porque si hay una, se rompe la espiral de la violencia», resalta. Estévez, en cambio, cree que hay que apostar por el estudio de las acciones violentas y tomar medidas en consecuencia. «Lo que no puede ser es que no sepamos cuántos incidentes ocurren cada año o qué efecto han producido las medidas que se han tomado. Por ejemplo, yo creo que en los últimos años la única medida eficaz realmente es la suspensión de partidos. Con esos datos no solo hay que focalizarse en sanciones, sino también en educación», remarca.

Por desgracia, la violencia en los campos de fútbol de Balears es un mal inacabable que no parece tener solución sencilla a corto plazo. Son muchos los casos de violencia contra colegiados, tanganas entre equipos y otros terribles acontecimientos que no han trascendido públicamente, muchas veces al ser prácticamente ignorados por los propios estamentos encargados de sancionarlos.

Faltan sanciones desde hace años para ayudar a detener de verdad la violencia»

José Estévez - 38 años. Árbitro en Tercera RFEF, también es uno de los representantes del colectivo arbitral de su categoría.

decoration

Cuestionados sobre si siempre se sienten en el centro de la diana, apuntan a la frustración como la causante de muchos episodios violentos. «Somos la herramienta ideal para la proyección de la frustración. Muchas veces perdemos la noción de que no somos árbitros, somos jueces. Nosotros juzgamos cada lance del juego. La culpa es del árbitro hagamos lo que hagamos. Eso en psicología se llama proyección, que es un mal endémico en nuestro caso», analiza Mulet. «Somos la válvula de escape de muchas personas. De jugadores, entrenadores y de público. Si han ganado, bien. Pero si han perdido, peor. Pero esto va con el arbitraje», reconoce Alemany.

En el vestuario, tras el puñetazo, pensé seriamente en dejar el arbitraje»

Joan Miquel Reus - 22 años. Árbitro de 2ª Regional, empezó con 16 años y la agresión que sufrió en febrero fue el detonante para el parón.

decoration

Más allá de la violencia física, también hay casos en los que unas palabras pueden hacer mucho más daño que un golpe cobarde. Fede Saiz, árbitro de fútbol base y una de las grandes promesas de la cantera balear al participar en partidos de categoría nacional, relata el peor episodio que ha vivido en un terreno de juego. A pesar de haber sufrido en el pasado una agresión por parte de un aficionado en un partido en Manacor, cuenta que fue mucho peor una frase que recibió en un encuentro fuera de Balears. «Fui como linier a un partido en Catalunya, donde apenas unos días antes se habían sucedido los atentados de Cambrils. Además del lanzamiento de objetos, algo casi ya normal, me dijeron desde el público: «Linier, tendrías que haber sido tú uno de los muertos de Cambrils». Solo pude pensar en que se pusieran en la piel de la gente que sufrió y perdió a seres queridos», cuenta.

Los clubes tienen que realizar pedagogía interna para erradicar la violencia»

Ramón Mulet - 52 años. Informador para el Comité Técnico de Árbitros de Balears y colegiado en fútbol base.

decoration

El caso de Reus Porras, agredido por un futbolista durante el choque entre Xilvar B y Son Ferrer, fue la gota que colmó el vaso para el colectivo arbitral de las islas. Tras varios meses de negociaciones y propuestas para buscar soluciones, su caso unió a todos sus compañeros para plantarse y pactar un parón de un fin de semana en el fútbol balear. En total, unos 700 partidos dejaron de disputarse entre el 18 y el 20 de febrero. En su caso, reconoce que en un primer momento pensó en tirar la toalla, pero que gracias al apoyo de los suyos y del colectivo decidió seguir apostando por el arbitraje. «Yo lo hice en el momento en el que estaba en el vestuario, porque estás ahí que te acaban de pegar y no escuchas por el oído. Me sorprendió para bien todo el apoyo que recibí, especialmente de árbitros de Preferente y Tercera», recuerda.

Como linier me dijeron que tendría que haber muerto en los atentados de Cambrils»

Fede Saiz - 28 años. Árbitro de fútbol base, es considerado uno de los grandes valores del colectivo arbitral de Balears.

decoration

Pese a todo lo que tienen que soportar, reconociendo también que se equivocan en decisiones pero dejando claro que nunca a propósito, todos ellos concuerdan en que la pasión por el fútbol y el arbitraje es lo que les mueve a seguir en esto. «Hay que tener unos principios, unos valores de ser ecuánime. Una máxima que siempre defiendo es que el fútbol es de inteligentes, pero el arbitraje de superdotados. Tienes que ir un paso por delante, anticipar jugadas y reacciones y tener un sexto sentido para tomar mil decisiones en milésimas de segundo», concluye Mulet. «Es otra manera distinta de ver el fútbol. Y una vez ya estás dentro, no me preguntes porqué, pero engancha mucho», concluye Saiz.

El fútbol, explican, no es un deporte violento, pero sí que se ha normalizado la violencia a su alrededor. Los árbitros, más unidos que nunca, esperan que todas las desgracias acaecidas, todos los movimientos que se han generado en los últimos meses, ya sea a través de parones, cursos y acciones, sean capaces de acabar con un problema que está ensuciando cada día que pasa el deporte rey.

Compartir el artículo

stats