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Oblicuidad | Este artículo utiliza nombres falsos

Las calamidades del periodismo ecuménico woke son una broma por comparación con el recurso deontológicamente insufrible a la falsificación de la identidad de los protagonistas en un reportaje. Con la excusa y la falsa pretensión de que se abordan asuntos a vida o muerte, todas las piezas sobre geografías deprimidas y aterrorizadas deberían expedirse bajo el membrete «Este artículo utiliza nombres falsos».

Cuando Pedro no se llama Pedro, ¿qué queda del periodismo? Lees el reportaje número mil sobre Afganistán, donde se advierte que «Ibrahimi no quiere dar su nombre real por miedo a los talibanes». Ahí está el problema, en que nadie tiene miedo a los lectores porque se les considera inofensivos. Bien es verdad que los personajes de estas crónicas son intercambiables, pero desfigurarlos atenta contra la integridad del relato. El consumidor tiene derecho a preguntarse qué otros datos se han distorsionado, empezando por las palabras del embozado. Así empezó Kapuscinski, y se ha acabado por impugnar el grueso de su producción.

La mujer afgana que protagoniza otro reportaje declara que «me matarían si supieran que estoy diciendo esto». Por supuesto, a continuación se enmascara su identidad. Un ser racional replicará que sin esta cobertura no podríamos informarnos sobre la realidad afgana. Sin embargo, la obediencia a los cánones implica que sería preferible omitir el nombre a adjudicarle uno erróneo. ¿En qué mejora «el taxista» cuando se adjunta «el taxista Omar», sobre todo si no se llama Omar?

Los nombres erróneos son otra secuela indeseable de la «no-ficción creativa». El autor no se conforma con ser celebrado por su documentación, necesita que lo feliciten además por su inventiva. Las alarmas deberían saltar cuando le mejor revista europea, Der Spiegel, nos presenta a «Milad, cuyo nombre se ha cambiado para proteger su identidad». Sería más correcto apuntar que el camuflaje pretende falsear su identidad.

Los nombres inventados son otra trampa disfrazada de exceso de realidad. «No es su nombre verdadero» es muy fácil de traducir por «este artículo utiliza datos falsos». Uno de los casos flagrantes es el muy citado «dijo Dios». Tampoco es su nombre verdadero, de ahí la manipulación de sus palabras.

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