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Las movilizaciones ecologistas en Mallorca

El historiador Gabriel Mayol Arbona presenta la publicación «En defensa de la terra. - Mobilitzacions ecologistes a Mallorca (1983-2007)» - Propone que las administraciones públicas instalen rótulos en diversos idiomas que recuerden los lugares que han sido preservados gracias a la acción colectiva del pueblo de Mallorca

Movilización a favor de proteger es Trenc en septiembre de 1983.

La relación ente movimientos sociales e identidad es vigente en la aparición de una identidad reivindicativa de los mallorquines y representa también un cierto orgullo. Han servido de autoestima como pueblo y en los que la gente ha plantado cara» expuso el doctor en historia y profesor de secundaria, Gabriel Mayol Arbona, en la presentación del libro En defensa de la terra. Mobilitzacions ecologistes a Mallorca (1983-2007) celebrada en Montuïri junto a Maria Muntaner, de Edicions Lleonard Muntaner y de Margalida Ramis, portavoz del GOB.

«Esta identidad se mueve en una red de relaciones sociales e influencias que apelan a las emociones de perder un paisaje apreciado, al padecimiento económico o al retroceso de la cultura propia», matizó.

Las movilizaciones que tuvieron lugar entre 1983 y 2007 han sido [en este tipo de movimientos] las más potentes en el sur de Europa y representan un orgullo para Mallorca. Convirtieron el movimiento ecologista en el más dinámico y con mayor influencia en las tres primeras décadas del período autonómico insular. La mayoría se dirigieron a las instituciones insulares de autogobierno.

Mayol Arbona señala tres factores determinantes. En primer lugar, apunta al final del franquismo, la Constitución de 1978 y la recuperación del autogobierno. 

El segundo se refiere a la capacidad de los impulsores de las movilizaciones proteccionistas de adaptarse al modo socioeconómico imperante en Mallorca, basado en el sector terciario y de manera especial en el turismo. En este apartado mencionó la marginación y estigmatización que han sufrido los opositores a las urbanizaciones, tal es el caso de personas de Campos y Santanyí acerca de la defensa de es Trenc y Cala Mondragó. 

Por otra parte, abogó para que las administraciones públicas instalaran rótulos en diversos idiomas que recordasen los lugares que han sido preservados gracias a la acción colectiva del pueblo de Mallorca.

En el tercer aspecto expone que la alianza social tuvo una incidencia tan importante gracias a las organizaciones profesionales con capacidad de dar continuidad y solidez a las movilizaciones, «entre las cuales se halla indudablemente el GOB, la entidad con más presencia en la gran mayoría de protestas compartiendo rol con el PSM y la OCB».

Las protestas a favor de salvar Mondragó cortan la carretera en noviembre de 1989. DM

Tres etapas

En su estudio, el también regidor de Cultura del ayuntamiento de Montuïri, establece tres etapas en el movimiento ecologista: entre 1983 y 1992, entre 1992 y 1998 y entre 2003 y 2007.

La primera comienza con la protección de sa Dragonera durante la fase preautonómica y continúa con las manifestaciones por es Trenc, Cabrera, sa Punta de n’Amer, sa Canova, Cala Mondragó y s’Estalella. 

En la segunda se encuentran la movilización en favor de la Llei d’Espais Naturals, contra la incineradora de Son Reus y en protesta por la proliferación de urbanizaciones.

La tercera se halla protagonizada por la política urbanística y de infraestructuras encabezada por Jaume Matas y Maria Antònia Munar, ya en el siglo XXI. Aquí se encuentran la Autopista No, Salvem la Real, NO al 2n Cinturó, Qui estima Mallorca no la destrueix y Salvem Mallorca

Para conseguir sus objetivos, las movilizaciones mallorquinas se desarrollan mediante dos estrategias. Por un lado la presión social, especialmente sobre los partidos políticos para que actúen o rectifiquen su política y por otro, si estas actuaciones no surgen efecto, la decisión de los promotores de acudir a los tribunales, que comenzó el GOB con sa Dragonera y siguieron otras como Salvem la Real.

Gabriel Mayol posa con su libro.

Gabriel Mayol posa con su libro. B. M.

Cronología

Los dos primeros conflictos emblemáticos fueron sa Dragonera y es Trenc. En la mitad de los años ochenta llegaron las movilizaciones para salvar lugares concretos de la costa mallorquina amenazada por algún tipo de urbanización. Se documentan causas locales como la manifestación en Santanyí por Cala Mondragó, sa Canova d’Artà o sa Punta de n’Amer en Sant Llorenç des Cardassar.

Un caso singular resultó el de Cabrera por los intereses que las Fuerzas Armadas, el Gobierno Español y Casa Real tenían en el archipiélago. La dimensión estatal -e incluso, la internacional- propiciaron que las protestas no solamente fueran encabezadas por el GOB, sino que se implicó «una organización de mayor bagaje y experiencia como era Greenpeace».

A partir de la década de los noventa, el crecimiento de la presión urbanística en toda Mallorca -y no solamente en la costa- así como la madurez del movimiento ecologista plantearon una solución global al problema de la construcción desmesurada. 

La defensa, no conseguida, de la Llei d’Espais Naturals de 1992 y la manifestación por la moratoria de las urbanizaciones de 1998 iniciaron y clausuraron una década en que Mallorca parecía destinada a convertirse en la segunda residencia del Norte de Europa.

Repercusión política

Mayol comenta cómo las grandes movilizaciones ciudadanas de Mallorca tienen desde 1999 una repercusión política y electoral destacada. 

Finalmente, el historiador remarca en su última página que «este peso de las actuaciones en la política ciudadana no sería lo mismo sin el seguimiento que ya hecho la prensa escrita mayoritaria», entre las cuales menciona a este rotativo.

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