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Diario de Mallorca

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El pádel, un deporte sin techo

Social y fácil de aprender, esta modalidad deportiva ha vivido un boom tras la pandemia y se ha convertido en la gran alternativa para cientos de deportistas en Baleares - En apenas nueve años, el archipiélago ha pasado de 428 federados en 2012 a 4.200 de 2021

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El pádel, un deporte sin techo.

Víbora, chiquita, dormilona, sacarla por tres… Términos cada vez más habituales en España y que comparten un mismo origen: el pádel, el deporte de moda que año a año va atrayendo fieles a un ritmo imparable y al que no se conoce techo. Una modalidad deportiva ‘nueva’ y que hasta 1994 no contó con federados en el país, siendo ahora uno de los deportes con mayor número de licencias. Al abrigo de la postpandemia del coronavirus y sus fases de desescalada, ha visto cómo su crecimiento se ha disparado hasta alcanzar cotas inimaginables a principio de siglo. (Vea aquí la galería).

Tras el estado de alarma decretado en el país entre marzo y mayo de 2020, la apertura cronometrada fue permitiendo una mayor libertad a los ciudadanos. Caminatas, paseos alrededor del domicilio y, poco a poco, una relativa vuelta a la normalidad. En esas primeras semanas, la práctica de casi cualquier deporte estaba restringida y reservada para algunos atletas federados. Todo deporte que se practicara bajo techo o que juntara a varias personas que promoviera el denominado ‘contacto estrecho’, como el fútbol o el baloncesto, estaban prohibidos. Y en ese gran nicho de mercado, con la población ansiosa por moverse, surgió el pádel como la gran alternativa. Su popularidad ya se dejaba notar antes de la llegada del virus pero, tras él, llegó el auténtico ‘boom’, especialmente entre septiembre de 2020 y junio de 2021.

A fecha de 2021, según la Federación Española de Pádel, España cuenta con cerca de 89.000 licencias. De ellas, 4.200 pertenecen a Baleares, siendo la séptima comunidad autónoma con mayor número de federados. Por encima están Catalunya (20.200), Andalucía (12.504), Comunidad de Madrid (9.029), Comunitat Valenciana (7.039), Galicia (6.548) y País Vasco (6.251). Pese a ello, el archipiélago balear es el que mejor ratio por millón de habitantes posee, ya que proporcionalmente cuenta con mayor número de federados que cualquier otro territorio nacional e internacional.

Practicado en su mayoría en la modalidad de dobles, apareció como posibilidad de hacer deporte y como manera de socializar. Con el ocio cerrado a cal y canto, el deporte fue la gran válvula de escape empleada por muchos, siendo casi misión imposible poder encontrar pista libre para alquilar. «Los clubes de pádel estaban llenos, de día y de noche, tanto de gente que ya jugaba como de los que lo probaban por primera vez», explica Paco Sanz, presidente de la Federación Balear de Pádel (FBP). «Es un deporte muy agradecido. Si no has jugado nunca, rápidamente te engancha. No necesitas ser un prodigio técnico para poder meterte en la pista y pasar un buen rato con los amigos», añade.

Pese al gran volumen de jugadores, Baleares cuenta con una gran flota de clubes e instalaciones para poder jugar a pádel. Hay cerca de 60 solo en Mallorca. Uno de ellos es el Pins Padel, hogar del Torneo Diario de Mallorca y que este año celebrará su vigésima edición, que se disputará del 11 al 19 de septiembre. Su director Carlos Cabot coincide con Sanz en que la postpandemia ha beneficiado «laboralmente» al pádel, a excepción de los clubes que solo contaban con pistas ‘indoor’ (cubiertas). «Era de los pocos deportes que se podían practicar en instalaciones al aire libre. La ocupación habitual de nuestro club suele estar alrededor del 70%, pero estos últimos meses, hasta la llegada del verano, era del 95%», destaca. «Cuando los clientes llamaban ya no podían pedir hora, tenían que adaptarse a lo que tuviéramos libre. El pádel es el deporte de la pandemia», añade convencido.

«Es un deporte que ha venido para quedarse, no es una moda. Se va a instaurar no solo en Mallorca, sino a nivel nacional. Cada vez hay más federados, en los clubes cada vez hay mas equipos. Es un deporte que lo puede practicar cualquiera», analiza Joan Bonet, director deportivo de Palma Padel.

A pesar de que los niveles de ocupación de las pistas están bajando debido al verano, la salud de la mayoría de los clubes ha pegado un cambio radical. «Antes de la pandemia había clubes que se traspasaban, que se vendían… Ahora es todo lo contrario, ahora están buscando ampliar, aunque no sé si es el momento. Creo que el mercado está saturado. Para un momento puntual como era la pandemia no, pero para lo que es normalidad si. En su día lo calculé y había alrededor de 600 pistas en Mallorca», analiza Jaume Marqués, director del Open Marratxí, quien calcula que, comparado con el año 2019, el previo a la pandemia, el club tiene un 40% más de ocupación.

La expansión del pádel también se ha trasladado a las tiendas especializadas. Iván Rodríguez, director y dueño de Padelhouse, reconoce que la pasada Navidad «fue una locura»: «Hubo un boom muy grande de ventas y subió muchísimo el trabajo. Hasta febrero fue una locura. Además, con las restricciones y el control de aforo, había unas colas que yo no había visto en mi vida. Vendimos un 50% más y batimos dos veces el récord de ventas». En su misma línea se expresa Estefanía Varela, copropietaria de Puropadel, aunque destaca que el auge del pádel no viene de ahora. «Cuando empezaron a disminuir las restricciones sí que hubo un incremento importante de ventas, sobre todo mucha gente de iniciación», recuerda.

Apto para todos los públicos

Si el pádel ha encontrado una gran aceptación es también porque es un deporte que permite a gente de cualquier edad poder echar una partida. Tanto los más jóvenes como los más mayores tienen su hueco en las pistas. Pascual Fernández, de 57 años, cuenta que lleva doce años practicando pádel. Juega una vez a la semana junto a sus hermanos, hijos y sobrinos. «Empecé jugando a tenis y encontré que tenía que dar un cambio. El pádel era el que se parecía más. Me fue fácil hacer el cambio porque la técnica era similar y me sirve para pasar un buen rato con la familia», comenta.

Albert Peña (30 años) y Raúl Moral (29 años) son una pareja de amigos que semana tras semana se citan para jugar un partido como mínimo. «Si encontramos pista», avisa Albert. Él, como muchos otros, viene de jugar previamente al tenis y ha encontrado en el pádel una manera de seguir vinculado al deporte de raqueta. «Me gusta la competitividad que hay y es un deporte muy divertido. Aprendes bastante rápido y creces muy rápido como jugador», reconoce. «Empecé a entrenar porque soy una persona muy competitiva, me gusta ser mejor cada día y quería mejorar ciertos golpes y tácticas», cuenta Raúl, que está federado en el Fit Point, aunque por la pandemia «apenas hemos podido jugar un torneo por equipos».

Todos ellos recalcan la facilidad que supone el poder jugar a pádel. Un deporte que exige menor técnica que el tenis para comenzar y que te permite ir avanzando muy rápido al principio. Es por ello que las clases que ofrecen los clubes, ya sean particulares o mediante escuelas, son una opción cada vez más escogida por los jugadores y jugadoras. En las islas hay más de 150 entrenadores con título, según la FBP. Alrededor de un 25% de la ocupación de las pistas lo componen las clases, que cuentan con un precio que ronda los treinta euros de media. Álvaro Cruz, de 24 años, es entrenador en el Club Asnymo (Marratxí). «Tenemos alumnos de todos los niveles, pero tras la pandemia hay muchos de iniciación. Gente que empieza a jugar con sus amigos, se pican y quieren clases porque quieren ganar. En mi caso, tengo a más chicas entrenando que chicos», explica.

Y es que pese a que el 68% de los federados en Baleares son hombres, son las féminas quienes están actuando a más alto nivel competitivo. Una de ellas es la mallorquina Ariadna Cañellas. Con tan solo 18 años, ocupa el n.º 42 en el ranking World Padel Tour. Entrena junto a su padre, Tolo Cañellas, y destaca sobre todo la función social del pádel como explicación a este gran boom que ha vivido la isla. «Lo que engancha a la gente es que jugando se lo pasan súper bien. Tengo amigos que siempre han jugado a fútbol y después del estado de alarma han empezado a jugar a pádel. Se lo pasan pipa. Los partidos que juegan son de cachondeo, pero también compiten. Y después toman algo juntos. Es muy social», apunta. Entre las jóvenes también destaca Sofía Sainz, campeona de España en todas las categorías inferiores y que está en su último año de junior.

Más allá de la evolución física que han vivido los jugadores durante la última década, si algo destaca como uno de los grandes triunfos del pádel es la cantera de jóvenes valores que se está creando en Baleares. Actualmente hay aproximadamente 500 menores federados. «El circuito de menores tiene 11 pruebas en las islas y compiten en todas las categorías. Normalmente se federan los niños que tienen un punto de competición. Hay muchos niños, sobre todo ahora en julio durante los campus, que estaban lleno de ellos. Cada vez hay más cantera. Lo que antiguamente era que los papás les apuntaran a tenis, ahora lo hacen con el pádel», analiza Sanz.

Uno de ellos es Toni Gomáriz, de 12 años. Con apenas seis años ya se federó (actualmente está en el club Sports Inca) y entrena todos los días de la semana excepto jueves y domingo. «Las paredes de la pista es lo que más me gusta, le da emoción», señala. En los torneos, se enfrenta a jugadores de cualquier edad: «Me gusta jugar contra los mayores porque es más competitivo para mí».

Futuro prometedor

Sea como sea, el pádel tiene un futuro prometedor en las islas y ha venido para quedarse. La presencia de jugadores baleares en las finales y en los cuadros de la WPT es cada vez más frecuente. A pesar de que ahora los clubes están a la expectativa de cómo responderán los clientes una vez haya pasado el verano, confían en que la pasión por este deporte siga aumentando y, por qué no, soñar con figurar en el programa olímpico, como reclama Carlos Cabot: «Debería haber estado en Tokio y no ha estado. Si alguna vez el pádel es olímpico y se ve en todo el mundo su crecimiento será imparable».

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