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El cáñamo y el lino, los cultivos más ancestrales en las marjals pobleres

En el siglo XIX sa Pobla producía 300 mil quilos de cáñamo, más de las tres cuartas partes del que se cultivaba en toda la isla

Demostración del tejido del cáñamo. Año 1928. Arxiu Joan Llabrés

Mucho se ha hablado y escrito sobre los cultivos más tradicionales de la huerta de sa Pobla y Muro, desde mediados del siglo XX y de la productividad de esta, ahora fértil, comarca próxima a la Albufera. Pero, ¿que ofrecía el sector primario de la referida zona durante los siglos de la agricultura del Antiguo Régimen? ¿De qué vivían sus esforzados pobladores que trabajaban aquellas inhóspitas tierras? Son preguntas que quedan contestadas gracias a los muchos estudios que en su día se hicieron sobre el tema y que ahora contribuyen a que las actuales y futuras generaciones tengan conocimiento de ello.

Jerónimo de Berard, en su libro Viajes a las villas de Mallorca, el año 1780 describe sa Pobla diciendo que «las marjales son de gran riqueza y que producen cereales, legumbres lino y cáñamo, estos dos últimos cultivos en tierras más próximas a la Albufera». También habla de la producción de vino y aceite.

En cuanto a la producción de lino y cáñamo Berard dice que en sa Pobla es donde se produce en más abundancia de Mallorca, el cual «después de ser amarado en el estanque l’Amarador y trabajado rudimentariamente se vende en los mercados de Inca y Sineu, con grandes beneficios para los productores». Añade Berard, que las marjals pobleres y mureres, ocupan una zona de abundante agua y mano de obra cualificada en la producción y elaboración del lino y el cáñamo, cuya producción se destinaba al mercado interior, lo cual posibilitaba a los pequeños agricultores entrar en contacto directo con el mercado y así obtener mejores beneficios de sus pequeñas explotaciones.

Por otra parte, el escritor y poeta Miquel Gayà señala la poca importancia de la industria rural textil en sa Pobla durante la segunda mitad del siglo XVIII, igual que en otras zonas productoras de lino y cáñamo, y lo atribuye a «la absorción de la mano de obra en el cultivo de dichas plantas y también a la necesidad de mucha mano de obra en las fases preparatorias que conlleva».

Otros estudios apuntan que en aquellas tierras parceladas, conocidas como «veles» se intensificaba rápidamente aquel cultivo del que en 1767 la isla era deficitaria, mientras que en 1784, ya se podía cubrir la demanda local, lo cual indica la rápida expansión de dichos cultivos comerciales para la zona de sa Pobla.

El cáñamo

Según noticias recientes, el cultivo y utilidad del cáñamo, por sus distintas propiedades, están alcanzando cotas importantes en diferentes mercados mundiales, proporcionando sustanciosos beneficios económicos. Así, se ha podido leer que las aplicaciones médicas del cannabis llevan a los países a actualizar sus leyes y abrirse a un mercado de expansión. O que está originando un mercado multimillonario en plena expansión.

Mientras el Gobierno de España sostiene que no hay evidencia científica para regular el cannabis medicinal, al tiempo que Podemos prepara una ley integral de consumo del mismo, una larga lista de países de todo el mundo –desde Estados Unidos a Israel o Australia- y un buen número de países europeos ya tienen regulado su uso terapéutico.

Pero nada más remotamente lejos de las cuestiones económicas y políticas que hoy giran en torno del cannabis, el cáñamo Cannabis sativa, es la planta textil que, junto al lino, antiguamente se cultivaron en las zonas húmedas de s’Albufera. Se define como una planta dioica -son diferentes los pies del varón y de la hembra- apétala, de hojas palmeadas, de 5 a 7 segmentos y de perfil aserrado. Del cultivo del cáñamo en sa Pobla, se tienen noticias desde el año 1243, antes de que fuera declarada villa por Jaime II, con motivo de un establecimiento de tierras de la alquería de Uialfas.

Durante el siglo XIX, el cáñamo, todavía era un cultivo relativamente abundante en s’Albufera, al que se le destinaban las tierras más salobres. En sa Pobla se producían anualmente unos 300 mil quilos de cáñamo -más de las tres cuartas partes del que se producía en Mallorca- y eran insuficientes para abastecer las necesidades de la isla. La recolección del cáñamo en flor se hacía en agosto para obtener la fibra más fina, mientras que el que se recolectaba en septiembre, de fibra más basta, se empleaba para confeccionar cuerda, o tela de saco.

Payeses y payesas ataviados con prendas de cáñamo. | J.P

Proceso de elaboración

El cáñamo se recogía durante el mes de agosto o setiembre. La planta se ataba en gavillas y después era amarado (puesto en remojo) dentro de las acequias, donde permanecía sumergido en el agua unos ocho o nueve días. Después era trasladado al pueblo para su rotura o quebranto, labor que realizaban grupos de hombres y mujeres de una misma familia. Para acabar esta primera fase productiva, las mujeres golpeaban con la «espadella» la fibra vegetal.

El proceso de obtención de la fibra de lino o de cáñamo, era básicamente el mismo, según consta en el libro Els nostres arts i oficis d’antany (1981) de J. Llabrés y J. Vallespir. «Una vez segadas las plantas, se ponían en remojo en agua corriente o estancada, en gavillas ligadas con un cordel de carrizo y sujetas con grandes piedras durante 10 o 20 días. Después se ponía a secar y una vez seco, se procedía a quebrar la rama espadar con el espadador y la espadella, peinarlo con el puat y, finalmente hilarlo con la filosa».

La operación de amarar el lino o el cáñamo, contaminaba las aguas, con los gases que desprendían las plantas, con el consiguiente peligro para la salud de las personas y del ganado. Por tal motivo se destinaban unos lugares determinados, más aislados, para realizar dicha actividad. El año 1514, el gobernador señaló un solar de la Albufera como único lugar donde podían amarar cáñamo las villas de sa Pobla, Muro, Alcúdia, Santa Margalida, Llubí, Inca, Campanet y Selva. Hoy todavía se conoce con el nombre de s’Amarador, un lugar de s’Albufera ubicado en la zona de Muro.

Como todas las labores del campo de antaño, la de elaboración del cáñamo, también tenía su tonada, que decía: Mala vida és s’espadar / ja ho diu sa meva mareta / tot el dia has d’estar dreta / en s’espadella en sa mà.

Plantaciones de cáñamo.

El lino

La definición enciclopédica del lino Linum usitassimun, dice que es una hierba anual de 40 centímetros a un metro de altura, de una sola hoja lanceolada y flores de cinco pétalos, generalmente de color azul, que florece en primavera, y de la que se desconoce el ancestro de las diferentes sub-especies cultivadas. Su cultivo como planta textil se remonta al neolítico, en el Medio Oriente y Egipto, por allá el séptimo milenio. Los romanos generalizaron su uso por todo el Mediterráneo.

En Mallorca fue un cultivo bastante frecuente en casi todos los pueblos, en mayor o menor cantidad. Empezó su decadencia durante el siglo XVII, hasta desaparecer en el XIX, substituido por el algodón como materia prima para la industria textil, si bien en los años 60 del siglo XX todavía se cultivaba en pequeñas cantidades en la comarca de sa Pobla y Muro.

Durante la Edad Media y Moderna, la industria textil era la principal actividad manufacturera y generaba un importante comercio. El año 1583 se constituyó en sa Pobla la cofradía o gremio de tejedores de lino para defender sus intereses ante la competencia. Los distintos gremios de la part forana se reunían en Sineu y tenían por patrona a la Mare de Déu de l’Esperanza, de la cual todavía se conserva una talla policromada en la capilla de Santa Ana de la iglesia parroquial de sa Pobla. En 1784 sa Pobla produjo mil quintales de lino. A la planta del lino se le atribuyen propiedades medicinales, especialmente su aceite, pues de ella se extrae el popular «oli de lli» (aceite de lino).

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