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Oblicuidad | ‘La anomalía' reinventa la especie humana

"L'anomalie", de Hervé Le Tellier, premio Goncourt España

"L'anomalie", de Hervé Le Tellier, premio Goncourt España

Un mismo avión aterriza en Nueva York desde París por dos veces con meses de diferencia, y con los mismos 243 pasajeros a bordo. Esta elemental premisa, que solo desde la precipitación se incluirá en el apartado de la ciencia-ficción, le ha valido a Hervé Le Tellier un sorprendente premio Goncourt para L’Anomalie/La Anomalía. Su exploración de la identidad y la conciencia merece la consideración de libro del año, con la misma naturalidad que la narración imprime a una duplicidad inverosímil.

La magia de La Anomalía no reside en la reiteración de los mismos seres humanos sin su conocimiento, sino en la facilidad con la que se acepta el disparatado presupuesto, al igual que la bíblica multiplicación de panes y peces. La atractiva narración carga de plomo las alas de la libertad, hasta que el lector no solo entiende la hipótesis de que la humanidad sea fruto de un algoritmo mil veces ensayado, sino que acata la identidad de rebaño.

Bertrand Russell, una de las configuraciones intelectuales más prodigiosas del planeta, esgrimía la hipótesis escéptica de que todos los restos incluso fósiles de un tiempo pretérito hubieran sido colocados allí la noche anterior para engañarnos. El matemático Le Tellier aborda el problema inverso, nosotros podríamos haber sido depositados anoche sobre este planeta.

En este año sin certezas, la incertidumbre adicional de La Anomalía ayudará a despedirse de las invocaciones a la milagrería. Desde el mismo título matizado y tamizado, el autor introduce con un cartesianismo afable la improbabilidad de un mundo bajo las coordenadas de inevitable que le otorga la presuntuosidad humana. Disciplinado, Le Tellier se niega a escribir la obra definitiva sobre la cuestión, se aleja de las pretensiones ebúrneas.

La claridad de una ecuación es la virtud esencial de La Anomalía. Sin martingalas, tercia en el debate sobre la aceptación de los robots que Karel Capek nombró un siglo atrás, deslizando la hipótesis de que ya habiten entre nosotros. Por ejemplo, los 243 pasajeros repetidos de su París-Nueva York. La experimentación con la Inteligencia Artificial es el gadget más reciente de los novelistas superficiales. Ian McEwan y el Nobel Ishiguro han depositado su huella poderosa sobre la aceptación social de seres tan inhumanos como suprahumanos. Sin embargo, la simplicidad de Le Tellier traza con exactitud el grado de desconfianza de la especie hacia su propia condición humana.

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