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Jean-Claude Carrière, otro nombre de Europa

Solo un pervertido rastrearía la identidad europea en los tratados de la Unión, que encadenan los ideales a las mercaderías. En cambio, el guionista Jean-Claude Carrière escribió con abundancia en el nombre de Europa, delineó las fronteras del continente con la precisión de George Steiner en La idea de Europa, o con la exactitud decontractée de cada línea anotada por Stefan Zweig. Debería ser un motivo de orgullo compartir el sustrato cultural con figuras de esa talla, pero hemos preferido traicionarles.

Si te emociona una película clásica europea y no sabes quién la ha escrito, probablemente has topado con un Carrière. Sin embargo, habrán oído tantos encomios fúnebres a la pluma de «este campesino», como lo llamaba Buñuel, que tenderán ustedes a olvidar al actor excepcional. Sirva como ejemplo una película excelentemente europea, la Copia certificada en la que el guionista contempla a Juliette Binoche desde el interior de la pantalla, al igual que el europeo polaco Tadeusz Kantor paseándose por el interior de sus dramaturgias sin función definida.

Binoche debutó en millones de sueños eróticos europeos gracias a la dificilísima y agraciada redecoración acometida por Carrière de La insoportable levedad del ser de Milan Kundera. Por ahí rondaba también el doctor Daniel Day-Lewis. No había estructura que el ingeniero de la palabra no acertara a desmontar. Lo lograba desde su insobornable sentido del humor y bajo el axioma de «no pontificar». Evitaba a toda costa la pomposidad, estructural en la derecha carpetovetónica y tan bien imitada por la izquierda española.

Gore Vidal redujo al director a un vulgar mecánico, para elevar al guionista a autor verdadero de una película. Se trata de una evidencia que los pretenciosos cineplastas desean contradecir. Admitiendo que el escritor ocupa en el escalafón de la seducción el mismo papel subsidiario que el batería en la banda de rock, a Billy Wilder le encantaba recordar que todo lo que sabía de dirección se podía aprender en unos minutos. Carrière no solo está detrás o delante de Buñuel, Godard y Milos Forman. Es el único europeo capaz de reconstruir la intrincada El vicario de Rolf Hochhuth en la maravilla para todos los públicos de Amén. Como un Einstein espaciotemporal, este relojero francés siempre supo que el paso del tiempo es el problema esencial de los guiones, porque el espectador en la oscuridad nunca sabe en qué día se encuentra.

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