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Lecciones contra el cáncer

Con la juventud por bandera y después de haber superado un tumor, la futbolista Virginia Torrecilla, la nadadora Cata Corró y el jugador de baloncesto Pere Sureda pelean en su día a día por volver a empezar, habiéndose convertido ya en un ejemplo de entereza y optimismo ante la adversidad

Lecciones de deportistas contra el cáncer.

Lecciones de deportistas contra el cáncer.

Un día Virginia Torrecilla comenzó a sentir fuertes dolores de cabeza y molestia cervical. A Cata Corró su cuerpo se le quedaba inerte durante segundos, sin consciencia, sufría mareos y episodios epilépticos de ausencia. Pere Sureda empezó con una leve cojera, a la que en un principio no le quiso dar importancia. Los deportistas profesionales sufren dolor todos los días de su vida. «Uno más», debieron pensar. Pero el malestar no remitía. Los resultados de las pruebas médicas a las que se sometieron fueron concluyentes: un tumor les iba a cambiar la vida.

«Cuando te lo dicen no te lo puedes creer, nunca esperas que algo así te pueda pasar a ti ni a nadie de los tuyos», apuntaba la futbolista del Atlético de Madrid el pasado mes de mayo, pocos días después de que le fuera extirpado un quiste cerebral maligno: «Me pilló completamente por sorpresa. Jamás lo hubiese imaginado. Fue un shock y no sabía cómo reaccionar. No me salía llorar, solo quería saber qué tenía que hacer y cómo decírselo a mis padres, eso era lo que realmente me preocupaba».

Las malas noticias llegaron de sopetón durante el confinamiento. «Empecé a notar una tensión muy fuerte en la cabeza al correr. Me preocupé y se lo dije a nuestro doctor. No sabía qué me pasaba, porque podía hacer movilidad y flexiones, pero no correr ni saltar. Me dijo que me quería hacer un TAC y me lo hizo...», recuerda la mallorquina de 26 años. De un día para otro Torrecilla debía dejar atrás la rutina en su piso de Madrid, para poner rumbo a Pamplona, donde fue operada por el servicio de neurocirugía de la Clínica Universidad de Navarra.

Solo unos días después de la intervención, era la propia jugadora de la selección española la que daba a conocer la noticia a través de un vídeo cargado de optimismo desde la misma cama del hospital: «Creo que es fundamental tener una mentalidad muy fuerte, aunque se viva una realidad muy dura. Es importante saber que cualquiera puede salir de algo por muy duro que sea si lo afronta con fortaleza. Siempre hay que encarar estos temas con optimismo. Se sale de cualquier cosa, lo único que se necesitan son ganas y fuerza y yo soy la tía más positiva del mundo. Espero que esto sea el principio de algo grande».

La colchonera tomó la decisión de compartir su duro día a día a través de las redes sociales. Primero fue con un tratamiento de protonterapia, una radioterapia externa que protege las partes más críticas del sistema nervioso central y minimiza el riesgo de segundos tumores. Las consecuencias no tardaron en llegar: pérdida de masa muscular o caída del cabello. A mediados de septiembre empezó con la quimioterapia, tratamiento al que se sigue sometiendo en la actualidad.

«Soy positiva y sé que voy a salir de esto, pero hay momentos en los que estoy en casa y pienso: ‘¿Y si no aguantase?’. Me centro en el presente, pero no hay una noche en la que no sueñe con volver al césped y tocar el balón, aunque sea un minuto. Si algo me ha enseñado esta enfermedad es a no pensar en el mañana, porque nunca sabes lo que a pasar. La vida es el ahora, el momento y lo importante es disfrutarlo. Aprovechar todo lo que vivimos», resume la futbolista en una convicción que comparte a pies juntillas Cata Corró: «Cuando ahora me preguntan cómo encaro la vida siempre digo que, si hoy es jueves, mañana es viernes. Me despertaré y haré lo que me toque hacer ese día. Ya no me gusta hablar de objetivos en un futuro muy lejano. Se tiene que ir día a día, semana a semana».

Vivir el día a día

El pasado 9 de marzo, una semana antes de que se decretara el estado de alarma, la nadadora de Inca pasaba por quirófano por tercera vez en tres años para operarse de un tumor cerebral, en esta ocasión benigno. La pesadilla comenzó justo tres años atrás, en marzo del 2017. Su cuerpo se quedaba inerte durante segundos y un TAC desveló la peor de las sospechas: un nódulo cerebral le obligaba a ser intervenida. «Tras encontrar el problema, pasé por el quirófano en dos semanas. En ese momento no fui realmente consciente de que era una operación muy seria hasta que me tocó recuperarme», recuerda.

La operación fue bien, pero los cirujanos decidieron no extirpar todo el tumor por miedo a provocar daños irreversibles. La previsión era que en cinco años volvería a operarse, pero en una revisión habitual en septiembre del año pasado, la realidad volvió a golpearla. «Así como la primera vez me dije ‘adelante’, la segunda tuve que prepararme para entrar en el quirófano. Me costó muchísimo, lo llevé muy mal. Cuando me dieron la noticia es como si todo tu mundo y todo lo que conoces se te escapara de las manos. No puedes controlar nada y te destroza la vida que tienes. Septiembre fue el peor mes de mi vida. Si la primera vez te impacta y sales del paso como puedes, la segunda no tienes opciones para cogerlo. Se necesita tiempo y paciencia y hace falta que te lo hagan ver desde la parte positiva. Siempre se sale», relataba la mallorquina.

Por aquel entonces, Corró se sinceró en un post que publicó a través de las redes sociales. «No quiero decir adiós a mi mundo, solo me atrevo a pronunciar un hasta luego», anunciaba la nadadora de 25 años. «Me ha costado mucho más asumirlo. He pasado mucho miedo y angustia porque a lo me enfrentaba no era solo a una operación de alto riesgo, sino a volver a tener que pasar por lo mismo otra vez. Si algo me caracteriza es la fuerza de voluntad que tengo para levantarme después de un duro golpe. Los ataques de ansiedad, las noches sin dormir por miedo a cerrar los ojos y los días enteros llorando pasarán. Y la vida me enseñará a valorar más lo que tengo a mi alrededor», se desahogaba.

El pasado mes de marzo llegaba la última y parece que definitiva cirugía: «En principio, una vez extraída la raíz e incluso un trocito de mi cerebro, que es de donde crecía, está bastante asegurado que no volverá a crecer, pero siempre queda la incertidumbre… Esperemos que no». Su vuelta a la pileta no se hizo esperar. Tras un verano de durísimo trabajo, la prueba de fuego para Corró llegó el pasado 20 de noviembre.

En toda una declaración de intenciones, la nadadora de Inca se colgó dos oros, cinco platas en relevos y dos bronces en el torneo estatal de Castellón. Los expertos coinciden en que, por su actividad profesional, los deportistas tienen una ventaja de entrada frente a quienes no realizan actividad física de alto nivel, solo así se puede entender que solo ocho meses después de una operación tan complicada, la mallorquina cosechara tales éxitos. Los deportistas son competitivos por naturales y su respuesta ante cualquier dificultad, da igual la que sea, siempre suele ser la misma: luchar. Están preparados para afrontar retos y superarlos, algo que les ayuda a afrontar todo tipo de adversidades.

De adversidades puede hablar largo y tendido Pere Sureda. Al joven jugador de baloncesto de Marratxí le encontraron a los 18 años un tumor en la rodilla derecha que necesitó de dos intervenciones y más de un año de rehabilitación. Un año antes, a los 17, le detectaron un problema cardiaco que requirió de un cateterismo para ser corregido y, entre tanto, le diagnosticaron narcolepsia, un trastorno crónico del sueño que se caracteriza por ataques repentinos de sueño.

«No sé sinceramente cómo empezar con esto. Escribo roto, pero recomponiéndome, o al menos intentándolo», se sinceró el joven de 20 años, a mediados de septiembre, a través de un post en sus redes sociales. «No busco atención ni apoyos, simplemente estar en paz conmigo mismo, pues hace años que llevo una batalla tras otra contra mi estado anímico, contra mi salud», proseguía. «He llegado a la conclusión que, si no lo comparto, nunca voy a llegar a quitarme esta armadura que me he ido creando, forjada por una serie de infortunios», relataba.

Volver a empezar

El alero mallorquín, que este año juega en el Bahía San Agustín de Liga EBA, pronto empezó a forjar su carrera en las canchas. A los 15 años ya destacaba en las categorías inferiores y varios equipos de la península apuntaron su número en la agenda. El jugador se decantó por el Fuenlabrada, pero pronto empezaron los problemas. Con solo 17 años tuvo que pasar por el quirófano para someterse a un cateterismo que duró cuatro horas. Tras varios meses apartado de la actividad física y ya con el alta del cardiólogo en la mano, los problemas regresaron. «A mi temprana edad he vivido cosas que no debería vivir nadie. Veo la vida desde una perspectiva sin color, todo negro. Me gustaría no tener que decir esto, pero es una realidad, es así», se desahogaba el jugador hablando sobre su experiencia.

Una leve cojera fue el primer indicio de lo que le vendría. «Tenía un dolor en la rodilla desde hacía un año, pero no lo dije porque bastante tenía con todo lo demás», explicó Sureda en una entrevista con el diario El País. «Me hicieron una radiografía y encontraron un tumor en la rodilla. Una resonancia magnética confirmó que tenía osteocondritis disecante. El hueso de la rodilla estaba muerto, no le llegaba la sangre. Requería dos operaciones. Tenía que ponerme en manos de los mejores especialistas porque me jugaba poder continuar o no mi carrera», relata el jugador.

Tras dos operaciones, una en marzo de 2019 y la otra en mayo, y un estricto plan de rehabilitación de algo más de un año, la rodilla de Sureda quedó «perfecta». Cuando por fin regresó a los entrenamientos, llegó el confinamiento y «la hostia fue brutal». Sureda cortó su relación contractual con el Fuenlabrada y fichó por el Bahía San Agustín, donde quiere ir «paso a paso» para «volver a empezar». «Sé que compartiendo todo esto quizás no llegue a conseguir la felicidad que busco, pero quizás sí un equilibrio que me ayude a mejorar», anhela.

Otros casos

Estos ejemplos de deportistas, en su profesión y en la vida, no son los únicos que han luchado y superado un cáncer en los últimos años. Óscar Troya, técnico del Poblense, acabó el pasado mes de marzo con un tumor que afectaba al correcto funcionamiento de su corazón. Troya cerró una temporada redonda también en lo futbolístico, logrando para su equipo el ascenso a la división de bronce del fútbol español.

Del mismo modo, la vinacorense Blanca Gil, waterpolista afincada en la isla desde hace muchos años, fue diagnosticada en 2009 de un cáncer de útero del que se recuperó para seguir compitiendo al máximo nivel. «El cáncer no debe provocar el pánico», relataba la que fue considerada mejor jugadora del mundo en tres ocasiones: «No hay que darle más importancia de la que tiene. Hay que mirar siempre adelante, tener una fuerza de voluntad superior y hacer como si nada, aunque sea difícil porque hay momentos duros. Se puede salir con fuerza de voluntad y siendo fuerte mentalmente».  

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