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Artículos de broma

Emociones hasta reventar

Acabamos de enterrar a Maradona y han vuelto a desenterrar a Lady Di. Son dos protagonistas de un esplendor de los ochenta que no encuentran reposo en el cementerio de la fama. Balón y estadio, para ellos; corazón y palacio, para ellas y lluvia emocional para empaparnos de consuelo.

Perdió Argentina la guerra de Las Malvinas, 57 días de 1982 que le costaron 650 muertos, en torno a 400 suicidios, 1.687 heridos y 11.313 prisioneros, pero Maradona le metió un gol de victoria a Inglaterra en el mundial de México cuatro años después. ¡Toma! La venganza es un plato que se sirve frío. Diana sigue vengándose de la familia real inglesa 23 años después de estrellarse en París porque los británicos ya han llegado a ella en la magnífica serie The Crown. Les ha revuelto esta ficción basada en hechos reales en la que la princesa de Gales fue el soporte emocional de una familia obligada a la psicopatía por la historia y a la que la institucionalidad ha favorecido la disfuncionalidad hasta hoy mismo. Así no hay quien cierre las heridas.

Maradona y Lady Di han sido dos alimentos en el menú popular universal, el argentino con exceso de grasa y la inglesa con abundante azúcar, ambos gratos al paladar y saciantes pero insanos. Vamos hasta el culo de grasa saturada y sacarosa ingeridas durante décadas y ahora que el populismo ha entrado hasta la cocina no hay más futuro que la obesidad mórbida o el accidente vascular del sistema.

Los creadores de la ficción de Buckingham están enfadadísimos con la serie de Netflix. «Es que la gente no distingue The Crown, que es una ficción, de la realidad». He aquí la lucha de dos ficciones basadas en hechos reales, en los dos sentidos, entre los spin doctors que reescriben la crónica periodística en directo y los guionistas que elaboran un relato dramático décadas después. Aunque se ha visto a la familia real británica sobrevivir momentos peores, la cosa es grave porque el presente cada vez le da más la razón al pasado que protagonizó Lady Di y nunca las emociones fueron tan emocionantes ni la idiotez tan libre.

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