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Psicobloc, colgados entre la caliza y el Mediterráneo

Los practicantes del psicobloc también disfrutan de imágenes casi idílicas de la costa mallorquina.

Afinales de los setenta, Miquel Riera (Palma, 1963-2019) comenzó a colgarse de los acantilados de Mallorca, de una excelente roca caliza moldeada por la erosión del mar y el viento que parece diseñada adrede para la práctica de lo que más tarde bautizaría como psicobloc. Lo que empezó como un juego de niños, que consistía en escalar para luego saltar al mar, es hoy uno de los grandes atractivos de la mayor de las Balears y atrapa a propios y extraños. Escaladores de todo el mundo peregrinan cada verano a la isla como musulmán a La Meca. «Los mallorquines en general no hacen tanto psicobloc, suele venir mucha más gente de fuera a practicarlo. El 95% de nuestros clientes son extranjeros», explica Sebastián Álvarez, que desde su empresa Rock and Water Mallorca lleva cinco años ofreciendo todo tipo de actividades de aventura, entre ellas este tipo de escalada autóctona.

La mayoría de los visitantes que llegan atraídos por el romper de las olas contra los acantilados son escaladores convencionales, de montaña. Miquel Riera, padre fundador del psicobloc, fue un magnifico anfitrión de Mallorca para todos los amantes de la aventura que quisieron tomar parte en su desarrollo, cuando apenas era un secreto a voces. Esta labor la prosiguen hoy desde Rock and Water. «Hemos conseguido democratizar el psicobloc, desarrollando vías aptas para cualquiera. No hace falta subirse 20 metros ni tener un nivel espectacular», insiste Sebastián Álvarez, que imparte uno de los pocos cursos de formación en la disciplina que existen en el mundo. 

colgados entre la caliza y el mediterráneo

Aunque subir escarpados acantilados sin más que unos pies de gato (un calzado especializado que aporta adherencia) y magnesio pueda parecer una actividad reservada para unos pocos ‘descerebrados’, Álvarez guía y enseña a todo tipo de gente. «Desde algunos que no han escalado en su vida a expertos, aficionados de la aventura, otros que acompañan a sus parejas… El perfil general sería una persona entre 25 y 40 años, del norte de Europa o Estados Unidos. Aunque cada vez hay más nacionales», asegura.

Los jóvenes mallorquines, sin embargo, suelen ser más autodidactas. Carlos de España, que comenzó viendo vídeos por internet, guarda muy buen recuerdo de su primera vez haciendo psicobloc. «Me llevó un amigo y me resultó flipante. En una pantalla no se aprecian bien las alturas, cuando estás ahí subido sí que impresiona», relata el palmesano de 22 años. Marc Soler, de la misma edad que su compañero, lleva siete años colgado de las rocas. «Empecé a la vez que la escalada deportiva, pero el psicobloc es otro mundo, requiere esfuerzo tanto físico como mental», apunta. El calor veraniego, que dificulta la escalada en montaña, arrastra a los amantes de los deportes al aire libre hasta el mar. «En verano es muy atractivo ir a pasar el día a la playa y aprovechar para escalar», admite Marc, que trepa desde los quince años.

La libertad, la adrenalina y la conexión con el ecosistema afloran con el psicobloc. «Es todo muy puro: la roca, el mar y tú. Intentas una vía, te entra el miedo, caes al agua, lo vuelves a intentar… Hasta que te sale y te superas a ti mismo», narra Carlos. De hecho, hasta el calzado y el magnesio son prescindibles. «Solemos animar a usar lo mínimo, cuanto menos necesites más libre eres», recomiendan en Rock and Water a sus clientes.

Las calas mallorquinas son un paraíso para ‘fliñar’ (escalar sobre el agua en jerga psicobloquera). Los cerca de 550 kilómetros de costa, en constante erosión, elevan a infinito las posibilidades y hacen del descubrimiento de nuevas vías un proceso creativo. La mayoría de las guías, en las que aparecen detallados diferentes sectores y vías, conducen hasta la cara este de la isla, la más accesible. «Los sitios clásicos son Cala Varques, Sa Cova del Diable, Portocristo, Cala Santanyí...», señala Luis Janer, que descubrió el psicobloc de la mano de un monitor y desde entonces practica por su cuenta. No obstante, cada uno guarda sus propios secretos. «Hay lugares que uno nunca dice para que no se masifiquen, se ensucien y acaben prohibiéndose», reconoce Carlos. Y Sebastián culmina con su propio vaticinio: «Lo mejor está todavía por descubrir. Los próximos proyectos más duros del mundo están aquí».

Después de la pandemia

El coronavirus ha propinado un duro golpe al turismo mallorquín y ha despoblado sus calas de visitantes foráneos, pero después de meses de confinamiento forzoso la gente se echó al mar y a la montaña este verano. «Con la covid sí que se ha animado más gente a las actividades de aventura, pero al psicobloc la gente le sigue teniendo pánico», reconoce Sebastián Álvarez. Carlos disiente, en un día de sol y calor en el que el otoño, ya cerca en el calendario, aún estaba por venir: «Supongo que influyó el verano, pero vi mucha gente. A todos nos apetece hacer cosas al aire libre». No será una pandemia mundial lo que impulse un deporte todavía bastante desconocido.

Los hermanos Pou.

Los hermanos Pou, la mejor promoción internacional

Los hermanos alaveses Iker y Eneko Pou, que residen durante varios meses al año en Mallorca, son mundialmente conocidos. Sus logros en el alpinismo son notables y sus retos, numerosos. Cuando no están abriendo rutas en algún país, suelen venir a Mallorca y aprovechan para entrenarse en la isla. Especialmente en los meses de verano, ya que son unos enamorados de los acantilados, de la Serra de Tramuntana y del psicobloc.

De hecho, este año, durante los meses de confinamiento, aprovecharon el «tiempo extra» de estar obligados a quedarse en la isla para desarrollar sus entrenamientos y abrir nuevas rutas en los acantilados mallorquines, «considerados la meca a nivel mundial, con paredes de roca caliza de entre 10 y 30 metros», según han explicado en varias ocasiones. Seguidos en sus redes sociales por alpinistas, montañeros y aventureros de todo el mundo, los hermanos Pou se han convertido en una de las mejores promociones a nivel internacional de Mallorca como destino para unas vacaciones al aire libre y activas. Y han hecho del piscobloc una aventura por probar en el «paraíso de Mallorca».


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