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Salud

La vacuna rusa

La vacuna rusa

La vacuna rusa

En un tiempo pretérito se vislumbró una utopía: la creación del hombre nuevo. Se creía que el ser humano al nacimiento era una "tabula rasa" en la que la sociedad escribía. Bastaba que la mente del nuevo ser se moldeara para su bien y el de la sociedad. Así se alcanzaría la vida justa o feliz. Sin codicia, envidia, ira, soberbia, pereza. Una sociedad donde florecerían la generosidad, la tolerancia, la solidaridad, la diligencia; donde nadie querría ser más que nadie ni acumular propiedades o poder. El siglo XX lo experimentó con la idea: a cada uno según sus necesidades, a cada uno según sus posibilidades. El fracaso es bien conocido. No somos una tabla rasa, nacemos con un programa, con unas predisposiciones, que se verifican o no en la sociedad que nos cría. Ella solo puede modular las tendencias que podríamos llamar naturales. Ya Darwin decía que el ser humano tiene más instintos que el resto de los animales.

No sé si, como dicen algunos, las novelas son una fuente fidedigna para conocer una sociedad. Tampoco estoy seguro de que el cine refleje la realidad. Si el mundo quiere conocer cómo fue la sociedad española de la Transición no estoy muy seguro de que las películas de Almodóvar sean la mejor fuente. Pero es la que más éxito tiene y quizá, como los viajeros románticos que retrataban una España tal como el público al que iba dirigido se imaginaba, Almodóvar, sin pretenderlo, logra que los espectadores de otros países configuren una imagen de España que por su singularidad y aparatosidad triunfa.

Me gusta mucho ver películas de países de culturas muy diferentes a la nuestra, como la iraní. Creo que pueden ayudarme a entenderlas. También las rusas y de los países que pertenecieron a la URSS. La constante es el desorden, la pillería, la violencia, el robo, el alcohol. Una sociedad en la que parece imperar la ley de la fuerza. Como si aquellas fuerzas que aherrojaron a los individuos, haciéndolos sumisos, cumplidores estrictos de las normas, una vez rotas, hubieran destapado los instintos que se denominan más salvajes. No creo que sea más que una caricatura, pero las noticias que llegan de esos países parecen confirmar esa realidad de ficción. Los grandes millonarios cuyas fortunas tienen orígenes oscuros, que defienden con ejércitos privados. Los asesinatos, como ejecuciones, que se atribuyen a las autoridades. Las mafias y bandas criminales que operan en todo el mundo. Las oscuras intervenciones en otros países utilizando todo tipo de medios. Y ahora, como confirmación de nuestros temores, la comercialización de una vacuna de la que no sabemos nada o casi nada.

Durante esta pandemia se toleró lo que desde hace varias décadas estaba proscrito en ciencia: la publicación de artículos que no habían sido revisados por expertos independientes. Dos cosas importan: que se describa con claridad cómo se hizo el estudio de manera que otro lo pueda replicar, y que los datos que aportan sean verdaderos, estén presentados sin sesgos y que el análisis se haya hecho empleando las estadísticas correctas. La necesidad de poner a disposición de los profesionales información que pudiera ser útil precipitó el proceso editorial y quizás haya producido más confusión que claridad. Sobre todo, en los casos en los que no se comprobó la veracidad de los datos. Pero, al menos, ahí estaban para una posterior revisión, como se ha hecho en diversas ocasiones, que precipita la retirada del artículo.

El problema con la vacuna rusa es que apenas sabemos nada. Parece ser que es una vacuna que emplea adenovirus en el que se insertó un gen de SARS-CoV-2, el cual desarrollaría la inmunidad contra ese virus. Ya se hizo una vacuna contra el virus del ébola con este método y hay tres otros grupos que trabajan en ese sentido. El adenovirus infecta con frecuencia a los niños produciendo el resfriado común, conjuntivitis, bronquitis, diarrea. Suelen ser cuadros leves.

Si un medicamento ha de ser seguro, ese es la vacuna. Porque mientras los fármacos curativos tratan de modificar el curso natural de la enfermedad, que no augura nada bueno, la vacuna se administra a personas sanas. En el primer caso, se toleran efectos secundarios y adversos si su riesgo es muy inferior al beneficio. En el segundo se exige máxima seguridad. Son personas sanas que no sabemos si alguna se expondrá al riesgo, lo adquirirá y el potencial dañino que tiene se verificará. Vacunar es una decisión de salud pública, una difícil decisión siempre en debate.

De la vacuna rusa no tenemos información de cómo funcionó en el laboratorio y en los animales de experimentación, cuál fue la respuesta biológica en seres humanos y qué tipo y frecuencia de efectos indeseables y secundarios, qué grado de protección confiere€ Que no tengamos la información no quiere decir que no exista. Sin ella, que la comercialice y la administre a sus ciudadanos y en otros países es un riesgo intolerable que destapa una vez más la necesidad de autoridad o rectoría mundial para muchas cosas.

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