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Estados Unidos y coronavirus: La incertidumbre universitaria

La pandemia ha pillado a muchos mallorquines estudiando en EEUU - Algunos regresaron y otros han permanecido allí hasta hace unas semanas

El presidente Trump, con mascarilla, una protección que criticó al inicio de la pandemia.

El presidente Trump, con mascarilla, una protección que criticó al inicio de la pandemia.

Estados Unidos ha sido el centro mediático mundial en las últimas semanas por diversos motivos. Es el país con el mayor número de infectados y de muertes por coronavirus -con mucha diferencia sobre Brasil, el segundo de la lista-, el presidente Donald Trump se ha visto envuelto en numerosas polémicas meses antes de unas elecciones generales que lo decidirán todo, además del nacimiento del movimiento Black Lives Matter (BLM) a raíz de la muerte de George Floyd a manos de un policía, con manifestaciones que se expandieron por todo el mundo, como la que tuvo lugar en Palma el pasado 7 de junio.

Ante todo esto, si en abril Diario de Mallorca radiografiaba el confinamiento de los universitarios mallorquines que estaban en la Península, hoy veremos cómo han vivido algunos jóvenes isleños la situación pandémica al otro lado del Atlántico, aunque no se puede hablar estrictamente de un confinamiento porque no ha habido ninguno. "El hecho de estar encerrado en casa era más una recomendación que otra cosa", remarcan Tomeu Pocoví y Xavier Andreu, estudiantes en New Hampshire y Louisville (Illinois), respectivamente. "Al principio la gente estaba más preocupada por trabajar que por el virus, hasta que la cosa fue a peor y cambiaron de actitud", añade Andreu.

Diferentes motivos precipitaron la vuelta de algunos de estos mallorquines. "Cuando vi que aumentaban las restricciones y se cancelaban vuelos desde Europa, decidí volver por precaución en marzo", explica Pocoví, nacido en Palma y estudiante de Gestión Hotelera con una beca para jugar a fútbol -soccer- universitario en New Hampshire, uno de los estados con menos casos confirmados, aunque cerca de grandes focos como Boston y Nueva York.

Por otro lado, Jaume Amengual, de Santa Maria y estudiante de Fisioterapia enfocada al deporte en Boise, en el estado de Idaho, recuerda que después de pasar un fin de semana en la montaña con amigos se encontraron la universidad cerrada. "Regresé porque las clases serían totalmente online y, además, en caso de tener que ir al hospital por cualquier cosa, allí supone un gran gasto". De hecho, en marzo la revista Time relataba la historia de una mujer sin seguro privado que fue tratada por coronavirus y recibió una factura de 35.000 dólares.

Sin embargo, otros permanecieron en sus ciudades hasta pasadas unas semanas. Marina Bauçà, natural de Inca y estudiante de Biología en Pittsburgh, Kansas, siguió trabajando en un laboratorio hasta mayo, cuando retornó a Mallorca. "Allí estaba bien, en mi ciudad apenas había casos, seguía viendo solo a mi círculo personal de amigos al no haber un confinamiento decretado, y sabiendo que si volvía a España estaría encerrada, preferí quedarme", explica. Por su parte, Xavier Andreu, un santamarier que cursaba Marketing Deportivo en Louisville, Kentucky, estuvo confinado de manera voluntaria viendo lo que pasaba en España. "Me confiné en casa de un amigo, saliendo solo para comprar. Durante semanas veía como me iban posponiendo el vuelo para regresar, y hasta principios de junio no tuve la oportunidad de volver", relata.

Estos cuatro mallorquines coinciden en que, mientras en Europa había diversos países con un confinamiento o medidas restrictivas como Italia o España, en Estados Unidos la preocupación social por el virus era bastante menor. "La gente se pensaba que serían 15 días, pero al ver que las universidades cerraban se empezaron a preocupar", recuerda Amengual. "No veías a nadie con mascarilla, solo al cabo de un tiempo fue obligatoria para entrar al supermercado. Además, en Kansas anunciaron una especie de estado de alarma, pero nadie lo respetaba", explica Bauçà.

Incertidumbre por el futuro

Cuando Trump anunció que deportaría a los estudiantes extranjeros que, teniendo solo clases online, estuviesen en suelo norteamericano, provocó una gran incertidumbre en el colectivo universitario. "Es un trato discriminatorio", critica Pocoví. Sin embargo, después de la demanda de 17 estados del país, el presidente dio marcha atrás y retiró la propuesta. Aun así, la intención de estos estudiantes es quedarse en Mallorca y seguir con las clases online "por el miedo a lo que pueda pasar ahí viendo el aumento de contagios, además del tema burocrático con los visados o posibles cierres de fronteras", según Amengual.

Marina Bauçà, que se ha graduado este curso, aunque a distancia, ha tenido que desistir en hacer el máster en Estados Unidos. "Con la prohibición de vuelos hacia ahí y la imposibilidad de sacarme el visado ante el cierre de la embajada, me veo obligada a quedarme aquí el próximo curso", lamenta.

Eso sí, aunque por parte del gobierno norteamericano hayan tenido algunas dificultades, todos afirman que la actitud de las universidades ha sido positiva. "He hecho clases online hasta las dos de la mañana por la diferencia horaria, pero en todo momento se han adaptado a mí, tienen un trato muy cercano", destaca Pocoví, que se graduará el semestre que viene, también desde la distancia. "Tienen muy en cuenta que seas un estudiante internacional. El año que viene harán algunas asignaturas presenciales, pero en mi caso permitirán que sean online sin perder la beca", subraya Amengual.

El caso del racismo

"Es una cosa real, que está pasando. Idaho es un estado muy republicano -el partido de Trump-, muy racista, muy€ América del medio oeste", relata Jaume Amengual, residente en Idaho, donde en las elecciones del 2016 Trump obtuvo un 32% más de votos que Hillary Clinton. "El racismo no es sistemático, son actitudes que tienen algunas personas, pero sí que se nota en ciertos actos que ves", añade Pocoví. Además, este joven palmesano explica que a raíz de la muerte de George Floyd y las posteriores manifestaciones, desde la universidad y el equipo de fútbol les querían concienciar sobre esta situación: "cada semana con el equipo hacía una reunión online en la que el entrenador nos hablaba sobre la importancia del trato igualitario, además que la universidad nos recomendaba películas, libros o documentales sobre el tema del racismo".

Así, mientras en Kansas, Kentucky o Idaho, donde están algunos de estos mallorquines, Trump ganó las elecciones por más de 20 puntos de diferencia, los estudiantes afirman que la actitud de las universidades de estos estados es contraria a algunas de sus políticas, como hemos visto aquí con el hecho de querer deportar a los universitarios internacionales, por ejemplo.

Y por cierto, como nota curiosa: "En España escucho muchas más cosas de Trump que en Estados Unidos", explica Marina Bauçà. "Cuando en abril dijo lo de la posibilidad de inyectarse desinfectante, yo me enteré porque me lo dijeron mis padres y amigos, no porque lo escuchase aquí en un principio", recuerda Xavier Andreu.

En resumen, con la grave situación del coronavirus, los problemas burocráticos y demás, la intención de los universitarios mallorquines que están al otro lado del Atlántico es quedarse en la isla de cara al curso que viene. La incertidumbre gana.

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