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Oblicuidad

Un manifiesto devuelve la fe en los intelectuales

Un manifiesto devuelve la fe en los intelectuales

Un manifiesto devuelve la fe en los intelectuales

Te vas desenganchando de los intelectuales conforme proliferan sus deserciones del pensamiento libre, su servilismo y sobre todo su miedo a la turba de las redes sociales. Pensar por cuenta propia da miedo, cada vez es más difícil encontrar un ensayo, opúsculo o libelo que no sintonice con la mayoría moral. La única emoción del debate cultural consiste en dilucidar si el papanatismo de derechas envilece más que su homónimo progresista.

De ahí la sorpresa mayúscula ante el denominado manifiesto de los 150, una Carta sobre la justicia y el debate abierto que ha publicado el semanario Harper's y que se encabeza injustamente con el mayor intelectual público del último siglo, Noam Chomsky. No existía el mínimo riesgo de que un intelectual español figurara entre el centenar y medio de elegidos, con una hegemonía del mundo anglosajón. Sin embargo, el texto de solo tres párrafos devuelve la fe en la inteligencia, con proclamas contra la cobardía dominante.

Quevedo presumía de ser "hijo de sus obras y padrastro de las ajenas". Esta duplicidad se cumple en los intelectuales, que apadrinan la época en que viven. Los 150 han detectado con acierto que la asfixia no se ciñe a las víctimas del coronavirus. Oxigenan el entorno al denunciar "la intolerancia de los puntos de vista opuestos, la puesta en boga del escarnio y el ostracismo, la tendencia a disolver asuntos políticos complejos en una certeza moral cegadora. Propugnamos el valor de la contraargumentación robusta o incluso cáustica desde todos los sectores". Donde "robusta" se ajusta a la terminología del Supremo estadounidense.

La procedencia dispar o incluso disparatada se cumple entre los firmantes del manifiesto. El anarquismo del nonagenario Chomsky comparte firma con David Frum, el autor de los discursos de Bush y de la expresión ultraconservadora "el eje del mal". Cada lector elegirá a los suscriptores más significativos, me quedo con un Kasparov de descomunal capacidad de análisis y con Martin Amis, que siempre mejora cuando escribe sin ficción.

La defensa de las "transgresiones del discurso y el pensamiento" gana en eficacia cuando surge de profesores y profesionales instalados.

Costará sin embargo contrarrestar la corrección política anclada en los campus estadounidenses, o el daño infligido por Zapatero o Tony Blair con sus "delitos de odio", una figura utilizada incluso por cuerpos armados para acusar a ciudadanos desarmados.

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