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Opinión

'The good fight', la serie de la era Trump

'The good fight', la serie de la era Trump

The good fight no es la mejor serie de la era Trump, es ante todo la serie de la era Trump. Por primera vez se refleja con puntería el impacto de la estrella de la telebasura sobre el planeta, a través de un bufete de abogados de Chicago. Desde un punto de vista creativo, las cuatro temporadas hasta ahora emitidas justificarían la presidencia. Admito la parcialidad, pero en contra de un producto que me negaba a degustar por principio.

Incluso fonéticamente, The good fight es el injerto o continuación o spin-off de la longeva y muy galardonada The good wife, siete temporadas imprescindibles a pesar de la híspida Julianna Margolies. La primera regla del serieadicto es negarse a las prolongaciones artificiales, del estilo de Better call Saul respecto de Breaking bad. Sin embargo, la ortodoxia hubiera sido un error, porque la secuela adquiere personalidad propia gracias al tango a distancia que bailan la elegantísima Christine Baranski y el fornido abogado Delroy Lindo, a sus respectivos 68 años.

El bufete de The good fight acumula los casos legales fulgurantes y equívocos, resueltos en episodios breves de apretado montaje que caracterizaron a su predecesora. Pero este despacho, de mayoría negra y especializado inicialmente en brutalidad policial, se reviste de una pátina moral. Es aquí donde engarza con la evidencia de que hay algo peor que Trump, sus enemigos, ese pelotón de insensatos que con su obstinación desorientada garantizan la supervivencia del emperador, desde una empalagosa pretensión de superioridad.

The good fight contiene la descripción exacta de la hostilidad a Trump porque incluye la autoparodia, una sátira de las alocadas iniciativas para desbancar al presidente sin excluir la lluvia dorada en un hotel de Moscú. Para que la oposición al régimen quede clara, los capítulos de la segunda temporada vienen enumerados según los ominosos días transcurridos de la presidencia. La refinada producción original de Ridley y Tony Scott, inspirada en las películas del segundo, oscila hacia el surrealismo con introducciones calcadas de la única aportación deslumbrante de Breaking bad.

Es curioso que la cuarta temporada se viera bruscamente interrumpida por la pandemia, porque la transformación interior de la aguerrida Baranski/Diane Lockhart ofrece la actitud ideal frente al coronavirus. Y la tiesa Margolies/Alicia Florrick nunca se hubiera atrevido a probar hongos alucinógenos. Aunque tal vez todo sea más sencillo, y The good fight triunfa por demostrar las virtudes de una buena pelea.

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