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Oblicuidad

Emerson escribía pensando en estos tiempos

Emerson escribía pensando en estos tiempos

Emerson escribía pensando en estos tiempos

Lo peor del encierro es que no deja tiempo para leer grandes volúmenes, porque deberías interrumpir continuamente la laboriosa lectura para contactar por vía electrónica con todas las personas de las que teóricamente te habías librado, y que practican el acoso social. Conviene adelgazar las expectativas, y mi descubrimiento a compartir es Self-reliance o Autoconfianza de R.W. Emerson, que suele traducirse por La confianza en uno mismo y que he disfrutado en la versión catalana de La confiança en un mateix, editado por Ensiola con notables dotes premonitorias.

No me hagan volver al abuelo Borges, cuando predicaba que los clásicos vuelven a ser escritos cada vez que son leídos. Emerson se batía contra el rebaño en el XIX, denunciaba a "la persona vigilada por el odio o la simpatía de la multitud", pero con las miras puestas en el XXI. Me costó tanto despegarme de su prosa siempre estimulante como antes agarrarme a ella, porque la sola palabra "trascendentalismo" servía de eximente para cualquiera que violara el arresto domiciliario. Sin embargo, el antiguo predicador despedía frescura al denunciar que "la virtud más solicitada es la conformidad", para contraponerle la "franca, imparcial, incorruptible, inespantable inocencia".

Leyendo a Emerson dan ganas de salir a la calle, aunque predique "la independencia de la soledad". Y no, no habla de epidemias, pero esta especie de oración en libertad resulta gratificante porque devuelve la dignidad en el encierro. Además es compatible con los tuits y WhatsApps, por la calidad del dicurso. La confianza en uno mismo demuestra que la autoayuda ha consistido en pervertir durante décadas a las enseñanzas del norteamericano, adaptándolas a las pautas del mercado.

Leyendo a Emerson se entiende que sus propuestas recibieran una importante acogida entonces. Lo inexplicable es que hoy parezcan revolucionarias, casi de mala educación. Por no hablar de la brevedad, tan consoladora, si bien en este apartado merece mención especial un librillo de Daniel Kahneman, psicólogo aunque Nobel de Economía. Su opúsculo La falsa ilusión del éxito no alcanza el medio centenar de páginas de reducido formato. Casi puedo escuchar la queja anticipada del lector, "¿no dispone de algo más breve?". Pues bien, el volumen editado en colaboración con la Harvard Business Review adjunta como epílogo una versión comprimida del texto ya de por sí reducido. El mundo camina hacia el eslogan.

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