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Diario de Mallorca

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Oblicuidad

Todos los periodistas de los presidentes

Todos los periodistas de los presidentes

La muerte de Jean Daniel debía plantear por fuerza la relación entre prensa y poder. El mejor analista del siglo XX compartió esta jerarquía con la calidad de mejor amigo de François Mitterrand. El conflicto entre la intimidad y la profesionalidad está servido. Los informadores matan por el acceso, pero carecen de la ingenuidad de imaginar que el generoso préstamo de la atención del califa de turno no implicará adentrarse en la zona gris de las contrapartidas.

Ni Mitterrand logró erosionar la talla monumental de Daniel, aunque el presidente francés porfiaba para que su interlocutor migrara del periodismo a la literatura. Para que Francia ganara otra gran pluma, pero también con la intención de que el Elíseo se librara de un aliado inestable. Esta relación no supone una singularidad, todos los grandes estadistas han dispuesto de periodistas a quienes creían de cámara, hasta que descubrían que sus presuntos amigos guardaban una bala en la recámara.

Daniel reconocía que "callé asuntos personales, muy personales. Cuando estaba enfermo, Mitterrand me hizo confidencias que nunca he repetido. Mitterrand nunca empleaba las expresiones off the record o 'esto no lo digas'. Hablaba libremente, pero sabía que yo dirigía una revista (Le Nouvel Observateur) que no le gustaba. Todas las relaciones entre periodistas y hombres de Estado son comprometidas". La única diferencia con la relación entre John Fitzgerald Kennedy y Gore Vidal es que este familiar indirecto de Jacqueline Bouvier habría confesado que "JFK no me hizo confidencias que he repetido mil veces".

La expresión "todos los periodistas del presidente" se acuñó en efecto para Kennedy, de magnetismo simpar. Su relación más comprometedora lo vinculó a Ben Bradlee, el legendario director del Washington Post que acabaría con la carrera de Richard Nixon, antagonista de JFK. Mientras el periodista cenaba en la Casa Blanca, no era consciente según sus manifestaciones posteriores de que el presidente se estaba acostando con su cuñada, que apareció muerta en un parque en condiciones nunca explicadas.

Esta humilde relación no podría prescindir del turbulento romance entre Silvio Berlusconi e Indro Montanelli, pletórico de divorcios y traiciones. ¿Algo semejante en la España reciente? Tal vez Felipe González con Javier Pradera. Y recuerde, todos los periodistas citados hubieran perdido algún día el puesto de trabajo por culpa de sus patrocinadores.

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