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Diario de Mallorca

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Mallorquines por el mundo

Desde Grecia: No oil

Desde Grecia: No oil

Oil, han leído bien, No es un error, he escrito oil, en inglés, aunque los dedos resbalaban en el teclado ante la tentación de teclear oli. Oli, el aceite de nuestra niñez, el de los bocatas de pa amb oli, y solo oli, nada más, brut nature. O la entrañable Pa amb oli Band, aquel Deià, el grupo de los Graves, mi añorado Joan, o el siempre activo en mil frentes Tomás, ahora residente en Algaida, y el gran batería Jordi Ramones, músico y pescador.

No, lo del oil va de plataformas, de perforaciones, de troquelar (y me viene, tremendo flashback, Emi a la memoria) de torturar los fondos marinos en busca de aceite, gas, petróleo, de lo que se tercie, money money, business. Unas prospecciones programadas en todo el Mar Jónico, desde Corfú, hasta Creta pasando por el Peloponeso, y que afortunadamente han provocado una reacción, un movimiento de resistencia, de oposición, de denuncia, como no recordaba en las casi tres décadas que llevo recorriendo este rincón de Grecia.

Un movimiento, que al menos en Ítaca, tiene algo de naif, de bonito, espontáneo, especialmente cuando uno lee contra quién van las protestas. Total, Exon, Repsol, Elpe (Hellenic Petroleum) nada menos. Gigantes del petróleo, que ya tienen, han conseguido, o eso parece, las concesiones necesarias (Grecia se vende a precio de saldo, cosas de la crisis, de la deuda, y de la troika. Lean Offshore, lo último de Petros Markaris y luego hablaremos). Me han regalado una preciosa camiseta, y pienso comprar otras, negras, black is black, y también unos pins, con el lema/logo del "No Oil", salvemos el Jónico, un mar mítico y delicioso, último refugio paraíso de un Mediterráneo a la deriva.

Pero no quiero amargarles el agosto, cenit del estío. La Asunción, la Verge de agost, el ferragosto de los italianos, la panagia de los griegos, la gran fiesta estival que curiosamente, hace tiempo, cerraba el capítulo vacacional. Tras el 15, justo a mitad de mes, el verano se daba por cerrado (como bien decía Noni Roses) llegaban los primeros temporales, los chubascos, tormentas, las esperadas y temidas lluvias, torrenciales en ocasiones. Recuerdos, ya lejanos de unos trimestres eternos, casi cuatro meses de un inmenso paréntesis escolar, como una inmersión en el mundo del salvaje inocente y noble de Rousseau. O sea, disfruten del verano, como antes, como siempre, o como puedan.

Lo que pasa es que, desde la distancia, que no el olvido, quiero apoyar las reivindicaciones de mi querido J. C. Llop para salvar no solo las playas de can Pere Antoni, o Ciutat Jardí, sino, ya puestos, el resto del litoral mallorquín, y de paso todo el Mediterráneo o acabaremos nadando en mierda, con perdón, o envueltos en plástico, como profetizó en su día el comandante Cousteau. Empecemos por lo fácil, por lo que tenemos delante, delante de la Catedral quiero decir. No es de recibo que, con el dinero que se mueve en Mallorca -y lo de la ecotasa es lo de menos- en estas playas urbanas ondee un día sí y otro también la bandera roja anunciadora de los vertidos, de la pésima calidad del agua. Y digo yo que sería más explícito, más honesto, cambiar el color de las banderitas en cuestión. El marrón quedaría como más apropiado. Más acorde con la realidad cromática del mar en dichas playas. Un "marronazo" con el que nuestros políticos, de todos los partidos/tendencias, practican la técnica del avestruz, evitando lidiar con el problema, escurriendo el bulto como si la cosa no fuera con ellos.

Vamos a dejarlo por hoy, más que nada por cuestión de espacio, ya que el tema, desgraciadamente, da para muchas páginas. Volviendo pues al agosto, al final del verano, ¡les deseo unas moderadamente felices vacaciones y que el calor y las verbenas les sean leves.

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