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Patrimonio

La resurrección de Na Galera

El enclave fundado por comerciantes ibicencos en el siglo III aC en un islote situado delante de cala estancia ha sido excavado a conciencia, recuperándose los restos óseos de catorce cuerpos

Un grupo de arqueólogos trabajando.

Un grupo de arqueólogos trabajando. amics de na galera

En el siglo III aC, cuando Eivissa (Ayboshim) era una de las principales colonias de Cartago, los comerciantes ibicencos recibían y enviaban barcos cargados de ánforas con todo tipo de mercancías. La población de Vila en ese momento podía rondar las 5.000 personas, según los cálculos de los arqueólogos, y el puerto era un hervidero de talleres, alfarerías, fábricas y barrios de artesanos de toda índole. Los barcos amarraban, entonces como ahora, a los pies de un núcleo amurallado en Dalt Vila para descargar vajillas de mesa, perfumes, alimentos, herramientas... procedentes de todos los rincones del Mediterráneo. Y desde aquí se iban cargados del vino y el aceite local, sobre todo, hacia la Península, el sur de Francia y otras ciudades. Eivissa era entonces una potencia comercial y era conocida en todas partes.

Los ibicencos púnicos, incluso, habían fundado varios enclaves en Mallorca, habitada entonces por una sociedad indígena anclada todavía en la prehistoria (la cultura talayótica), que sin embargo colaboraba con los comerciantes ibicencos. Una de estas colonias fue el islote de Na Galera, delante de Cala Estancia, cerca de la cabecera del aeropuerto actual. En ese minúsculo peñasco, de apenas unas decenas de metros de longitud, los ibicencos levantaron un templo dedicado a alguna deidad púnica (que aún se desconoce), a cuyos pies se enterraban a difuntos que eran expresamente llevados allí para ser sepultados. El templo formaba aproximadamente un cuadrado de cinco metros de lado y cuatro de altura, si bien años más tarde, tras ser destruido en acción bélica, sería ampliado hasta alcanzar los 10x10 metros.

Este yacimiento nunca había sido excavado a conciencia, pero un grupo de arqueólogos y entusiastas de la historia (la Asociación Amics de na Galera) cogió el toro por los cuernos y, entre 2012 y 2017, procedió a un concienzudo examen de los restos, bajo la dirección de Ramón Martín y José Jorge Argüello. La tarea emprendida por este colectivo ha sido y es aún admirable, pues están desarrollando toda una serie de actividades divulgativas de la cultura púnica (exposiciones, una regata púnica anual, charlas, concursos...) que hacen palidecer a las que se llevan a cabo en la propia Eivissa.

¿Para qué servía ese templo? “Se supone que marineros que salían de Eivissa, llegaban aquí, realizaban sus ofrendas para seguir teniendo una buena travesía, y luego seguían navegando”, explica el arqueólogo Ramón Martín. El destino final de esa navegación eran las costas de Menorca y luego Cataluña, a donde llevaban mercancías. En realidad, era una escala necesaria para poder alcanzar la Península, en un rodeo que ahora puede parecer raro, pero que era obligado en una época en que los barcos a vela aún no podían navegar con el viento en contra. “Primero había que navegar hacia el Este, y luego ya no había problema para seguir hacia Cataluña”, señala Martín.

Del templo se conservan únicamente el arranque de sus muros y las tres cisternas (una de ellas, de tres metros de profundidad) donde se arrojaban los restos de las piezas usadas en los rituales que allí se hacían. Se han podido recuperar además los restos óseos de 14 personas, algunas ya de los siglos I aC- I dC. Unas fueron enterradas y otras sometidas a cremación. Se supone que varios de ellos eran ibicencos, pero otros no, al menos uno “cuyos restos de cremación estaban colocados en un jarro indígena”, lo que hace suponer que se trataba de un residente mallorquín.

Pero Na Galera no solo es importante por albergar este templo, el único conocido en las islas perteneciente a esta época y de estas características, sino también por su pasado prehistórico. Allí se ha encontrado la cerámica incisa (o sea, con incisión de marcas en su superficie) más antigua de todo Balears. Antes de que llegaran los púnico-ebusitanos, ya había allí una cueva de enterramiento del siglo XII aC, donde también se han hallado grandes ollas talayóticas para sepultar difuntos.

Martín y sus compañeros consideran que los ibicencos eligieron este enclave para crear su templo precisamente porque el lugar ya tenía un uso funerario previo.

Otros enclaves

Eivissa no solo creó el enclave de Na Galera durante su floreciente época púnica. En otro islote mallorquín, situado cerca de Cabrera, el de na Guardis, también se alzan aún los restos de los muros de un edificio dedicado supuestamente dedicado a la fundición de metales. Solo ha sido excavado superficialmente hace cuarenta años, como sucedía con na Galera.

También figuran en esa red de establecimientos ebusitanos el Puig de na Morisca, en Santa Ponça, o el Turó de ses Abelles. Lo que hoy conocemos como mundo civilizado no llegaría a Mallorca hasta el 123 aC, con el desembarco de los romanos. Eivissa, que gracias a los fenicios llegados en el 654 aC, llevaba una ventaja de siglos, empezaría a languidecer a partir de entonces, sobre todo tras la derrota cartaginesa en la última guerra púnica, cuando Cartago, la metrópoli, fue literalmente arrasada por Roma e incluso sus campos fueron arados con sal para que nunca más creciera nada allí.

Mallorca trabaja para resucitar una parte de su historia, la púnica. Aunque esta cultura tuvo una impronta marginal en comparación con el peso que alcanzó en Eivissa, los esfuerzos de la Associació d’Amics de na Galera dan la impresión de todo lo contrario (ver nagalerapunica.wordpress.com). De hecho, una exposición dedicada al mundo púnico de Mallorca puede ser visitada en el Casal Balaguer de Palma hasta enero de 2020. Pero, como anticipa Ramón Martín pronto habrá más noticias sobre el mundo púnicoebusitano en Mallorca.

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