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Salud

Sentados al ordenador

Hay que buscar una postura que no añada peso a la columna y levantarnos cada veinte minutos

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La columna vertebral es uno de los elementos corporales que más sufren. No es propiamente una columna, un pilar vertical: tiene varias curvaturas que sirven para absorber las presiones al facilitar la deformación. La primera en el cuello, le sigue la de la espalda que cuando se acentúa produce la joroba, en la región lumbar se curva en sentido contrario y todavía en el sacro vuelve a curvarse. Naturalmente, como su papel es deformarse, pueden acentuarse o perderse con las posturas. Cuando esto ocurre se sobrecargan todas las estructuras y se puede producir dolor. Una segunda ventaja de diseño es la propia estructura de las vértebras, se denomina hueso trabecular porque está compuesto por columnitas que siguen direcciones inclinadas y trasversales de manera que las fuerzas verticales se desplazan lateralmente. Finalmente, está el disco, una almohadilla absorbente que además hace de bisagra entre vértebras.

Los problemas musculoesqueléticos, y en particular los que afectan a la columna vertebral, son la primera causa de baja por accidente laboral y una de las primeras de baja enfermedad común. El mundo de la medicina musculoesquelética está lleno de oscuridades. Nadie sabe las causas de la mayoría de las lumbalgias, por eso se denomina inespecífica. Conocemos su evolución: en general se resuelven en poco tiempo. Sabemos que no es bueno el reposo, que los analgésicos y antiinflamatorios ayudan a soportar el problema, que no conviene administrar cortisona y no tenemos claro el papel de los masajes y la fisioterapia ni cuál es el protocolo más adecuado. Se acepta que hay dos causas de dolor de espalda: la movilización de cargas y las posturas forzadas y mantenidas. La segunda es una epidemia desde que el trabajo se realiza frente a una pantalla.

Hay dos reglas que pueden aliviar la carga postural y evitar dolores musculoesqueléticos. La primera es buscar una postura que no añada peso al que de forma natural tiene que soportar la columna. La cabeza debe permanecer erguida pues si se adelanta, atrasa o ladea, se incrementa su peso y la fuerza que han de soportar músculos, tendones y ligamentos. Los hombros, relajados, lo más bajos posibles. Los antebrazos deben caer verticales a lo largo del cuerpo; los codos doblados en ángulo recto y las manos en posición neutra caen sobre el teclado, como se ve a las pianistas dejar sus manos volar. La espalda erguida, acentuando, o protegiendo la curvatura lumbar, por eso debe apoyarse en el respaldo que idealmente tiene ahí una almohadilla. Conviene ajustarla a la altura de cada uno. Esto nos obliga a colocarnos bien pegados al respaldo, el asiento no debe ser tan largo que presione en el pliegue de las rodillas y estar a una altura tal que se doblen en ángulo recto y permita que los pies se apoyen cómodamente en el suelo. En resumen, la pantalla ha de estar a la altura de los ojos, el teclado a la de los codos y el asiento a la de las piernas. Las sillas de oficina tienen varios mecanismos de ajuste que rara vez se aprovechan. Se puede ajustar el respaldo en altura, inclinación y resistencia, el asiento también es ajustable en altura y a veces en inclinación. Hasta aquí he descrito la postura base, la más frecuente, a la que se regresa, pero no debe ser la única. La segunda regla es cambiar con frecuencia con movimientos armónicos, sin forzar: adelantando el cuerpo para coger algo, volviéndose para mirar€ Y sobre todo, levantándose al menos cada 20 minutos, quizá para recoger algo, revisar un libro, ir al baño. comentar con un compañero€

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