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Los puntos sobre las uves

No paréis, queridas

La metáfora probablemente sea errónea, pero a mí, en mi masculina cortedad, me sirve. El otro día, una amiga que había disertado acertadamente sobre las desventajas que en este mundo supone ser mujer y las cosas que vendría bien hacer para compensarlo, me preguntaba al acabar si yo pensaba que se había excedido. Contesté boxísticamente: si a un boxeador le están dando una paliza y, de pronto, él comienza a acertar con algún golpe a pesar de que a él le sigan zurrando, no se preguntará si se está excediendo sino en cómo seguir arreando al otro todo lo que pueda. Y eso exactamente es lo que pasa con la mujer. Siglos recibiendo palos de una situación injusta que aún sigue padeciendo y que ahora parece empezar a mejorar. No paréis, queridas, no nos merecemos que lo hagáis, ni los buenos ni los malos.

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