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Especial "Marie Kondo"

Así ordené mi vida con el Método "KonMari"

Así ordené mi vida con el Método "KonMari"

Así ordené mi vida con el Método "KonMari"

"Todos somos capaces de ser ordenados. El problema es que no todos usan el método correcto y entran en una espira sin salida y sin resultados. Almacenan, llenan cajas, armarios, apilan, ocultan bajo una tapa objetos que no necesitan. Es sólo una pantalla, una reacción superficial ante el desorden". Esta frase que para muchos puede sonar extraña se ha convertido en una de las máximas de Marie Kondo, la "experta del orden" japonesa, como ella misma se define, que triunfa en todo el mundo con su particular método de orden en casa, recogido en dos libros que suman millones de ventas en todo el mundo: "La magia del orden" y "La felicidad después del orden". La escritora de sonrisa perenne se pasa ahora a gurú televisiva gracias al programa de Netflix "¡A ordenar con Marie Kondo!", en el que enseña desde cómo doblar la ropa hasta cómo despedirse con cariño de los objetos de los que tenemos que desprendernos. A lo largo de ocho episodios, su reality expone ochos casos diferentes en los que sus protagonistas han sido subyugados por años de acumulación de ropa, recuerdos, trastos y documentos que no son capaces de organizar o tirar. En la primera temporada nos presentan diferentes perfiles: una pareja de jubilados con hijos mayores e independizados que busca encontrar la armonía en un hogar que ha pasado de estar abarrotado a semivacío; una viuda vencida por la falta espacio que debe tomar la difícil decisión de reorganizar y deshacerse de lo que perteneció a su difunto esposo; dos escritores con multitud de papeles víctimas de un estilo de vida que no les deja ni un minuto para centrarse en su casa, o unos padres primerizos que ven cómo su terreno es conquistado por un sinfín de ropa diminuta y muchos, muchos juguetes.

Y al hilo de estos últimos, lo confieso: "Sí, soy seguidor del método 'Marie Kondo', también llamado "KonMari' ". Pasada la vergüenza ajena inicial de ver a un adulto dándole las gracias a un calcetín por el gran servicio prestado, he descubierto que algunos de sus consejos resultan bastante prácticos. Sobre todo, si no eres una persona especialmente ordenada, estás casado con una que sí lo es y encima vais a tener un bebé... Podría decirse que Marie Kondo llegó a mi vida de una forma hollywoodiense, es decir, justo en e momento en que más la necesitaba. En pleno embarazo, en aras de ahorrarle a mi mujer terribles momentos de angustia cada vez que abría mi armario y evitar así e posible sufrimiento fetal que dicen que genera el estrés, me propuse aplicar algunas de las recomendaciones de esta hacendosa japonesa, por lo menos en lo referente a la ropa.

Pero me estoy adelantando. Aquellos paganos del orden en casa se preguntarán en qué consiste el método "Marie Kondo". En términos filosóficos, se trata de conseguir que nuestro pasado y presente materia permanezca a nuestro lado en un espacio positivo y puro, desechando aquello que no nos hace felices y manteniendo lo esencial. En palabras llanas, es un sistema para no sentirnos estresados en una casa abarrotada de trastos, ni perder más minutos de los necesarios a la hora de recoger o buscar una prenda en nuestro armario. "La mejor manera de elegir qué guardar y qué desechar es tomar en la mano cada objeto y preguntarte: '¿Esto me hace feliz?' Si es así, consérvalo. Si no, deséchalo. Este criterio no sólo es el más sencillo, sino también el más preciso para juzgar", explica nuestra gurú.

Ella también propone iniciarse en el método con la ropa, al considerarlo la parte más fácil. Para empezar, debemos conocer todas nuestras prendas. Por lo tanto, lo primero que se debe hacer es sacar todo lo que tenemos en el armario y colocarlo encima de la cama. En el segundo episodio del programa, titulado "Nidos vacíos", los dueños de la casa estiman que han tardado una hora. Yo tardé algo más... Ahí me encontraba, frente a una montaña de prendas que representaban la historia de mi vida y a las que teóricamente debía mostrar mi respeto, puesto que la señora Kondo explica que debemos ser agradecidos con nuestra ropa y ordenarla es la mejor manera de expresarle nuestra gratitud.

Una vez terminada la ardua tarea de selección y despedida, llegó el momento de guardar la ropa de nuevo en el armario. Para esto también debía seguir unas normas básicas, a saber: doblar la ropa formando paquetes que en teoría deben sostenerse por sí solos, agruparlos por colores y colocarlos en vertical por gama cromática en cajones o cajas organizadoras. Camisetas, ropa interior, jerséis, vaqueros... Excepto las camisas y la ropa de vestir, prácticamente todo es susceptible de convertirse en un paquetito que no sólo hará que tu armario quede más ordenado, sino que también te permitirá ver toda la ropa de un solo vistazo. Este sencillo sistema es una de las claves del éxito de Kondo, en las que profundiza en sus libros y en su nuevo programa.

Aquellos que hayan visto el reality de Netflix con la esperanza de encontrar las instrucciones o una explicación detallada de cómo se debe doblar la ropa, seguramente se habrán llevado una decepción al comprobar que estos esquemas sólo los hace en determinados momentos y ni siquiera en todos los episodios. Esa falta de tutoriales puede llegar a ser frustrante para el espectador, puesto que seguramente haya acudido al programa en busca de una ayuda para organizar su hogar más que para ser testigo de los éxitos y fracasos de familias del otro lado del charco. "¡A ordenar con Marie Kondo!" es un recorrido que va del fracaso al éxito en cuanto al orden en casa se refiere. Todos los protagonistas muestran habitaciones que han sido tomadas por una gran cantidad de artículos que empequeñecen su espacio de vida. Marie Kondo, con su eterna sonrisa, les rata de transmitir tranquilidad y sosiego al tiempo que busca crear un vínculo entre persona y objeto. El esquema se repite en todos los capítulos: las historias personales dan paso a caos del hogar para convertirse, por último, en un lugar de paz y orden.

Pero he aquí la gran pregunta que nos hacemos todos: ¿cómo se dobla? "Doblar no es hacer tu ropa más pequeña. De hecho, es una buena oportunidad para hablar con tu ropa y darle las gracias. Repitiendo esto, doblar acabará por encantarte", explica Marie Kondo a una pareja en el primer episodio. Para doblar una camisa (o camiseta) debes hacer un rectángulo en el centro de la ropa. A continuación, se dobla la mitad. Y, para terminar, se dobla en tres sobre sí misma. En definitiva, debes conseguir un "pequeño rectángulo". Este método es igual de válido para guardar los pantalones. Lo primero que hay que hacer es doblarlos por la mitad (una pernera sobre la otra) y luego sobre sí mismos. El siguiente paso es doblarlo tres veces hasta que quede enrollado. Por último, hay que colocar esos "paquetes" de forma vertical en el cajón. Esto se aplica igualmente a la ropa de nuestros hijos. En mi caso, toda esa montaña de pijamas, bodies y conjuntos que fuimos (y seguimos) acumulando antes de la llegada del nuevo miembro de la familia terminó pulcramente guardada en un par de cajas en e mueble del cambiador, dejándonos el pequeño armario libre para los abriguitos y las prendas más delicadas. Cuando cambia de talla, la ropa antigua en buen estado la ordenamos en cajas etiquetadas que almacenamos en los altillos. Es posible que llegue un día en el que tengamos que alquilar un trastero o mudarnos a un piso más grande para guardar esas cajas, pero ése es otro tema.

El mismo principio de la ropa sirve para e resto de la casa. La cocina, el baño, el salón... Y en esta última estancia precisamente, la polémica está servida, ya que el programa sugiere que lo ideal es que en una casa no haya más de 30 libros, y recomienda a familias aludidas que se deshagan del exceso. En su obra "La felicidad después del orden" explica que "la razón más común de que la gente no acepte la idea de deshacerse de un libro es la posibilidad de que quiera volver a leerlo. Pero si un libro no despierta interés ni produce felicidad, es casi seguro que nunca más se vuelva a leer. Leemos libros porque buscamos la experiencia de su lectura". Queda a criterio de cada uno, pero en mi casa es prácticamente un sacrilegio tirar un libro, así que dudo que pongamos en práctica ese punto. Discrepancias aparte, desde que sigo el método de Marie Kondo, mi armario me da paz en vez de dolores de cabeza, no me tiembla e pulso a la hora de tirar camisetas que sé que nunca me volveré a poner y que no me "me hagan feliz" y me he convertido en un maestro en la organización de ropa de bebé. En definitiva, he abrazado la marikondomanía. Chúpate ésa, Diógenes.

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