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Diario de Mallorca

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Deporte y activismo: La lucha por el Sahara Libre

La joven mallorquina Inma Zanoguera ha convertido la búsqueda de sus raíces en una implicación con la causa saharaui

La de Inma Zanoguera es una historia de las que inspiran guiones de película. Con tan solo 25 años, la joven mallorquina defendía hace poco más de dos meses frente al Comité de Descolonización de las Naciones Unidas las razones del pueblo saharaui y pedía la implicación real de Europa y Estados Unidos en la resolución de un conflicto que se alarga desde hace más de cuatro décadas.

El compromiso de Inma con el pueblo saharaui no es para nada casual y para comprenderlo hay que remontarse al principio de la biografía de la deportista. "Cuando tenía tres años, mis dos hermanos y yo fuimos adoptados por nuestra familia de Llucmajor, con quienes hemos vivido toda la vida", cuenta Inma. Muy pronto, la joven empezó a entrenar con el equipo de baloncesto del pueblo, en el que, enseguida, empezó a destacar por su implicación y la fuerza de su juego. "Me gustaba mucho entrenar y me lo tomaba muy en serio, pasé por varios equipos hasta que me llamaron de la selección nacional para competir a nivel internacional", comenta la jugadora. Formar parte del equipo nacional trajo a Inma el primero de sus grandes triunfos, ya que le valió el título de Campeona de Europa SUB-20 en el año 2013.

Después de la victoria, todo fue rodado. Le concedieron una beca para jugar en la Universidad estadounidense de Toledo, en Ohio. "Conseguí la beca y la verdad que fue cumplir un sueño. Cualquier jugador sueña con llegar a la liga americana, por lo que supone a nivel deportivo, pero también académico. Combinar en España deporte profesional y estudios universitarios es muy complicado, pero en Estados Unidos te ponen muchas facilidades para poder hacerlo", explica Inma. Estuvo jugando cuatro años en las filas de las Rockets, hasta el año 2015, cuando su trayectoria deportiva dio un vuelco. "Me fui a jugar a la liga italiana, pero no llegué a terminar la temporada. No me sentía a gusto y había una parte de mí que no quería estar allí, por lo que volví a Estados Unidos a finalizar mis estudios", acuña. Zanoguera estudió un doble grado en Administración de Empresas y Periodismo y actualmente, da clases en la Universidad y sigue formándose.

Fue en su regreso a América cuando recibió una noticia que le cambiaría la vida para siempre: el nombre y lugar de nacimiento de su madre biológica. "Fue un día cualquiera en el que mi hermana me llamó y me dijo que había encontrado un documento en casa con información sobre nuestra madre biológica", explica. Un nombre y un lugar, El Ayoun, que le serviría para arrancar la aventura más apasionante de su vida: la búsqueda de sus raíces.

"Hasta el momento no conocía prácticamente nada sobre el Sahara Occidental, por lo que me puse a hacer lo que haría la mayoría en mi lugar, buscar en Internet toda la información relacionada con El Ayoun", explica y añade, "nunca había querido indagar demasiado en la historia de mi familia biológica, pero en el fondo había una parte de mí que necesitaba saber qué fue lo ocurrió". Pasó un año en el que Inma no cesó en su empeño de informarse sobre su país de nacimiento e intentar recabar información sobre su pasado, "conocí a un hermano de mi madre biológica, con el que conseguí hablar, pero tampoco pudo darme demasiada información sobre el pasado. Sé que es algo duro para él y entiendo que no quiera remover sus memorias". Lo poco que sabe Inma es que su familia biológica se exilió milagrosamente tras la Marcha Verde en 1975 y consiguieron llegar a Mallorca. "No he conseguido saber mucho más, pero, para mí, ya es mucho saber todo lo que he descubierto. Una parte de mí se siente conforme".

Tras conectar algunos hilos y sumergirse en la lectura de textos sobre la cultura de sus antepasados, Inma tenía claro que quería viajar hasta el Sahara Occidental para conocer más sobre sus orígenes en primera persona. En una de sus búsquedas en Internet, encontró información sobre el Sahara Marathon, un evento deportivo internacional de solidaridad con el pueblo saharaui que tiene como objetivo la concienciación y movilización internacional ante un conflicto que dura ya más de 42 años. "Cuando lo descubrí, lo tuve claro, tenía que correr esa carrera. Para mí, fue como una señal del destino, no podía dejar pasar la oportunidad", confiesa.

Un viaje que cambiaría su vida

Cuando decidió inscribirse en la carrera, Inma nunca había corrido un maratón, por lo que empezó a prepararse física y mentalmente. "Estuve durante seis meses entrenando para la carrera, aunque sabía que sería muy difícil estar a la altura, tenía que intentarlo", admite. Era la primera vez que la joven mallorquina iba a conocer su lugar de origen, por lo que quiso preparar a conciencia el viaje. "Durante los meses antes de emprender el viaje hacia el Sahara Occidental conocí a Michelle-Andrea Guirouard, una cineasta canadiense que se encontraba en búsqueda de nuevos proyectos. Inma lo vio claro y decidió embarcar a Michelle en su causa. "Le propuse que me acompañase al Sahara Occidental para grabar la experiencia y filmar un documental sobre el conflicto del pueblo saharaui narrado a través de mi historia personal y deportiva", cuenta Inma. Michelle no lo dudó y acompañó a Inma en su travesía vital. "El viaje fue larguísimo. Salimos desde Ohio hasta Madrid, desde allí volamos a Marruecos y en autobús hasta los campos de refugiados", recuerda Inma sobre el viaje de ida que duró más de 30 horas.

"Cuando llegamos al campamento fuimos recibidas por la familia saharaui que nos acogería durante la semana que pasamos en el campamento", cuenta Inma. El Sahara Maraton tiene una organización muy especial, ya que los corredores se alojan y conviven con familias saharauis durante los días que pasan en el Sahara. En sus 18 años de historia, la carrera ha contado con miles de participantes que han querido mostrar, con su asistencia, su apoyo a la causa saharaui y han contribuido con ayuda humanitaria en los campamentos. El recorrido del maratón también es especial, pues los kilómetros que se corren separan el campamento de El Aaiun del de Smara, asentamientos que albergan más de cien mil refugiados en total. Además, la edición de este año contaba con un reclamo más, ya que, al coincidir el número de kilómetros con los años de exilio del pueblo saharaui, el maratón adoptó un nuevo lema: "42 años de resistencia, 42 kilómetros de solidaridad", en referencia a los kilómetros que se corren para completar un maratón, pero también a los años que los saharauis llevan en el inhóspito desierto, lejos de su país.

Sahara Maraton, victoria simbólica

Por fin llegó el día de la carrera y entre los más de 500 corredores se encontraba Inma Zanoguera. Era febrero, pero el calor en la región de El Ayoun hacía estragos. "Sabía que la carrera iba a ser muy dura por el terreno y el clima, pero había algo dentro de mí que me decía que iba a ganar el maratón", confiesa la joven. Admite que fueron kilómetros de mucho sufrimiento en los que "te da tiempo de pensar en toda tu vida", en un recorrido en el que solo ves "tierra, arena y cielo". Cuando llegó a la meta Inma confesó que "su motivación fue cosa del alma. Cuando las piernas no me daban ya y creía que me moría del dolor de espalda que sufro por una hernia, el recuerdo de una madre que no conocí me empujó hasta la victoria". Tal y como auguraba ella misma, Inma cruzó la línea de meta en primera posición. "Saqué fuerzas de donde no las tenía y, por poco tiempo de diferencia de la segunda corredora, logré la primera posición". La alegría de Inma Zanoguera, a pesar de su sufrimiento en los kilómetros finales, era enorme por la parte simbólica y emocional que implicaba la victoria que consiguió con un tiempo de 3:48:11.

"Me sentí muy satisfecha y feliz de haber logrado la victoria, pero pensé, ¿y ahora qué?", confiesa. Por suerte, allí se encontraba Michelle cámara en mano, grabando una experiencia que, esperan, remueva conciencias en Estados Unidos y Europa. "Queremos que el documental, que se titulará Running Home, se difunda por Estados Unidos para dar a conocer el conflicto que existe en el Sahara Occidental, desconocido para la mayor parte de la población", argumenta la joven y añade, "para ello, queremos poner en marcha proyecciones en diferentes salas, partiendo de nuestra Universidad, para generar conversación e implicar a más personas en la causa saharaui". El mayor temor de Inma es que su proyecto quede en nada, "me gustaría que la gente que vea el documental, se interese de forma sincera con la causa y se implique, que no se conforme con conocer el conflicto y se vaya a su casa".

Para financiar el documental, las jóvenes iniciaron una campaña de crowfunding que les permitió recaudar más de 6.000 dólares que servirán, también, para financiar proyectos de apoyo a la causa saharaui. A través del documental, tanto Inma como Michelle, buscan provocar una reacción de apoyo al pueblo saharaui, compuesto por más de 170.000 personas que se apilan en los campamentos de refugiados que Argelia alberga en zonas desérticas, en una estrecha franja entre Tinduf, Smara y Tifariti. "No podría decir que en mi viaje al Sahara Occidental he conocido mi cultura de origen porque es imposible que se desarrolle una cultura en un campo de refugiados", argumenta Inma, "el pueblo saharaui ha creado de la nada un sitio en el que, simplemente, se pueda vivir, pero, para nada, he podido conocer la forma de vida de mis antepasados, que nada tenía que ver con vivir en esta distopía en la que se ven obligados a vivir hoy los saharauis".

En la lucha por la causa saharaui

A pesar de su conocimiento sobre el problema y de haber vivido una experiencia en primera persona, a Inma le cuesta mucho hablar sobre el conflicto. "Es muy difícil explicar cuál es el problema del pueblo saharaui porque la realidad es que se debe a una suma de conflictos", explica. Todo empezó cuando, a mitad de los años 70, España se compromete a retirarse del Sahara Occidental y con su salida del territorio comenzó a librarse la invasión por parte de Marruecos, que desembocó en una guerra que enfrentó al Frente Polisario, el movimiento de liberación nacional del Sahara Occidental, con sus vecinos del norte. Cuarenta años después, el pueblo saharaui se ve obligado a sobrevivir en campos de refugiados en condiciones precarias y de absoluta necesidad, totalmente dependientes de la ayuda humanitaria. La solución podría pasar por "garantizar la puesta en libertad de los presos y detenidos políticos, a la vez que, identificar y registrar a los votantes y organizar y asegurar un referéndum libre y justo de una vez por todas".

Inma enmudece cuando tiene que explicar qué fue lo que más le ha impactado de su paso por los campos de refugiados. "No puedo decir nada, es una absoluta distopía, no puedo decir nada más". Sabe que cualquier descripción que haga sobre lo que vivió junto al pueblo saharaui se quedará corta, "hay que estar allí para saber en qué consiste el drama". A cualquiera que escuchase la impotencia de las palabras de la joven deportista, se le pondrían los pelos de punta.

"Al pueblo saharaui hay que escucharlo. Esa gente tiene tantísimo que decir", denuncia Inma indignada, "no podemos darles la espalda de esta manera". En su empeño por defender los derechos de los saharauis, Inma, que actualmente vive en Ohio, se ha implicado con diferentes organizaciones involucradas en el conflicto y el pasado 11 de octubre defendió personalmente la posición para la autodeterminación de la República Saharaui Democrática (RASD) y del Frente Polisario, en lo que se conoce como un "hearing", o audiencia de varias partes, del Comité de Descolonización de las Naciones Unidas. "Aproveché los tres minutos que me dieron para contar mi historia. Pensaba que hablar de la problemática sería absurdo, ya que el debate ya está claro, lo que pretendía era inspirar con mis palabras a los oyentes y poner mi granito de arena para que se den pasos decididos hacia la resolución del conflicto". Inma acudió a la cumbre que se celebró en la sede de la ONU en Nueva York acompañada de varios representantes de SAUSA, la asociación del Sáhara en Estados Unidos.

A pesar de ver lejos la resolución del conflicto, Inma es optimista. "Hay que mantener viva la esperanza de que las autoridades se impliquen en la resolución del conflicto, porque, de no ser así, nuestra lucha no tendría ningún sentido", confiesa y añade, "voy a seguir luchando para que la gente conozca lo que están viviendo los saharauis y se impliquen en la exigencia de medidas a los gobiernos internacionales". Por el momento, la joven continúa sus estudios de Master en Literatura Inglesa en la Universidad de Toledo y de cara al futuro, le gustaría "hacer un doctorado sobre el influjo de la cultura en el mundo postcolonial, centrado sobre todo en Oriente Medio. Indagar en qué papel juega la cultura, especialmente la literatura como forma de resistencia de los pueblos oprimidos", cuenta emocionada.

Inma y Michelle quieren estrenar Running Home a mediados de año, tanto en Estados Unidos como en Mallorca. "El documental está grabado en Estados Unidos, Sahara Occidental, pero también en la isla", confiesa, aunque no quiere desvelar muchos detalles del largometraje que cuenta la historia espiritual "del regreso a mis orígenes, a los de mi madre y mis antepasados, y, sobre todo, un viaje de vuelta a casa". Running Home es la película que cuenta el proceso de implicación de la joven con la causa saharaui, un proyecto que arrancó como la búsqueda de la identidad de Inma Zanoguera y que ha terminado convirtiéndose en una forma de lucha por el Sahara Libre.

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