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Medio ambiente

La apuesta decidida para consumir agua de grifo

La Unión Europea quiere fomentar su consumo como una herramienta más para combatir la generación de residuos y reducir el cambio climático

Residuos de envases. lluís amengual

La legislación europea en materia de residuos y, en consecuencia la de sus Estados miembros, se encamina hacia la prevención, es decir, mejor no generar un residuo que tenerlo que reciclar, incinerar o, simplemente, depositarlo en vertedero. Con esta premisa, se ha propuesto toda una batería de iniciativas hacia esta dirección. Una de ellas es el fomento del consumo de agua de grifo como herramienta para prevenir la generación de millones de botellas de agua que, tarde o temprano, tendrán que ser gestionadas como residuo.

Así, el Parlamento Europeo quiere revisar la directiva relacionada con el agua potable con la finalidad, entre otros, de facilitar su acceso en los espacios públicos como parques y plazas. Esta norma, que data de 1998, pretende ser adaptada a la nueva realidad con nuevos actores, como el cambio climático y la economía circular. A día de hoy, cada europeo consume una media de 106 litros de agua embotellada al año, con un coste asociado mucho más elevado que lo que cuesta de media el litro de agua de grifo: 0,002 euros. Además, "la reducción del consumo de agua embotellada también puede ayudar a las familias europeas a ahorrar más de 600 millones de euros al año", según datos de la Comisión Europea. Además de la prevención de millones de botellas como residuo.

Con la revisión de la directiva se pretende, además, "la introducción de nuevos límites para determinados desreguladores endocrinos y la supervisión de los microplásticos que son motivo de preocupación creciente", apuntan fuentes parlamentarias.

La situación en España

Para este año 2018, el precio medio del agua en España para uso doméstico se sitúa (sin IVA) en 1,84 euros por metro cúbico y la factura del agua supone el 0,89% del presupuesto familiar, una de las más bajas de Europa.

Así se desprende de la publicación del Estudio de Tarifas 2018 de la Asociación Española de Abastecimiento de Agua y Saneamiento (AEAS) y la Asociación Española de Empresas Gestoras de Servicio de Agua Urbana (AGA). El valor del metro cúbico supone un incremento del 1,66% con respecto a 2017. De esta cantidad, 1,04 euros por metro cúbico (el 57%) corresponden al servicio de abastecimiento y 0,80 euros por metro cúbico (el 43 %) al servicio de saneamiento. Es decir, con un céntimo de euro se dispone de cinco litros de agua, incluyendo el abastecimiento y saneamiento. Estos precios están muy lejos de llegar a cubrir el coste de los servicios, en contra de las exigencias marcadas por la Directiva Marco del Agua.

A pesar de que España es uno de los países con mayor escasez en recursos hídricos de Europa, la incidencia de la factura del agua en el presupuesto familiar es, de media, del 0,89%, muy por debajo del 3% marcado por la ONU como cifra límite de asequibilidad del Derecho Humano al Agua para abastecimiento. Y es que el coste del agua está muy por debajo del de otros servicios como la telefonía, la electricidad o el gas. Por lo que cuesta un refresco pagamos el equivalente a dos días y medio de consumo en una vivienda de una familia de tres miembros. Con 1,84 euros se puede disponer del mismo volumen de agua que 1.000 botellas de agua de un litro compradas en un supermercado y que costarían unos 390 euros.

"Las tarifas del agua no cubren los costes y deberían adaptarse responsablemente para avanzar en la recuperación de costes y evitar el deterioro en la calidad del servicio garantizando así su sostenibilidad", señala AEAS. A esta situación se añade que en España las tarifas que paga el usuario son muy heterogéneas en función de la localidad y no cubren todos los costes de los servicios de agua urbana, lo que está repercutiendo en el deterioro de las infraestructuras y la prestación de los servicios. La tarifa actual solo cubre, y no siempre, los gastos operativos del servicio, pero no los relativos a las infraestructuras: amortización, renovación y nuevas actuaciones para la mejora de prestaciones o calidades del agua y servicio.

Una de las demandas del sector es que los costes de los servicios de agua deberían incluir en la tarifa la amortización y mejora de las infraestructuras, como sucede en otros países del norte de Europa. "En ese sentido, España debe avanzar en la recuperación de costes de los servicios de agua urbana siguiendo modelos europeos, ya que resulta más efectivo y justo socialmente que ello se realice apoyándose en mecanismos tarifarios, donde la progresividad del precio respecto al consumo asegura una mejor distribución de los esfuerzos económicos del ciudadano", explican desde AEAS. Y apuntan que los cánones aplicados al agua deben ser transparentes y finalistas, destinados a mejorar el servicio, sobre todo para la depuración de las aguas residuales. A pesar del esfuerzo realizado en los últimos años dotándonos de un gran parque de depuradoras, "seguimos sin cumplir los objetivos fijados por la Unión Europea", sentencian.

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