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Oblicuidad

El compositor Jorge Wagensberg

El compositor Jorge Wagensberg

El compositor Jorge Wagensberg

Hablamos de un país donde la letra del himno de Marta Sánchez multiplica por cien la cobertura de la muerte de Jorge Wagensberg, científico de la filosofía y contorsionista del aforismo a la altura de los gigantes del género. Alcanzó notoriedad al frente de los tesoros de La Caixa, desde su concepción del museo como biblioteca que no archivo de objetos. No basta que las sucesivas exposiciones tengan un sentido, también han de ofrecer dicho significado al público.

La labor museística destapó progresivamente a un personaje omnívoro, un auténtico compositor de melodías científicas. Las perlas de Wagensberg se parecen sin repetirse. Son obleas de pensamiento perfectamente cocinadas, ecuaciones de ideas. Hay que remontarse a Salvador Pániker para encontrar una versatilidad semejante en la cañada que divide las dos culturas. Frente a este dúo barcelonés, otros maestros como Laín Entralgo o Sampedro cabalgan pletóricos de buena voluntad. Y poco más.

El editor John Brockman ha explotado en todos los sentidos "la tercera cultura", síntesis o simbiosis de Ciencias y Humanidades. En este planeta orbitaba Wagensberg, lo cual en España le condenaba a la soledad más absoluta. Su cordura radical emparenta con el arrollador Nassim Nicholas Taleb. Sin embargo, y no importa el pensador de vanguardia que cites, el aforista fallecido había llegado antes. Para qué, si vivía en una tierra que no podía apreciarlo. Maestro de un deporte con reglas incomprensibles para sus coetáneos.

La primera regla del aforismo no es su brevedad ni su densidad, sino su espontaneidad. Cuando el autor conoce el mecanismo que le ha conducido al destilado, el mensaje queda desperdigado. Las píldoras de pensar no surgen de la práctica ni de la concentración. Afloran a partir del elemental "estar en forma", que Joan Miró consignaba como la energía motriz de la creación artística.

Los lectores de A más cómo, menos por qué entienden desde el mismo título que la ciencia corre el riesgo de degenerar en mera ingeniería. En los centenares de reflexiones subsiguientes, deberán atreverse a jugar una partida de ajedrez mental contra un autor relampagueante. La única manera de discutirle consistiría en reescribir cuidadosamente sus sentencias, sobre un papel transparente que permitiera dobles lecturas. Wagensberg pensaba que la fuerza de la razón residía en su elasticidad, entendida como el permiso para vulnerar únicamente las leyes que dominas a la perfección.

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