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Bous de Costitx

Unos toros no tan mallorquines

Otra vez se reclama al Gobierno que los Bous de Costitx sean devueltos a Mallorca, pero es probable que los toros no sean tan nuestros como se afirma

Tras la reciente remodelación del Museo Arqueológico Nacional, las tres cabezas de  los Bous de Costitx ocupan un lugar muy destacado en la nueva exposición y figuran entre las piezas estrella, que no pasan desapercibidas para los visitantes.

Tras la reciente remodelación del Museo Arqueológico Nacional, las tres cabezas de los Bous de Costitx ocupan un lugar muy destacado en la nueva exposición y figuran entre las piezas estrella, que no pasan desapercibidas para los visitantes.

El PP ha sido el último en subirse al carro de quienes demandan que las cabezas de toro de bronce conocidas como los Bous de Costitx, que pueden contemplarse en el Museo Arqueológico Nacional de Madrid, retornen a Mallorca. Se trata de una petición que aparece intermitentemente. Antes de la desvaída solicitud de los populares, realizada con escasa contundencia, fue el Consell de Mallorca presidido por Maria Antònia Munar quien cursó la petición sin ningún éxito. En su día, en 2008, el asunto fue debatido en el Senado. La cámara alta se pronunció sobre el asunto al ponerse a votación una propuesta que contó con el beneplácito de la mayor parte de los grupos parlamentarios. Solo el PSOE, que entonces gobernaba en España con José Luis Rodríguez Zapatero presidiendo el Ejecutivo, votó en contra. La moción fue presentada por el senador Pere Sampol, del PSM, elegido por el Parlament. Se trataba de una iniciativa no vinculante para el Gobierno. Un "recado a la madre superiora", en irónica definición de otro diputado de la Cámara legislativa autonómica, y, por tanto, sin la más mínima fuerza legal. Algo similar a las reprobaciones de ministros del Gobierno de Mariano Rajoy en la actual legislatura, que son tan ignoradas como despreciadas por el presidente. Una década después las tres cabezas de toro siguen en el Museo Antropológico Nacional, sin perspectivas viables de que puedan regresar a Mallorca. Su situación es similar a la de la Dama de Elche, que, constata la historia, fue devuelta a España (se hallaba en París) al ser ocupada Francia por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. Un regalo de Adolf Hitler al general Francisco Franco.

¿Son de verdad los Bous de Costitx un elemento singular, único, de la cultura talayótica mallorquina? Las tres cabezas de bronce, datadas en torno a los siglos V y III antes de Cristo aproximadamente, parece que podrían ser los mascarones de proa de las naves cretenses, que en la época citada mantenían una notable presencia en las rutas marítimas del Mediterráneo. Tal vez los piratas mallorquines asaltaron las naves llevándose como botín los tres toros, que utilizaron como elemento de culto. En la cultura talayótica mallorquina no estaba desarrollada la industria del bronce, por lo que difícilmente se podrían haber elaborado unas cabezas tan hermosas como las halladas en la finca de Son Corró en 1895. Que estén expuestas en el Museo Arqueológico Nacional no es el resultado de ningún expolio. Está ampliamente divulgado que fue el propietario de la finca, Juan Vallespir, quien las vendió al museo por 3.500 pesetas, una cantidad considerable en las postrimerías del siglo XIX, apenas tres años antes de que España perdiera los restos de su imperio colonial al ceder a Estados Unidos, tras una breve y desigual guerra, Cuba, Filipinas, Guam y Puerto Rico.

Cultura del toro

Los Bous de Costitx pertenecen a la llamada "cultura del toro" extendida en los siglos anteriores al primer milenio de la era cristiana por todo el Mediterráneo. Estaban asociados al culto a la fertilidad, a las religiones telúricas matriarcales. Uno de sus núcleos originarios fue la cultura cretense, la del Minotauro, conocida por el famoso laberinto en el que moraba ¿Por qué se hallaron las cabezas en Mallorca, dado que en la Isla no existía una artesanía del bronce desarrollada? La respuesta parece hallarse en lo dicho: al ser unos posibles mascarones de proa de naves cretenses abordadas por piratas mallorquines constituyeron una parte del botín siendo utilizadas como elemento religioso. Las tres cabezas son muy hermosas, están muy bien trabajadas; en las cuencas de los ojos posiblemente se insertaron elementos de vidrio. Todo ello no estaba al alcance del desarrollo cultural existente en Mallorca en la época talayótica, mucho más primitiva que la sofisticación adquirida en otras partes del Mediterráneo.

En el Mare Nostrum romano la fertilidad devino en un factor vital para garantizar la supervivencia, al estar vinculada con la abundancia y las buenas cosechas. Es lo que en la mitología griega y romana toma el nombre de Deméter, la diosa de la agricultura. Por ello el toro fue admirado por su vitalidad y fuerza, llegando a encarnar las fortaleza, poder y virilidad en las civilizaciones del Mediterráneo oriental, las de Anatolia, Mesopotamia, Egipto y toda la zona del Egeo. A lo largo de la Edad del Bronce el culto al toro ganó progresivamente importancia, quedando estrechamente vinculado a la civilización minoica. De ahí que sus reminiscencias llegasen a una rezagada Mallorca, en la que el culto al toro también se impuso por la influencia exterior, puesto que llegó a la península con fenicios y griegos cobrando una importancia que se ha mantenido hasta hoy. El toro se asoció a antiguos ritos astrales. En los templos talayóticos era habitual ver la representación de toros con distintos materiales como bronce y barro acompañados en ocasiones por una paloma, representación de la diosa Tanit. En el caso de Son Corró, las tres cabezas se hallaron junto a lámparas de aceite y rodeadas de ofrendas.

El detallismo de las tres cabezas muestra una excelente manufactura, ya que se reparó en detalles como las arrugas, que pueden ser apreciadas en los hocicos, cuellos o papadas, ofreciendo una gran sensación de naturalidad, destacando de las tres piezas la cabeza más pequeña, que incluye detalles como el de las venas que se observan en las orejas, el lacrimal o incluso pestañas y pelo rizado del testuz. Son unas piezas elaboradas con una técnica exquisita, que probablemente solo estaba al alcance de los artesanos de la civilización cretense y aledaños. Si la hipótesis de que se trataba de mascarones de proa de naves abordadas en Mallorca es correcta no es de extrañar que los captores se sintieran fascinados por las tres cabezas y acabaran por ser utilizadas como un elemento fundamental de los ritos religiosos.

No volverán

¿Tiene posibilidades de prosperar la petición hecha por el PP para que los Bous de Costitx vuelvan a la Isla y puedan ser exhibidos en el Museo de Mallorca? Parece que ninguna, y así lo reconocen privadamente en el partido, afirmando que se trata de una solicitud de carácter "simbólico", puesto que se da por hecho que el Museo Arqueológico Nacional se cerrará en banda, se negará en redondo a permitir que las tres cabezas salgan de su sede. Es lo mismo que lo que sucede con la Dama de Elche, que reiteradamente se ha pedido su devolución sin ningún éxito, o los intentos habidos para que el Guernica de Pablo Picasso abandone el Museo Nacional del Centro de Arte Reina Sofía en Madrid, que también se han saldado con sonoros fracasos. El Estado no acepta que sus elementos artísticos y culturales de mayor valor se desperdiguen por todo el territorio nacional al ser reclamados por las comunidades autónomas de donde son originarios. El caso de los Bous de Costitx es uno de ellos. Otra cosa es que el PP trate de forzar las cosas, lo que se considera altamente improbable, para obtener un préstamo temporal. El Museo Arqueológico Nacional, propietario de los toros, se opondría aduciendo razones de conservación de los mismos.

regionalismo del PP

Entonces, cuál es la razón por la que el PP ser ha embarcado en una asunto en el que parece no tener nada que hacer. Las mismas fuentes apuntan que la intención es la de exhibir sensibilidad regionalista, hacer ver que están interesados por la cultura mallorquina y su protección, mucho más allá de las cuestiones estrictamente lingüísticas, que acaban por generar controversia y problemas en el seno del partido. Pedir que los Bous de Costitx sean devueltos a Mallorca constituye una iniciativa a la que nadie va a oponerse, aunque se sepa que previsiblemente no llegará a ningún sitio.

En 2014 el Museo Arqueológico Nacional (está ubicado en pleno centro de Madrid, en la calle Serrano) reabrió sus puertas tras concluir las obras de remodelación. La renovación museográfica de las salas de exposición hizo que los Bous de Costitx estén expuestos en un lugar preferente, por ser consideradas unas de las piezas más importantes de cuantas alberga el museo. La importancia que se les ha otorgado es otra de las razones por las que pretender su retorno a Mallorca se antoja aspiración de casi imposible materialización. El hecho de que en 2008 fuera el PSOE quien votó en contra de su devolución al estar en el Gobierno y, por lo tanto, ostentar el control del Museo Arqueológico Nacional, evidencia la inexistente predisposición de la Administración Central de permitir lo que, de hecho, constituiría un desguace del museo. Ahora, cuando desde el actual Gobierno se trabaja para promover una cierta recentralización, acotando las competencias de las comunidades autónomas, tampoco hay la predisposición necesaria para permitir el retorno de los toros.

Xavier Ramis, senador socialista por Mallorca cuando el PSOE se opuso a la devolución, explica que al ser descubiertos los toros en Son Corró y puestos a la venta por las citadas 3.500 pesetas, la Sociedad Arqueológica Luliana se interesó de inmediato por el hallazgo, realizando un completo estudio del yacimiento, incluso fotografiándolo las tres cabezas publicando sus estudios en el boletín de la entidad, pero no consiguieron reunir la cantidad exigida por Juan Vallespir para hacerse con las piezas. Tampoco se obtuvieron las 3.500 pesetas a través de una cuestación popular. El interés de la sociedad mallorquina por conservar su patrimonio no fue en aquel momento apreciable. En 1895 residía en Palma un ciudadano francés, Pierre Paris, que sí estaba dispuesto a pagar lo que Vallespir demandaba por los toros para llevárselos a Francia. El catedrático de instituto Gabriel Llabrés, presidente de la Sociedad Arqueológica Luliana, después de bregar sin ningún resultado para que la Diputación Provincial comprase los toros, informó de la situación a José Ramón Mélida, director del Museo Arqueológico Nacional, al que conocía por haber estudiado juntos en la Escuela Diplomática, solicitándole que procediera a adquirir los toros para evitar su salida de España. El Museo no disponía de la financiación necesaria para comprarlos, pero solicitó que le remitiera las fotografías para exponerlas en el museo dado que estaba prevista la visita al mismo de la reina regente, María Cristina de Habsburgo, viuda de Alfonso XII, madre de Alfonso XIII y sobrina del emperador de Austria Francisco José y la emperatriz Sissí. La reina, sorprendida al ver las fotografías, se interesó de inmediato por las cabezas ordenando su adquisición para evitar que viajasen a Francia. El presidente del Consejo de Ministros, Antonio Cánovas del Castillo, asesinado dos años más tarde en Mondragón por un anarquista, ejecutó la orden de la reina regente procediendo a la compra de los Bous de Costitx evitándose así que recalasen en uno de los museos parisinos. Desde entonces están en el Museo Arqueológico Nacional.

Son Corró, una factoría de información y piezas

Son Corró ha sido un manantial para la arqueología mallorquina. En 1894 se encontraron los tres Bous de Costitx. Un siglo después, cuando casi nadie pensaba que el lugar pudiera albergar más tesoros, en parte porque el expolio había sido continuo durante un siglo, los arqueólogos se llevaron nuevas sorpresas. El 21 de marzo de 1995 hacía solo tres días que había comenzado una campaña de excavaciones dirigida por Guillem Rosselló Bordoy. Allí trabajaban los arqueólogos Francesca Torres y Josep Merino cuando sobre las 10,30 apareció una estatuilla de bronce de origen romano, del siglo I antes de Cristo. Apenas se habían repuesto de la sorpresa, cuando dos horas hallaron la escultura de un guerrero del mismo material y datada en los siglos III o IV antes de Cristo. No fue la única alegría de aquellas excavaciones. Aparecieron monedas y cerámicas que demostraban una utilización del templo que se prolongó durante siglos. Y, lo que más chocó a los expertos, también se encontró un asta de toro perteneciente a unas de las cabezas que se conservan en el Museo Arqueológico Nacional.

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