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Miquel dels Sants Oliver: La decidida apuesta por la modernidad

A 150 años del nacimiento de Miquel dels Sants Oliver dos historiadores, Damià Pons y Antoni Marimón, analizan la figura y la obra del que fue director de ´La Almudaina´

Miquel del Sants Oliver en una reunión de trabajo con los colaboradores en la redacción preparando la edición del día. palma 1988

Miquel del Sants Oliver en una reunión de trabajo con los colaboradores en la redacción preparando la edición del día. palma 1988

Miquel dels Sants Oliver, "primer teórico del mallorquinismo político", según Damià Pons, tuvo a lo largo de su vida una doble faceta: periodista y administrativo de una cierta relevancia, puesto que llegó a desempeñar el cargo de gerente del Banco del Fomento Agrícola de Mallorca. "Tuvo una vida de escritor e intelectual durante los cuarenta años de actividad pública, que comprende los últimos veinte años del siglo XIX y los primeros veinte del siglo XX", precisa Pons, añadiendo que en su primera etapa, marcada por la tradición romántica, opta decididamente por el monolingüísmo, por publicar sus poemas solo en catalán. De 120 únicamente en tres utiliza el castellano y es en homenaje a Andalucía, que había sido asolada por un terremoto. Pons destaca esta decisión calificándola de "innovadora". Explica que es a partir de 1890 cuando da inicio la que denomina "etapa mallorquina" de Alcover, ligada a La Almudaina, primero como colaborador, cuando el rotativo estaba dirigido por su padre, y después, a partir de 1897 y hasta 1905 como director. En este año se traslada a Barcelona dando inicio a la que Pons define como "etapa catalana", que se caracteriza por dirigir sucesivamente el Diario de Barcelona y después La Vanguardia, al tiempo que es nombrado gerente-bibliotecario del Ateneo de la ciudad condal. Desempeña la dirección de La Vanguardia entre 1916 y 1920, año de su muerte.

Antoni Marimón destaca que Oliver vive en Barcelona la "consolidación" del catalanismo político, razón por la que rompe su compromiso con Diario de Barcelona, ya que su editor sostiene una ideas políticas contrarias a las de la "Solidaritat". Pons enfatiza la impresión, el "impacto" que le produce vivir los acontecimientos de la Semana Trágica. "Le espanta mucho", afirma, añadiendo que "ver a las masas descontroladas, la quema de muchas iglesias, las barbaridades que se llevan a cabo, le hace ser contrarrevolucionario y simpatizante de la denominada "revolución desde arriba". Oliver simpatiza con la ideas regeneracionistas de otro mallorquín ilustre: Antonio Maura, presidente del Consejo de Ministros durante los sucesos ocurridos en la Semana Trágica (1909).

¿Cuál es la actividad que desempeña en La Almudaina? Según Pons, Oliver viene pertrechado con "un sistema de ideas, es un intelectual con la decidida voluntad de influir en la sociedad". "Se le puede considerar -enfatiza- el primer intelectual mallorquín homologable, un intelectual que critica con dureza el caciquismo, la indolencia y la falta de iniciativa de los poderes públicos, todas ellas carencias de la sociedad mallorquina de su época". Sus artículos, recogidos en un libro titulado "Cosecha periodística", editado en 1891, constituye, al decir de Pons, "la fecha fundacional de la Mallorca contemporánea", es, en síntesis, la apuesta de Oliver por la modernidad, su decisión de "huir de las rutinas".

Creador de la industria turística

Oliver lanza duras críticas contra la Diputación Provincial por su indolencia y por no combatir las sucesivas oleadas de emigración de mallorquines fundamentalmente con destino a Latinoamérica. Piensa que se está desaprovechando un capital humano que no se puede perder, y por ello enfatiza una y otra vez la necesidad de crear en Mallorca una industria turística, de ahí que sea promotor del Gran Hotel, reitere la necesidad de mejorar las comunicaciones, los transportes y de poner en marcha una sociedad que promocione el turismo, el embrión de lo que poco después será el Fomento del Turismo de Mallorca. "Miquel dels Sants Oliver -dice Pons- es el primer teórico del mallorquinismo político, un regionalista que tiene como meta la modernización".

Los historiadores Damià Pons y Antoni Marimón se han dedicado a estudiar la vida y obra de Oliver al que consideran el primer intelectual mallorquín moderno. ALEJANDRO FERNÁNDEZ

Antoni Marimón señala que Oliver vincula el bipartidismo imperante en la Restauración canovista con el caciquismo. "Entiende -dice- que sin el apoyo de Madrid el cacique no dispone de una base sólida para poder operar, porque Madrid pacta con el que ha de ganar". "El gobierno de turno -prosigue- dispone de un enorme poder, teoriza Oliver, al controlar el poder judicial". "Eso lo afirma en 1899; más de cien años después sigue siendo un aserto válido", aclara el profesor Marimón.

Oliver afirma, en uno de sus artículos, que "no se puede negar una decadencia lastimosa en los últimos viente años, una disgregación y fraccionamiento del espíritu colectivo, el cual no encuentra un punto de enlace y confluencia en ninguno de los problemas que se nos echan encima". "¿Pudiéramos realizar ahora -se pregunta- lo que hace veinte años se hizo?¿Se atrevería alguien con las empresas que hace viente años se realizaron? El teatro, el alumbrado, las líneas de vapores, la transformación del comercio, la modificación de los sistemas agrícolas, el ferrocarril, el florecimiento de la literatura regional, cuanto dejó y cuanto hizo una generación entusiasta y en general más ilustrada, nos parece ahora imposible". Este pesimismo lúcido de Oliver es el que le lleva a plantear la urgencia de acometer una regeneración integral de la sociedad de su tiempo.

Otra de las características ideológicas del periodista y escritor mallorquín estriba en la defensa que hace de lo que denomina "Estado compuesto", lo que hoy es "Estado plurinacional". Oliver sustenta la tesis de que cuando el Estado español se centraliza, lo que sucede con la llegada a la corona de España de los borbones, tras la Guerra de Sucesión en 1714, "se inicia la decadencia", porque para él el "Estado compuesto" es el que garantiza su empuje y desarrollo. "Es un liberal que cree firmemente en la autonomía del individuo", afirma Marimón.

A la pregunta de si Oliver puede ser considerado un secesionista, tanto Pons como Marimón aseguran que en absoluto. "Es un regeneracionista -precisan- y un regionalista, porque está convencido de que es la mejor herramienta para proceder a la regeneración del Estado". "Frente a una Castilla cesarista preconiza la base de una Corona de Aragón pactista y partidaria de la pluralidad". Una de las afirmaciones más contundentes de Oliver reza lo siguiente: "es muy triste lo de aquellos que para pensar esperan a lo que se ha pensado en Madrid". Oliver, como historiador, es un estudioso de los fenómenos de la Revolución Francesa y la Revolución liberal española rechazando tajantemente que invocando a un futuro paraíso se pueda sacrificar a toda una generación.

Pons explica que en los primeros años del siglo XX empieza a detectarse en las páginas de La Almudaina la percepción de un cambio: la sociedad adquiere un cierto sentido crítico. Las decisiones del Gobierno, su autoridad moral y también la real, quedaron muy debilitadas a raíz de la gran crisis de 1898, año en el que España pierde sus últimas colonias: Cuba, Filipinas, Guan y Puerto Rico. La Almudaina atribuirá esa actitud crítica, en la pluma de Oliver, a "un amor todavía bastante superficial a nuestra isla por una reflexión, algo regionalista, cuyo objetivo es el porvenir risueño de nuestra decaída producción".

Oliver, que en la imagen aparece entre otros con Joan Alcover, fue un intelectual, escritor polifacético: periodista, poeta, narrador, crítico literario, historiador, analista político, teórico del pensamiento regeneracionista. DM

Damià Pons dice que hay que observar que el articulista de La Almudaina es plenamente consciente de que los cambios que se están originando poseen unos fundamentos precarios: amor superficial, solo una pequeña porción de regionalismo, pero así y todo constituyen los indicios de que la sociedad empieza a cambiar en sentido positivo; es un estado de opinión que coincide con el inicio de la demolición de las murallas y del plan del Eixample de Palma, la inauguración del Gran Hotel y la citada mención a la creación del Fomento del Turismo de Mallorca, así como la sustancial mejora de las comunicaciones y la celebración de unas Ferias y Fiestas y de un certamen literario, todo ello acompañado de la revitalización de la Cámara de Comercio y de otras entidades representativas.

Concierto económico

Miquel dels Sants Oliver también propondrá la obtención de un concierto económico por parte del Estado, una reivindicación que cien años más tarde sigue sin poder obtenerse. También reivindica la obtención de una zona franca para el puerto de Palma. "Se trata de un conjunto de hechos -afirma Pons- que permiten pensar que la sociedad mallorquina había superado por fin su largo período de indolencia adquiriendo una nueva vitalidad, muy necesaria para resolver los problemas de orden económico y para afrontar el reto de su modernización". "Esta sociedad dinámica -prosigue-, que era capaz de generar iniciativas y de movilizar a la opinión pública, y que a la vez deseaba establecer unas relaciones con el Estado que no pasaran por la subordinación política y la despersonalización identitaria, se empezaba a aproximar a la idea de sociedad que desde hacía años se promovía con insistencia desde las páginas de La Almudaina, el diario de Miquel dels Sants Oliver".

En "Cosecha periodística" Oliver incluye una secuencia de valoraciones muy críticas sobre los partidos políticos mallorquines. Les acusa de no preocuparse de los problemas de la sociedad a la que dicen representar y de actuar de acuerdo con las directrices que se les daban desde sus terminales en Madrid. Para el periodista eran organizaciones oligárquicas, incapaces de realizar la funciones de portavoces de las corrientes de opinión más dinámicas y renovadoras. Afirma que su nivel de representatividad social es muy escaso y de no poseer la más mínima voluntad de convertirse en agentes dinamizadores de las energías colectivas. Su papel se reduce, para Oliver, en servir de elemento vertebrador y de control del sistema político, organizando los procesos electorales, haciendo un uso partidista de la Administración y ayudando a consolidar, en el territorio de consideración provincial que les corresponde, el proyecto ideológico centralista y uniformista inherente al régimen de la Restauración canovista.

Esta visión negativa de los partidos políticos de su época es esencialmente la que aparecerá a lo largo de los años en La Almudaina. El diario dirigido por Miquel dels Sant Oliver los presentará como organizaciones que funcionan arbitrariamente y al servicio de intereses particulares. El sufragio electoral que posibilita su acceso al poder es poco más que una farsa, es el turno de partidos establecido, desde la restauración borbónica tras la caída en 1873 de la Primera República, entre conservadores de Cánovas y liberales de Sagasta, el sistema que hace crisis en 1923 con el pronunciamiento militar del general Miguel Primo de Rivera, capitán general de Cataluña.

La opción que se propugna desde La Almudaina es clara: dejar pasar un tiempo a fin de que las fuerzas capaces de renovar a fondo el sistema puedan consolidarse socialmente y como organizaciones. A la inmensa mayoría de políticos que han sido responsables de la dirección del Estado en los años anteriores, se les considera huérfanos de legitimidad moral, no se les puede confiar la superación de la crisis que ellos mismos han provocado con sus desaciertos.

Depuración

La Almudaina declarará que la regeneración del sistema únicamente se podrá producir si previamente los partidos dinásticos se depuran, de hombres y de vicios de funcionamiento, y si integran activamente en el juego político, parlamentario y de gobierno, a las organizaciones representativas de los sectores productivos y a los regionalistas. También tiene el convencimiento de que el sistema reformado debería ser más sensible a las iniciativas y propuestas de los grupos republicanos y obreros, además de mostrarse partidario de un parlamento en el que las fuerzas sociales de importancia real en la vida del país dispongan de su propia representatividad.

Damià Pons y Antoni Marimón afirman al unísono que la figura de Miquel dels Sants Oliver tiene en la actualidad casi tanta virtualidad como en la época que le tocó vivir. Aseguran que muchas de sus propuestas, sus artículos en los diferentes diarios en los que colaboró y dirigió y su obra intelectual y literaria le convierten en el intelectual mallorquín más sobresaliente de los dos últimos siglos de nuestras historia. Oliver es quien introduce a Mallorca en la modernidad. Damià Pons, secundado por Antoni Marimón, destacan nuevamente esta definición para explicar quién fue Oliver.

La Almudaina. Página del rotativo del año 1897.

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