entrevista
Vicenzo Santoriello, ceramista. "La obra de Barceló es única en el mundo e irrepetible"
El colaborador del artista mallorquín en la realización del mural cerámico de la Catedral asegura que la intervención "es para siempre"
MIGUEL VICENS. Palma.
Vicenzo Santoriello (Cava dei Tirreni, 1966) es la persona que técnicamente ha hecho posible la intervención de Miquel Barceló en la Catedral, el colaborador indispensable que le abrió al artista mallorquín su taller de Vietri sul Mare y le proporcionó las soluciones más adecuadas para que el gran reto artístico, el gesto irrepetible del pintor de Felanitx sobre la arcilla, pudiera plasmarse en la piel cerámica que es hoy. Formado en el taller de cerámica de su padre, así como en la Universidad de Arquitectura de Nápoles, volcó el negocio familiar en el arte contemporáneo, desarrollando su propia obra y trabajando con otros artistas como Enzo Cucchi, Lucio Del Pezzo, Barbara Radice, Ettore Sotsass o Ugo Marano.
- La cerámica puede ser un material muy resistente, pero también muy frágil, ¿es la intervención de Miquel Barceló en la Catedral una obra para siempre?
- Es para siempre, sin ninguna duda. La cerámica es capaz de sobrevivir tres mil años. Y ese es uno de los aspectos más extraordinarios de la obra, que parte de un material natural que forma parte de la historia.
- Cuando Barceló le planteó un proyecto técnicamente tan complejo, ¿qué fue lo primero que pensó, que estaba loco?
- No, todo lo contrario. Tuve una sensación de gran entusiasmo. Y no pensé en las dificultades técnicas. Eso, me dije, ya lo iremos solucionando cuando los problemas se vayan planteando. Me ilusionó el proyecto y pensé que sería muy importante afrontarlo con todas las ganas del mundo.
- ¿Por qué cree que el artista mallorquín le escogió precisamente a usted?
- Porque buscaba a un hombre que coincidiera con los planteamientos de su obra y que le ayudara a plasmar esa idea. Supongo que también me escogió porque conocía el mural que había realizado en el año 2000 en colaboración con Enzo Cucchi, uno de los artistas más importantes de la Transvanguardia, en la Estación Termini de Roma.
- ¿Fue una colaboración placentera?
- Todo lo que ha significado el trabajo realizado lo he experimentado después. En el momento lo viví como una aventura extraordinaria, como un proyecto envolvente que me mantenía concentrado en todo momento y al mismo tiempo entusiasmado, pese a los problemas y dificultades que iban surgiendo, pese al cansancio físico de cada jornada.
- Por su experiencia, ¿diría que la obra de Barceló en la Catedral puede compararse a alguna otra?
- Es única en el mundo, desde el punto de vista artístico y desde el punto de vista técnico. No hay nada igual ni puede haberlo.
- ¿Cuáles fueron las dificultades técnicas más importantes que se plantearon durante los meses de trabajos?
- El problema principal fue conjugar las necesidades del artista con las del taller. Miquel Barceló es un artista impulsivo. Posee una idea máxima de lo que quiere hacer, pero no especifica el detalle concreto. Entonces yo tenía que preparar una pared de arcilla de 1.500 kilos que le permitiera trabajar en toda su superficie. Pero Barceló tiene una capacidad de representar lo que quiere extraordinaria.
- ¿Cómo era un día de trabajo en el taller de Vietri sul Mare, donde surgió todo?
- Mi jornada empezaba por la mañana, muy pronto. Tenía que organizarlo todo y preparar el trabajo para Miquel, tenía que pensar en las distintas soluciones y también en los problemas del día a día. Luego por la tarde llegaba él y trabajaba hasta muy entrada la noche. Lo hacía escuchando música, de todos los géneros, pero muchas veces, música religiosa, para sumergirse en el ambiente de un templo. En la fase final de la realización del proyecto, esa última hora era el momento del día que más me gustaba, porque el resultado me agradaba tanto que desaparecían las tensiones y me liberaba.
- Durante el proceso de creación de la obra, ¿había expectación en Vietri por el trabajo que Barceló desarrollaba en su taller?
- No, la ciudad es tranquila. Sólo ocurrió algo fuera de lo normal cuando le concedieron a el premio Príncipe de Asturias y vinieron a buscarlo los carabinieri.
- ¿En algún aspecto de la realización de la obra intervino el azar, por ejemplo, en las grietas que unifican todo el lienzo?
- Trabajar con cerámica no es un proceso matemático, es una materia compleja que respira y transpira. Existía un riesgo, pero un riesgo calculado que reducimos al mínimo. Todas las piezas cerámicas tienen su molde y su resultado. Si se rompe la pieza, se recurre a la matriz y todo solucionado. Pues bien, lo importante de la obra de Barceló es el gesto irrepetible y único. Lo que el público verá es lo que el artista ha hecho. Ni yo mismo podría repetirlo.
- ¿Qué sensación ha tenido cuando ha visto la obra completa en la Catedral?
- Me he preguntado, ¿quién ha hecho esto? No me lo creo. Y me han venido a la cabeza todos los días de esfuerzo, sacrificio y cansancio. La obra es bellísima, extraordinaria y misteriosa. Muchas personas e instituciones tienen su parte de responsabilidad en ella, pero lo importante es lo que ha sabido transmitir el genio de Barceló, el mensaje contemporáneo. En la Catedral, el gótico hace sentirse pequeño al creyente frente a la omnipresencia de Dios, que mira desde lo alto. Te sientes pequeño y temeroso. Barceló, por contra, ha creado una capilla luminosa llena de vida y abundancia, en la que sólo verán a Cristo aquellos que de verdad lo busquen.
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